Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/06/21 00:00

1958, el año de los reyes

Hace 50 años nacieron Michael Jackson, Madonna y Prince, considerados desde comienzos de los 80 los dueños indiscutibles de la escena del pop.

1958, el año de los reyes

El 7 de junio de 1958, Prince Rogers Nelson nació en Minneapolis y fue bautizado con el mismo nombre de la banda musical de su padre. El 16 de agosto de ese mismo año vio la primera luz, en Detroit, la pequeña Madonna Louise Ciccone. Michael Joseph Jackson nació sólo 13 días después, el 29 de agosto, en Gary, Indiana, y fue el séptimo de nueve hermanos. Nada los unía y 50 años después nada pareciera todavía unirlos, salvo compartir la misma edad y que los tres se convirtieron en símbolos de la música pop de los años 80, que tanto Prince como Jackson y Madonna se convirtieron en superestrellas y que nadie, por bueno que sea, ha logrado alcanzar el aura de seres de otra galaxia que este trío alcanzó.

Los tres crecieron en familias que tenían algo similar: la dureza de la clase media. Cuando triunfaron ellos fueron el símbolo del difícil sueño americano. Ese fue su primer paralelo.

Los tres arrancaron sin timidez y pronto alcanzaron el éxito. El primero en hacerlo fue Michael Jackson, quien se convirtió en el niño estrella del grupo familiar The Jackson Five. Desde su infancia fue el artista más amado de la familia, aunque al serle arrebatada la posibilidad de vivir como un niño normal perdió una parte de su vida y esta se encargaría de cobrárselo luego. Prince arrancó más tarde. A los 20 años debutó con el disco For You, en el que él mismo tocó y grabó los cerca de 30 instrumentos que suenan en el álbum. Madonna arrancó a los 25 años, después de abandonar la universidad, dedicarse al baile e irse con sólo 37 dólares en el bolsillo a Nueva York.

El estrellato llegó cuando demostraron que no se limitaban a cantar o a bailar bien. Cada uno era un fuera de serie para componer música para las masas, pero lo que realmente los puso en una órbita superior fue entender que provocar vendía. Con posiciones que imitaban los actos sexuales, letras polémicas, blasafemias y herejías, consiguieron una legión de fanáticos que desbordaba lo conocido.

Lo otro que entendieron fue que una polémica sola no los llevaría muy lejos. Por ello se encargaron de generar polémica siempre. Convertidos en noticia permanente por el estilo, por su música, porque los tres hicieron cine (Buscando desesperadamente a Susan y Evita, en el caso de Madonna; Lluvia púrpura, con Prince, y Moonwalker, escrita y protagonizada por Michael Jackson), por su sexualidad extrema, por sus excentricidades o romances posibles, nunca dejaron de sonar, hasta que se convirtieron en una necesidad para los medios rosa y la gente se grabó sus nombres en todo el mundo con más tenacidad que las de mandatarios del momento o los protagonistas del cine.

Además, ellos crecieron a la par de un nuevo fenómeno que revolucionó el mundo del espectáculo: los video clips, y en particular el canal musical MTV. Jackson y Madonna se esmeraron en convertir sus videos. Convirtieron sus conciertos en grandes eventos con un despliegue de recursos técnicos y fantasía que nadie quería ni quiere aún perderse. Madonna y Jackson bailaban como pocos y Prince demostraba ser un músico excepcional.

En un punto de sus carreras dejó de importar si las canciones que hacían eran buenas o malas. Prince es considerado un genio por millones, aunque no todos tengan claro cuál es su genialidad. Madonna es la reina de la música, haga lo que haga. Michael Jackson, a pesar de las acusaciones de abuso sexual y pedofilia, sigue vendiendo y sus éxitos continúan sonando en la radio. Así que no importaba que Prince se convirtiera a los Testigos de Jehová, que Madonna abrazara la cábala judía, que Jackson tuviera casi un parque de diversiones como casa. No importaba que Jackson se cambiara el color de la piel, que Prince abdicara de su nombre y se llamara con un símbolo propio que lo representa, que Madonna pasara de hacer un libro de sexo a ser un ama de casa o que cambiara tantas veces de aspecto, que a veces fuera difícil reconocerla. Odiados o amados, pero nunca ignorados, han sido noticia desde hace muchos años. Y aún lo son.

En fin, su secreto ha sido romper los paradigmas, haber aprovechado al máximo los cambios y haber sabido subirse al vagón del éxito.

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