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| 11/25/2017 12:00:00 AM

Renació la plaza de Rionegro

Tras 25 meses de obras e incertidumbres, la Alcaldía presentó la Plaza-parque de la Libertad, un nuevo espacio para el disfrute de los rionegreros.

La noche del viernes 10 de noviembre marcó el hito de transformación más importante que haya vivido el centro histórico de la ciudad hasta hoy. Con música, dramatizaciones y una proyección, mediante video mapping, de los 475 años de historia sobre la fachada de la Concatedral de San Nicolás el Magno, los rionegreros apreciaron una obra de infraestructura monumental que promete cambiar sus dinámicas sociales y económicas.

Un vistazo al pasado

El primer nombre fue otorgado por los colonos españoles como Plaza Mayor, hasta 1898 cuando pasó a ser reconocida como Plaza de la Libertad, y tomó fuerza con la instalación de la actual estatua ecuestre de José María Córdova, elaborada en 1965 por el maestro Rodrigo Arenas Betancourt. La nueva obra se adecuó a monumentos históricos y patrimoniales como la estatua y la fuente Fourtquet, traída desde Francia a finales del siglo XVI que, sumados a la Casa de la Maestranza, al balcón del antiguo Club Estrella y al Edificio Marín, son edificaciones que se resisten al paso demoledor del progreso y hablarán de la plaza de Rionegro como uno de los focos históricos más importantes del país.

Lo que iba a ser y lo que fue

Sucesivas trabas en los requerimientos legales y los plazos de ejecución hicieron que el proyecto de intervención de la Plaza de Rionegro se demorara al menos cinco años. Los planos iniciales contemplaban solo la intervención de 4.000 metros cuadrados para la construcción de un parqueadero subterráneo con capacidad para 80 vehículos, 80 motos y 40 bicicletas. Andrés Julián Rendón, alcalde de Rionegro, advirtió que dichos planos “tenían unos componentes errados desde el punto de vista de ciudad y acabados tan escuetos que no se compadecían con el valor histórico y cultural que tiene Rionegro”. Los diseños de la primera obra, cuyo valor bordeaba los 6.500 millones de pesos, no detallaban la instalación de redes eléctricas, redes hidrosanitarias, sistemas de extracción de gases, sistemas de desagües, entre otros problemas. Rodrigo Hernández, gerente de la Empresa de Desarrollo Sostenible (Edeso), agregó que, además de carecer de los permisos del Ministerio de Cultura (que llegó a declararla inviable), la propuesta “traía una gran cantidad de fallas en materia de planificación que impedían su avance”.

Con la llegada de Rendón a la Alcaldía, el proyecto de renovación tuvo un cambio de perspectiva trascendental. Fue así como un grupo de arquitectos rionegreros donaron los planos de un novedoso sistema híbrido de plaza-parque que destinaba los 10.200 metros cuadrados del área total de la plaza solo para uso peatonal. Así mismo, contemplaban 800 metros cuadrados para zonas verdes, la siembra de 60 árboles y la instalación de 60 lámparas, sillas en concreto y una zona estratégica para los venteros estacionarios. Sin embargo, el mayor reto suponía la construcción de un museo que estuviera acompañado de una zona cultural, un salón de exposiciones itinerantes, una librería y un área comercial. Aunque la ejecución de la nueva propuesta implicaba la inversión de 22.000 millones de pesos, el alcalde la adoptó porque superaba con argumentos urbanísticos y arquitectónicos la idea de parqueadero subterráneo que había dejado el mandatario anterior.

Los retos

Además de recuperar la confianza de los rionegreros, la administración municipal tuvo que presentar el nuevo y más amplio concepto de plaza-parque ante el Ministerio de Cultura. Al cabo de un año, y luego de que se agotara el tiempo de ejecución de la obra a manos del primer contratista, el ministerio constató que, esta vez, los diseños no transgredían el valor histórico y cultural del centro de Rionegro, razón por la cual otorgó la licencia al municipio para dar marcha a la obra.

Fueron siete meses en los que la Edeso intervino los 10.200 metros cuadrados para darle la nueva cara a la obra. Para ello se definieron cinco frentes de trabajo que no dependieran uno del otro y se dispusieron 185 empleados entre ingenieros, obreros, expertos en calidad y trabajadores sociales, entre otros, que trabajaron incansablemente.

La Alcaldía, a través del programa Vigías del Patrimonio, ya emprendió la campaña Cultura Ciudadana para que los rionegreros y especialmente los comerciantes se apropien del nuevo espacio público, y promuevan los imaginarios urbanos que se han tejido alrededor de la plaza-parque. Hoy, la ciudad sabe que la historia de su centro se divide en un antes y un después de la intervención de la Plaza de la Libertad.

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