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| 2/8/2014 2:00:00 AM

12 años de esclavitud

Esta película inquietante y dura, nominada a nueve premios Oscar, está basada en las memorias de un afroamericano libre que fue secuestrado y vendido como esclavo en el sur de Estados Unidos en 1841. *** ½

Título original: 12 Years a Slave
País: Estados Unidos
Director: Steve McQueen
Guion: John Ridley, basado en la autobiografía de Solomon Northup
Actores: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o
Duración: 134 min.

Brutal, horrible y de pesadilla. Así es esta película de Steve McQueen (director de Hunger y Shame), que en su corta y potente carrera cinematográfica se ha dedicado a explorar situaciones extremas evitando cursilerías, sentimentalismos fáciles o clichés efectistas.

A diferencia de otros directores que saben que la combinación de primeros planos de gente sollozando con violines estruendosos puede sacarle lágrimas hasta a una roca, McQueen tiende a ser mesurado en su forma de mostrar los horrores que le interesan. Visualmente, hay muy pocos primeros planos y la música tiende a hacer un contrapunto con la acción, creando una especie de distancia que hace que el golpe emocional, cuando finalmente llega, se sienta más.

En 12 años de esclavitud, McQueen parte de las memorias de Solomon Northup, un afroamericano libre residente en el estado de Nueva York que fue secuestrado en 1841 y vendido como esclavo en el sur. Sin poder hacer mayor cosa, Northup (interpretado conmovedoramente por Chiwetel Ejiofor) se ve obligado a asumir su nueva vida.

No hay acá ninguna ‘lucha por la libertad’, ningún ‘triunfo del espíritu humano’, ningún rayito de sol que atempere los horrores del sistema económico inmisericorde e inhumano que existía entonces.

A diferencia de las fantasías revanchistas que ofrecen otras películas (Django desencadenado, por poner un ejemplo reciente), 12 años de esclavitud entiende y logra transmitir lo imposible e

inútil que resultan las acciones de resistencia individual frente a la magnitud y el poder de un sistema económico, político y social bien asentado.

Acá no hay respuestas fáciles, ni es posible un mejoramiento radical. Una breve escena en la que los tratantes de esclavos apalean a Northup antes de viajar al sur deja claro que no es tan difícil romperle la voluntad a un hombre a punta de palazos. A partir de ahí, el antiguo violinista, padre de familia y hombre libre no puede hacer nada más que ver con horror las escenas infernales que pasan frente a sus ojos y en las que debe participar.

Luego vienen algunos episodios aislados de su nueva vida, su paso por varias casas, su relación con los ‘amos’ más o menos humanitarios, más o menos crueles, pero todos partícipes de ese sistema opresivo donde Northup no era más que un animal de carga. “Mi sentimentalismo tiene el tamaño de una moneda”, señala el tratante de esclavos que vende a Northup —renombrado Platt en su nuevo estado— a su primer amo, poniendo en palabras una filosofía que comparten casi todos los blancos en la película.

Aunque sí hay matices. El segundo amo, un hacendado de apellido Epps interpretado por un Michael Fassbender impresionante y desquiciado, es de un carácter aterradoramente vicioso y cruel. Una de las pocas personas que ve algo moralmente problemático con el esclavismo señala sucintamente el problema: “Una terrible enfermedad recae sobre esta nación”. Lo que vemos en esta película, en ese sentido, es un diagnóstico incómodo y difícil de esa terrible enfermedad.

CARTELERA

****Excelente   *** ½ Muy Buena   ***Buena **   ½ Aceptable   **Regular   *Mala 

Balada de un hombre común ****
Los hermanos Coen hacen un retrato conmovedor, triste y cómico, de un músico folk en Nueva York de 1961.

La vida de Adèle
*** ½
La historia de amor entre dos muchachas se retrata con intensidad en la ganadora de Cannes 2013.

Escándalo americano ***
Los líos de estafadores en los setenta con el FBI son la base de esta movida comedia dramática.

Último viaje a las Vegas **
Hombres sexagenarios buscan volver a su adolescencia en esta comedia poco sutil.
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