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| 11/3/2012 12:00:00 AM

007: Operación Skyfall

La nueva entrega de la saga de James Bond no termina de decidir si quiere reinventar a su héroe o mantenerlo como era.

Director: Sam Mendes
Guion: Neal Purvis, Robert Wade y John Logan
Actores: Daniel Craig, Judy Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris.

James Bond está un poco anticuado. El primer mundo no es lo que era, la idea de su labor 'civilizadora' lleva décadas tambaleando, y la licencia para matar, su obediencia ciega ante sus superiores y su talento para seducir muchachas de todos los tonos de piel (pero invariablemente flacas, claro) tienen connotaciones más oscuras que en 1952, cuando el exespía Ian Fleming inventó su personaje.

Para los realizadores (Sam Mendes, en este caso) el problema es qué hacer. Podrían volverlo una pieza de museo donde cada película vuelve a un pasado tranquilizador donde el colonialismo no tiene nada sombrío, donde las mujeres solo necesitan verse bonitas y flirtear sin hacer nada, donde los jefes siempre dan buenas órdenes. Un mundo simple.

Pero en su reingeniería del héroe escogieron otro camino. Daniel Craig como James Bond es más animal y musculoso que los anteriores y en esta tercera película con él hay varios enfrentamientos directos con el fantasma de lo anticuado. Este Bond quiere ser del presente.

Así, Q, su proveedor de juguetes extraordinarios, le ofrece solo una pistola con un sensor que no permite que nadie más la dispare y un radio pequeñito, que además tiene forma de radio con miniantena y todo. "¿Qué esperabas, una pluma explosiva?", le pregunta al ver su falta de entusiasmo. "Ya no hacemos las cosas así".

Aunque exagera, porque el universo Bond sí mantiene la mayoría de sus reglas. Y es por ahí por donde se desteje esta película; la tarea que se ha impuesto, de renovar a su héroe y dejarlo intacto al mismo tiempo, es imposible.

Todo comienza en Estambul. Bond descubre a un agente herido y su computador desarmado. El disco duro tiene una lista encriptada con los nombres de los agentes de la Otan infiltrados en organizaciones terroristas y lo que sigue es una persecución clásica: frenética, a todo volumen, sin contemplaciones hacia la vida o propiedad ajenas.

Al final no logra recuperarlo y cae herido. Todos piensan que ha muerto cuando un atentado terrorista en los cuarteles de MI6 lo hace reaparecer. El villano manda mensajes enigmáticos "reflexionen sobre sus pecados" y amenaza con revelar los nombres de la lista. ¿Habrá llegado el momento? ¿Los obligarán a disculparse por décadas de racismo, sexismo, por la inconsciencia de seguir órdenes indefendibles?

Obvio que no. El de los mensajes es un villano amanerado y psicópata (Javier Bardem), exespía de MI6, que tiene el pelo decolorado (también tiene un inexplicable ejército de subordinados atontados que le obedece). En su exageración el villano es entretenido y contrasta claramente con la melancolía y oscuridad de Craig.

Al final Operación Skyfall es larga y divertida. Daniel Craig es un actor espectacular, una masa de músculos con unos ojos ferozmente inteligentes. Pero la película nunca decide qué quiere hacer. El fantasma de los Bonds pasados se siente mucho más que en las dos entregas anteriores y da la sensación de que a la película, atrapada bajo el peso de tanta historia, se le dificulta respirar.
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