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| 1/12/1998 12:00:00 AM

ACUARELAS A LA LATA

Los objetos de Bernardo Salcedo se burlan de la escultura y de la pintura tradicional.

Las obras de Bernardo Salcedo han sido usualmente tridimensionales y por esta razón han sido calificadas erróneamente como esculturas e inclusive como instalaciones. Su trabajo, sin embargo, ha tenido poco que ver con las consideraciones formales de la escultura convencional, y si bien constituyen afirmaciones visuales de impecable diseño y sugestiva presencia, su sentido es más conceptual que constructivo, haciendo de lado los parámetros que guiaron la producción escultórica durante la vigencia de los movimientos modernos. Tampoco se trata en su caso de instalaciones puesto que no son obras que demanden un tipo especial de distribución para adquirir sentido, ni que involucren en sus afirmaciones los espacios donde se presentan. Algunos de sus trabajos más penetrantes, además, han sido bidimensionales, entre ellos los Bodegones escritos, las Planas para niños y su deconstructiva versión del escudo nacional. También sus fotografías con elementos adheridos a la superficie son obras básicamente planimétricas, como lo son sus más recientes realizaciones, las Acuarelas a la lata, trabajos en los cuales aplica pigmentos solubles en agua sobre láminas de metal para producir imágenes abstractas que sugieren celajes románticos. Pero así como sus trabajos tridimensionales no pueden considerarse como esculturas, estas obras, a pesar del empleo de colores, tampoco pueden calificarse estrictamente como pinturas, entre otras razones porque su intención es la de cuestionar la pintura tradicional, a la que se parecen a primera vista, pero con la cual establecen claras diferencias tanto en el soporte como en los propósitos. En ambos casos se trata más bien de objetos cuyo contenido, lejos de concentrarse en reflexiones acerca de una ruptura vanguardista o sobre el estilo y la originalidad, constituyen una sátira a estos valores y una mofa a la superficialidad de buen número de las pinturas y esculturas que se realizan en la actualidad. La elección de la acuarela no es gratuita. A pesar de que un artista como Pedro Nel Gómez logró darle a este medio una dimensión creativa original y ambiciosa _la cual fue asimilada por buen número de sus alumnos_ la verdad es que la acuarela ha servido tradicionalmente para las representaciones más cursis y vacías del arte nacional. Se trata de pigmentos con un gran poder ornamental debido a su luminosidad, pero esta calidad se pierde totalmente en las obras de Salcedo puesto que el metal no absorbe su acuosidad, proporcionando en cambio una superficie aún más resplandeciente que los colores. Un óxido controlado que actúa como otra tonalidad reitera el antagonismo entre las propiedades del metal y la delicadeza que generalmente se le atribuye a este medio pictórico. Pero la burla de Salcedo se hace aun más evidente a través de los títulos de las obras, entre los que figuran: Colecciona tu nube, Escoge tu atardecer, El fenómeno del niño y Quedaría lindo en la sala, los cuales no pueden ser más explícitos sobre la sátira que hay detrás de estos trabajos, ni sobre la causticidad de este artista que ha hecho de la crítica social uno de sus más agudos argumentos creativos. En esta ocasión, sin embargo, el corrosivo humor de sus obras no está destinado a la clase dirigente del país sino solo a los compradores de pintura y a las razones, por lo regular decorativas, que constituyen el principal estímulo en las transacciones artísticas.
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