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| 3/24/2007 12:00:00 AM

11. La virgen de los sicarios

Fernando Vallejo
Colombia
1994

Fernando Vallejo ha actualizado el recurso retórico de la diatriba para nuestros tiempos complacientes. En La Virgen de los sicarios, el gramático lanza injurias contra Dios, Colombia, las autoridades, los pobres, la misma existencia humana: "Creemos que existimos pero no, somos un espejismo de la nada, un sueño de basuco". Se trata de un discurso violento, escrito con pasión, pero a la vez con una prosa tan perfecta como flexible, con conceptos atados a imágenes poderosas. En las palabras del gramático enamorado de un adolescente asesino -un relato que tan pronto conmueve como devasta-, hay algo de la furia nihilista de los narradores de Thomas Bernhard, pero aquí hay más claroscuros que en el monocorde Bernhard, una mayor capacidad para captar el temor y el temblor de la vida.

Vallejo nos dice que el enfrentamiento entre civilización y barbarie, paradigma de la cultura latinoamericana desde el siglo XIX, ya no va más: hace rato que la barbarie ha ganado la partida. No es casual que sea un gramático el narrador: en el país de las formas y las buenas costumbres, es alguien dedicado al orden de la letra el testigo privilegiado del caos. El gramático dice que "a Medellín… el cine y la novela le quedan muy chiquitos". La paradoja de Vallejo es que, en La Virgen de los sicarios, el escritor nos demuestra con contundencia que nada le queda chico a la novela.

Edmundo Paz Soldán
Escritor boliviano


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