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| 1/18/1993 12:00:00 AM

AHI ESTA PINTADO

Acaba de salir de imprenta un libro sobre Alejandro Obregón con una completa selección de sus obras, y con textos de Gabriel García Márquez, Alvaro Mutis, Pierre Restany y Daniel Samper.

EL 11 DE ABRIL DE 1993, EXACIAMENte un año después del día en que en las iglesias del Corralito de Piedra doblaron las campanas por Alejandro Obregón, el libro más completo que se ha editado sobre su vida y su obra será lanzado oficialmente en la Galeria Fernando Quintana, de Bogotá. Se trata, sin duda, del mejor homenaje póstumo que se le puede rendir a uno de los más grandes pintores que prestó su nombre para construir la historia de Colombia. No obstante, este no era el propósito original del libro. Hasta mediados de diciembre del 91, a ninguno de los que participó en su realización se le pasó por la cabeza que Obregón no estaría presente el día del lanzamiento. El mismo había seguido todos los pasos de esta obra monumental en la que cada detalle parece dado con la misma intensidad y con la misma precisión de sus pinceladas. Pero la muerte lo llamo antes de tiempo. Y aunque dejo sin firmar sus dos últimas obras, alcanzó, en cambio, a darle el visto bueno al gran borrador de este libro, cuyos primeros ejemplares han empezado ya a circular casi clandestinamente .

Dicen sus amigos que fueron esos, precisamente, los últimos días en que se le vio con todas sus fuerzas. El libro fue la última inyección.
Así describe esta impresión Daniel Samper Pizano, en el capitulo que se le anexo a la edición para darle, ahora si, caracter póstumo: "Tan pronto estuvo impresa en Madrid la prueba completa del gran libro enciclopédico de Obregón, Salomón Lerner, el editor, cogió el primer avion a Cartagena y se la llevo a Alejandro. Era el 28 de diciembre del 91. Para entonces, ya todos sus amigos sabían que Alejandro no tenía regreso.

Resultó ser un día particularmente difícil, en que se sentía muy mal y desalentado. Pero la mera llegada del libro, en cuya preparación llevaba trabajando meses, quizá años, fue una transfusión de entusiasmo. Durante esos días mejoró y pudo pasar la noche del 31 de diciembre en la calle rumbero y dichoso".

Además del retrato de Samper, el libro incluye una biografía de Obregón a cargo de Pierre Restany, dos textos de Gabriel Garcia Márquez que pintan a su amigo de parrandas por medio de la anecdota, y un relato de Alvaro Mutis en el que su gran personaje, Maqroll el Gaviero, comparte aventuras con Alejandro Obregón.

Después de leer estas páginas, no hace falta que un crítico explique por que Obregon pintaba de esta manera o de la otra. El porque de su pintura es asunto de sobra resuelto luego de conocer su caracter y su forma de pensar. Y cada una de las narraciones aporta piezas esenciales para armar el rompecabezas. Así, por ejemplo, García Márquez cuenta lo siguiente: "Lo que más me impresionó cuando lo conocí no fueron esos ojos diafanos de corsario que hacían suspirar a los maricas del mercado, sino sus manos grandes y bastas con las cuales lo vimos tumbar media docena de marineros suecos en una pelea de burdel. Son manos de castellano viejo, tierno y barbaro a la vez, como don Rodrigo Diaz de Vivar, que cebaba sus halcones de presa con las palomas de la mujer amada.
Esas manos son el instrumento perfecto de una vocación desaforada que no le ha dado un instante de paz ".

Alvaro Mutis, acudiendo a los archivos secretos del Gaviero, relata esta confesión de Obregon: "Ahora ya casi estoy listo para emprender un viejo sueño que me ha perseguido desde hace años: pintar el viento. (...) Pintar el viento, pero no el que pasa por los árboles, ni el que empuja las olas y mece las faldas de las muchachas. No, quiero pintar el viento que entra por una ventana y sale por otra, así, sin más. El viento que no deja huella, ese tan parecido a nosotros, a nuestra tarea de vivir, a lo que no tiene nombre y se nos va de entre las manos sin saber cómo. El viento que usted, como Gaviero, ha visto venir tantas veces hacia las velas y a menudo cambia de rumbo y nunca llega ".

Pierre Restany hace énfasis en la evolución artística de Obregón, pero siempre en relación con recuerdos, anecdotas y suposiciones como esta: llegó a Cartagena "para encontrarse solo, cara a cara el mismo, en los confines de la tierra, entre cielo y mar".
Junto a estos textos, aparece en el libro de Lerner una completa selección de obras que recrea con amplitud las diversas etapas de la pintura de Obregón: desde los trabajos en los que es evidente la influencia de Picasso, hasta sus últimas visiones del mar y del trópico. No sin razón habla Daniel Samper de un libro enciclopédico. Pero sin el rigor que supone este término.-
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