Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1984/09/10 00:00

90 PAGINAS DE BUEN REGISTRO

Un acierto, el catálogo de la retrospectiva de la pintora antioqueña Débora Arango.

90 PAGINAS DE BUEN REGISTRO

La palabra catálago significa registro. Tal es su raíz griega. El que está circulando actualmente con motivo de la exposición retrospectiva de la pintora antioqueña Débora Arango en el Museo de Arte Moderno de Medellín constituye una de las piezas más ejemplares que haya conocido el medio. Consta de 90 páginas impresas sobre papel satinado, 21.5 X 24 cms. Cerca de 70 reproducciones en blanco y negro y una veintena en color bien impresas. Lo que lo hace deslumbrante desde el punto de vista gráfico es el acierto de haber incorporado como material de lectura, la reproducción de más de un centenar de artículos y recortes de periódico de 1937 a 1984. Son cincuenta años de vida colombiana, a través de la controvertida obra de la pintora maldita van refulgiendo dentro de estas páginas. La crítica de pintura y la sociología de la época, las pasiones políticas o estéticas, aparecen facsimilarmente ordenadas, dándole al lector un vistazo limpio y objetivo, documentado y abierto, lejos del endulzamiento interesado del crítico o de las menciones acomodadas. La sutileza del diseño va más lejos al reproducir directamente de los impresos en su tamaño original, las páginas albergan más información de la usual, pues la condensación de la tipografía periodística esta determinada por la economía de espacio. Así que antes que un catálogo de 90 páginas, estamos leyendo uno de 200.
Adicionalmente, la agresiva pintura de Débora Arango se involucra con perfeccion al contexto. Es que esos cuadros retratando la sórdida situación del proletariado urbano entrando y saliendo de los burdeles, o los amaneceres de bar lumpen, son imágenes que no le permiten al observador sino provocarse fisuras, reconocerse con pavor en la fiereza de su país. La habilidad del catálogo al integrar las reproducciones al texto, sin blancos, como parte de las polémicas que generaban, es inteligente. Las pinturas y los comentarios no son únicamente la retrospectiva de Arango. Son las de una sociedad, sacudida en sus cimientos por una mujer que pintaba desnudos y monjas, o exhibió en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid en 1955 con textos de Elisa Mújica, bajo presiones de tal calibre que apenas duro un día abierta.
Un pequeño defecto lo constituye la utilización de la misma tipografía para todas las referencias, aquellas de títulos de obras y de fuentes de periódico. Mayor rigor en estos detalles permitirían uná ayuda para el lector, evitando la confusión. Así mismo, algunos textos aparecen borrosos, asunto que pudo solucionarse con alguna dispendiosa visita a hemerotecas, para mejorar el material con dificultades. Estas alusiones no demeritan el trabajo del diseñador, el arquitecto Alberto Sierra, de quien se conocen otros catálogos y piezas gráficas de indudable investigacion gráfica, con un tono profesional y contemporáneo poco conocido en el medio. Si a esto se le suma la riqueza del trabajo pictórico de Débora Arango y la posibilidad de registrar medio siglo de país mojigato y contradictorio, los resultados están a la altura de lo producido.

ESGUINCES SURREALISTAS
La afamada editorial española Planeta ha aterrizado en Colombia. En un esfuerzo por ampliar mercados y asimilarse a ellos, está imprimiendo en Bogotá. Una ofensiva conveniente, pues además edita autores locales. Su reciente lanzamiento de dos escritores en la colección Autores Colombianos recoge las novelas: "Tuyo es mi corazón" de Juan Jose Hoyos y de Manuel Mejía Vallejo, "Y el mundo sigue andando". Esta última obra por su éspecífica construcción, un capítulo que sigue al otro, enlazando las narraciones en esa continuidad que leíamos con fascinación en "Las mil y una noches", carece de una prolija diferenciación tipográfica, más ágil, menos embutida.
La carencia de un índice de historias también es evidente. Los comienzos de texto, con una tipografía desmesurada, crean niveles de lectura equívocos, pues apenas son introducciones al verdadero relato. Sin embargo, lo más discutible, es el uso en la portada de un elemento de un cuadro del pintor Magritte. Esos zapatos de tacón que terminan en su punta con dedos, son una imagen gráfica magnífica. Pero el quitarles el fondo original (de paso mutilando una pintura) sin tratamiento adicional, ¿no es una manera de resolver un problema de diseño simplemente con afán publicitario? A la vez que la reproducción fue extraída de una pintura impresa pues se le ve la cuadrícula original o moiré en argot técnico, ¿hasta que punto es legal su uso? Si hay herederos de Magritte ¿no podrían reclamar por una indebida apropiación?
Acaso la última novela de ese antioqueño que ya en 1963 y antes de García Márquez sacudía el continente con "El día señalado", ¿no merecía una cubierta más original? ¿Hasta dónde el diseñador se puede ir apropiando de la pinacoteca universal? ¿No es el Medellín de Mejía Vallejo un suceso más allá del refrito Magritte del París de los 30?

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