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| 12/12/2016 10:48:00 AM

Salsa en lengua de señas

Brigett Laguna y Laura Herrera son dos de las tres intérpretes del Insor que, con Nathalie Fajardo, estarán a cargo de la traducción de la música de La 33 en pleno concierto.

¿Habían participado en algo como esto antes?

Brigitte: En algo de esta magnitud, y con toda esta preparación previa, nunca. La idea es que asistan alrededor de 5.000 personas sordas. Estuvimos en el partido de Ruanda contra Colombia, en un evento en el que estuvieron Juan Pablo Salazar y el presidente Santos, pero fue una cosa improvisada, un mini concierto traducido en simultáneo. 

Laura: En este concierto, prestar el servicio de lengua de señas va a ser un trabajo mental arduo tanto física como mentalmente. Por eso tenemos divididas las canciones, aunque en los coros entramos todas y eso tiene que quedar bien sincronizado.

¿Interpretarán solo las letras de las canciones o de alguna manera también los instrumentos?

L.: Eso fue algo que analizamos. En los videos promocionales hacemos alusión a los instrumentos, pero en el concierto tendremos el apoyo visual. No hará falta que yo “interprete” la trompeta, porque la trompeta va a estar ahí. Vamos a poder jugar mucho con esos apoyos visuales y con la orquesta, tratar de involucrar también a los mismos músicos en la interpretación. Va a ser en cierto sentido una cosa súper teatral. Queremos que los sordos sientan no solo el ritmo y la letra, sino el sentido de cada canción: si es de despecho, si es para celebrar, si es para coquetear.

¿Por qué justamente ustedes tres, entre todos los intérpretes del Insor?

B.: Fue muy chistoso. El primer filtro era que fuésemos mujeres porque la orquesta es de puros hombres. Entonces un día estábamos en el Insor y la directora citó a todas las mujeres. Estaban allí todos los directivos, el área administrativa y demás. Abrieron el computador, le dieron play a La pantera mambo de La 33 y nos dijeron “Bueno, ahora bailen”. Fue toda una audición, muy sorpresiva. Algunas inmediatamente dijeron no saber bailar y se retiraron. Finalmente fuimos seleccionadas quienes mejor lo sabíamos hacer.

¿Cómo llegaron a convertirse en intérpretes de lengua de señas?

B.: Yo estudiaba con personas sordas en Girardot, en una escuela normal superior. En la mayoría de esas instituciones a nivel nacional hay proyectos de inclusión. Allí me familiaricé mucho con la lengua de señas, que además siempre me ha apasionado. Cuando llegué a Bogotá trabajé en varias instituciones y este año se abrió una convocatoria en el Isnor. Me presenté porque el sueño de todo intérprete es trabajar en ahí, ya que es el instituto que regula todos los procesos de inclusión. Me fui a la entrevista bien vestida –de negro porque es un color neutro que permite que los sordos se cansen menos–. Estaba nerviosa porque había sordos muy preparados, con maestría, bilingües, que han viajado por el mundo y que estaban allí para evaluarme. Pero todo salió bien porque había un sordo que ya conocía y él me dio mucha seguridad. Dos semanas después me dijeron había sido seleccionada.

L.: Es importante decir que en Latinoamérica hay pocos centros de formación a nivel superior en lengua de señas. Argentina, Brasil,  Colombia –la Universidad del Valle, que ofrece una carrera tecnológica de Interpretación para personas sordas y sordociegas– y Venezuela son, si no estoy mal, los únicos países. Por lo tanto son muy pocos los intérpretes que están formados a nivel superior. En este momento el Insor está haciendo un gran esfuerzo precisamente para abrir esos espacios. Por eso, la mayoría de los intérpretes que trabajamos en Latinoamérica nos formamos empíricamente. Es como cuando uno se va a otro país y aprende, viviéndolo, su lengua. Por eso trabajar en el Insor, en donde estoy hace cuatro meses, es tan significativo. Allí se está gestando todo el proceso de formación para lo que nosotros escogimos ser. Todo esto para decir que yo también me formé empíricamente. No soy colombiana, soy paraguaya, y en Paraguay tampoco hay educación superior en lengua de señas. Mi mamá es intérprete y yo crecí entre sordos. Para mí es una lengua más. Llevo doce años trabajando como intérprete pero solo seis aquí en Colombia, y eso es importante decirlo porque la lengua de señas no es universal, ni siquiera para los países donde se habla español. Cambia de país en país.

¿Están nerviosas por este evento con La 33?

L: Nos divierte, nos asusta, nos intimida. Ya tuvimos algunos ensayos y la oportunidad de ver a los músicos en concierto, de ver cómo la gente responde, cómo la orquesta se relaciona con el público. Nos quedan estos días para ensayar con La 33. Lo que más nos emociona es que la población sorda está muy expectante. Ha habido varias experiencias de menor magnitud con otros géneros musicales, pero los sordos quieren salsa, o vallenato, porque esa es su música. Eso es lo que están esperando.

B: Lo que más nerviosas nos pone es que otros intérpretes, y los mismos sordos, estarán evaluando nuestra interpretación mientras nosotras nos esforzamos por bailar, movernos y concentrarnos en cada una de las letras. Afortunadamente contaremos con algunos apoyos. Los sordos podrán no solo ver la traducción sino también sentir las vibraciones. Pero pararse, hacer todo esto y enfrentar este nivel exposición no va a ser una tarea fácil.

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