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| 8/2/2008 12:00:00 AM

Acuérdate de mí

Un perturbador e incómodo retrato de familia dirigido por el hombre que filmó El último beso. **1/2 (Aceptable)

Título original: Ricordati di me.

Año de estreno: 2003.

Género: Drama.

Dirección: Gabriele Muccino.

Guión: Gabriele Muccino y Heidrun Schleef.

Actores: Fabrizio Bentivoglio, Laura Morante, Nicoletta Romanoff, Silvio Muccino, Monica Belucci, Gabriele Lavia, Enrico Silvestrin.

Ymientras los divertimentos van apagándose en la cartelera, mientras los inesperados Expedientes X, la divertida adaptación en 3D de Viaje al centro de la tierra y la tercera parte de La momia se pelean los últimos días de vacaciones de los estudiantes, comienzan a asomarse conmovedoras propuestas personales: desde hace un par de semanas se puede ver en Bogotá la devastadora XXY, de Lucía Puenzo, que enfrenta el tema de la identidad desde la situación más extrema; se puede discutir la reflexiva Yo soy otro, de Óscar Campo, que habla de la confusión que se vive dentro de cada persona en los días del terrorismo, y está la inofensiva Escucha tu destino, de Kirsten Sheridan, que cuenta una historia de iniciación por medio de la música.

Y ahora llega, aunque llegue cinco años tarde, la nueva película del interesante cineasta italiano Gabriele Muccino: un relato redundante pero perturbador titulado Acuérdate de mí (un retrato semejante al de su largometraje anterior: El último beso) que acompaña a los cuatro miembros de la familia Ristuccia: a Carlo, a Giulia, a Valentina y a Paolo, ahora que hacen lo mejor que pueden para sentirse cómodos dentro de ellos mismos, para recuperar el amor que se tenían cuando el hastío no era lo primero que sentían en la mañana y para no enamorarse de otros a destiempo en vez de enfrentarse a sus problemas.

Acuérdate de mí es, de alguna manera, un seguimiento a los conflictos que se mostraban en El último beso. Ya no se trata de personajes que se acercan a los 30 con la triste sensación de que se han acabado los años de la irresponsabilidad. Son padres que ya no saben cómo (y tampoco quieren) ser esposos. Y son hijos que se están dando cuenta de que "se debe sobrevivir en este mundo". Hombres y mujeres que se resisten a las rutinas que les han tocado en suerte como si se estuvieran enfrentando a un destino trágico.

"¡Soy diferente a lo que te hice creer!", le grita el melancólico Carlo a su jefe antes de renunciar a un trabajo que no le deja terminar la novela que ha escrito desde sus años de anarquista. "¡No querías que actuara porque estabas celoso!", le grita la inexpresiva Giulia a su esposo Carlo, cuando él confiesa que no volverá más a la oficina, sin atreverse a reconocer que ha vuelto a trabajar en el teatro. "¡Eso me pasa por estar detrás de una idiota de esas!", les grita el irascible Paolo a sus amigos unos minutos antes de reconocer que no le interesa nada en la vida. "¡Quiero ser la chica normal que triunfa!", le grita la ambiciosa Valentina al asistente del asistente de producción de un programa de televisión que la puede llevar a la fama.

Todos gritan en la reiterativa Acuérdate de mí. Ya no les queda otra manera de expresarse. El espectáculo es verosímil, patético y agotador. Verlo es una experiencia incómoda que deja recompensas. El último plano es una de ellas.
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