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| 12/12/2017 3:30:00 PM

Tocancipá encontró su vocación industrial a través de la alfarería

Así lo relata el historiador Mauro Díaz, quien además se remonta a los tiempos del zipa para recapitular el legado indígena del municipio.

Hacer un recorrido por la historia de Tocancipá nos lleva necesariamente a los tiempos prehistóricos, para así entrar al Valle de Toquencipe, enmarcado por los cerros orientales, el manto rocoso del Abra y el cerro ceremonial de Tibitoc, estos últimos con vestigios fósiles de animales prehistóricos y la huella de los primeros habitantes
cazadores. También contienen muestras de arte rupestre, mediante pictogramas encontrados en las rocas del Abra de al menos 12.500 años de antigüedad.

El territorio de Tocancipá estuvo habitado por varios grupos de muiscas, asentados unos en la montañay otros en la planicie. Los españoles encontraron a los indígenas de Toquencipe, Unta, Partan, Tibitoc y Cueca. Se dice que el zipa celebraba aquí sus alegrías y triunfos militares, con grandes fiestas, por eso Tocancipá significa Alegrías del zipa.

Los aborígenes tenían como base de su economía la alfarería. Fabricaban vasijas de barro para luego intercambiar por otros productos. Existieron otros grupos dedicados a la siembra, ubicados en la zona de planicie, conocedores de los ciclos del clima, quienes preparaban la tierra con eras de gran tamaño para evitar que el agua la anegara.

La tradición del manejo de los metales estuvo marcada por la elaboración de figurillas de oro, cobre y tumbaga, principalmente para ofrendar en rituales o ceremonias colectivas o individuales, y fueron los tibas los encargados de esta importante labor. El tejido de mantas y prendas de vestir en algodón fue otra actividad bien desarrollada, eran las mujeres las que hilaban y los hombres quienes tejían con vistosos diseños de colores.

Las travesías de los comerciantes se realizaban a pie. Recorrían grandes distancias para llegar a zonas de intercambio como Facatativá, Zipaquirá, Nemocón, Ubaté y Tunja. Esta tradición alfarera fue reconocida por los españoles durante la época de la Colonia en varios momentos, mediante cédulas reales que atendían a los censos de indígenas que desarrollaban la actividad y se ordenaba la fabricación de ollas para la explotación de la sal en Zipaquirá. Estos reconocimientos eximían a los indígenas de ir a
prestar sus servicios a las minas de esmeraldas u otros quehaceres.

La conformación hispánica del actual pueblo de Tocancipá data del año 1561 cuando se creó la encomienda y las tierras fueron entregadas por el cabildo de Santafé a Juan
de Penagos. La fundación como tal ocurre el 21 de septiembre de 1593 y le correspondió al licenciado oidor español don Miguel de Ibarra, por encargo de la real Audiencia del
Nuevo Reino de Granada. Aquí se estableció la primera iglesia de la región y posteriormente la primera casa hospital para la atención de los indígenas.

¿En qué se basaba la economía de los muiscas?

Se cuentan entre sus actividades económicas la agricultura, el tejido de mantas y la metalurgia. Pero fueron altamente reconocidos por su talento con la alfarería. Fabricaban vasijas de barro que luego intercambiaban por otros productos.

La Virgen del Milagro

La comunidad indígena de Tocancipá veneraba a la Virgen del Milagro. Fueron ellos quienes donaron su imagen con una corona de oro y esmeraldas incrustadas, la misma que hoy se encuentra en el altar mayor de la iglesia parroquial del municipio. Se organizaban cada año para llevar a cabo la procesión, con todos los arreglos y ornamentos
necesarios para el consabido homenaje. Comisiones de la comunidad indígena recolectaban el dinero para mantener viva esta tradición que se llevó a cabo hasta los años 80.

La figura de la virgen para los muiscas representaba a la madre creadora. Los nativos reinventaron sus creencias para representarlas con los símbolos de la iglesia impuesta por los españoles, por eso asumieron la organización de esta celebración.

*Historiador.

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