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| 12/13/1982 12:00:00 AM

ABSTRACTOS EN PEREIRA

Obras de Manuel Hernández, Camilo Velásquez y Rafael Echeverri en el Centro de Arte Actual.

El Centro de Arte Actual de Pereira es una de las instituciones que más seriamente ha tomado en el país la labor de difundir los avances vanguardistas de los artistas nacionales; junto con el Museo de Arte Moderno de Medellín, el de la Tertulia de Cali y la Sala Avianca de Barranquilla ha formado un eje progresista que equilibra ciertamente el cerrado círculo bogotano de galerías y museos. Dirigido con gusto y fortaleza por María Isabel Mejía Marulanda, el Centro ha presentado exhibiciones semanales que de otra manera no hubieran tenido adecuada difusión en esa sección del país.
Actualmente el Centro muestra una hermosa exposición que bajo el título de "Abstractos" reúne a Manuel Hernández, Camilo Velásquez y Rafael Echeverri. Hernández exhibe una serie de dibujos en tamaño medio correspondientes a su ya conocida temática de los signos emergentes, con una fina aplicación de líneas coloreadas y sombras que los hacen aún mucho más líricos y sobre los cuales hay ya bastante literatura. Velásquez presenta básicamente las mismas obras que se vieron en la Galería Garcés-Velásquez (ver SEMANA No. 7) pero que confirman su tenaz dedicación a explorar las variaciones sutiles que se pueden lograr entre formatos y colores. Echeverri, quien es oriundo de Santa Rosa de Cabal (a 15 minutos de Pereira) y el más joven de los tres pintores, expone una impresionante serie de "Dípticos" que nos aseguran no solo una sofisticación visual sino también una visión firmemente enraizada en la abstracción.
Los cinco cuadros de Echeverri tienen el mismo formato y medidas (80 X 100 cm) y a primera vista parecen iguales ya que son absolutamente blancos con una franja de la misma tela que divide la superficie y que da el nombre a las obras. En el centro de este doblez se encuentra una línea de color que comienza a diferenciar cada pintura, imprimiéndole un temperamento o, si se quiere, una personalidad. Azul, amarillo, rojo, café y negro convierten a cada trabajo en un pronunciamiento sobre las cualidades expresivas de la combinación entre el blanco y su otro color. Las emociones o sensaciones salidas de tal confrontación requieren indudablemente la paciencia de una detenida y larga observación.
Estos "Dípticos" salen del trabajo previo de Echeverri pero al mismo tiempo indican una nueva dirección en la concepción visual y temática del artista. Los anteriores "Rítmicos" se referían a una cualidad enteramente musical, cuya inspiración no tenía que responder necesariamente a una posible inspiración musical; la acción en los trabajos de Echeverri (y esto es una constante en toda su obra) se desprende de las relaciones entre el espacio pintado de blanco y la líricas líneas de color que atraviesan verticalmente la tela. En los actuales "Dípticos" estas relaciones se vuelven fuertes debido al tamaño de los cuadros y a la textura que produce el acrílico de color.
Los que aparentemente son trabajos semejantes van saliendo personalizados al percibirse en las dos zonas blancas divididas por la línea de color un triangulo igualmente blanco, producido con capas más espesas de acrílico. Estos triángulos son colocados en diferentes posiciones que añaden cambios sutilmente perceptibles y que obligan al espectador a enfrentarse decididamente a una superficie que parece fácil pero que revela en realidad un concienzudo proceso generativo.
El afianzamiento abstracto de Echeverri se revela en el cambio de titulación en su obra. Los "Rítmicos" de los dos últimos años provenían de una íntima relación musical, donde la aplicación de los colores se podía comparar a cambios tonales, como los que pueden suceder en cualquier pieza de música, y la pureza física e intelectual que emanaba de ellos se asemejaba casi exclusivamente al ascetismo que se deduce de una partitura. Los "Dípticos" que se muestran ahora en Pereira ya no hacen referencia sino a una cualidad física (la división de la superficie) y de ahí, a una calidad geométrica que acentúa la pureza integral de cada obra y que puede ser peligrosa si no se mantiene una vigilancia constante sobre las variaciones a las que se puede llegar. Hasta ahora, el cálculo de Echeverri es impecable.
La exhibición del Centro de Arte Actual revela efectivamente que la abstracción en Colombia sigue tan fuerte y variada como lo puede ser la tendencia figurativa contemporánea. A los nombres ya maduros de Miguel Hernández, Manolo Vellojín, Ana Mercedes Hoyos, Alvaro Herrán y Carlos Rojas se pueden añadir los de Velásquez, Echeverri, Germán Linares, Mónica Negret y Pablo Gilberto Montoya, entre muchos jóvenes, que nos aseguran el futuro de la pintura abstracta en el país.
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