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| 11/23/1992 12:00:00 AM

1500

Beatriz González, la artista que se atrevió a pintar presidentes de la República en una cortina de baño, abordó el Descubrimiento a su manera.

A ESTAS ALTURAS de 1992, la gente parece ya cansada con las mil historias del Descubrimiento de América. Con las mil posiciones ideológicas, filosóficas y políticas que se han dado alrededor de la celebración de los 500 años del evento. Tal vez por eso la artista Beatriz González decidió darle un giro de 180 grados al asunto y abordó el tema de una manera bastante original. Se tomó el salón principal de la Galeria Garcés Velásquez, de Bogotá, e instaló allí las 500 serigrafías que realizó sobre papel de algodón, con el motivo de un remero indígena que observa con extrañeza a quienes lo miran.
El remero de la pintora santandereana se sale de los esquemas desgastados que han dominado la producción artística a lo largo del último año, cada vez que se pretende "defender la identidad", "atacar la invasión española", "recuperar las raíces", "exigir disculpas por el genocidio indígena" y todas las demás frases de cajón que se han empleado para ocultar una enorme falta de imaginación.
De hecho, este remero que se tomó la Garcés Velásquez no tiene plumas en la cabeza, ni guacamayas trepadas en los hombros, ni está cambiando espejos por oro. Es la figura central de una pintura, y no el protagonista de un debate. Por eso mismo, este indígena de rasgos esbeltos no dice nada. Absolutamente nada. Por el contrario, con esa mirada de curiosidad y de ironía, lo que hace es preguntar.
Eso era lo que pretendía la artista. Y para hacer más enfática la pregunta decidió repetir 500 veces la misma imagen. Así, cuando el espectador se ubica en el centro del salón, y descubre que un mismo hombre lo mira, con mil ojos, desde todos los ángulos, comprende que en lugar de estar debatiendo sobre los protagonistas de la historia hace 500 años, lo que debe es cuestionar su origen. Esa es, al fin y al cabo, una posibilidad que ofrece la verdadera pintura: la de permitirle al espectador que termine el cuadro en su cabeza, a partir de los sentimientos, las pasiones y las dudas que puedan generarle unas manchas de color plasmadas sobre el papel o sobre el lienzo.
Por cierto, en "1500" (así se llama la exposición) se advierte un cambio en el tratamiento cromático de la santandereana. De los tonos cálidos, en ocasiones casi fosforescentes, ha pasado a colores más frios, más sobrios. Pero permanece el contraste como uno de los puntos esenciales de su obra.
Era de esperar que si Beatriz González se metía con el tema del Descubrimiento lo hiciera de una manera atípica. No hay que olvidar que fue ella quien decidió ridiculizar a la clase política del país pintando presidentes sobre telas de cortina de baño, y quien ha convertido televisores viejos, camas de latón y llantas desgastadas en el soporte de sus motivos pictóricos.
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