Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1993/02/15 00:00

Ahora, la pintura

Después de su paso glorioso por París, un libro dedicado exclusivamente a su obra pictórica completa debidamente el homenaje a Botero.

Ahora, la pintura

IMAGINAD UN UNIVERSO EN EL que todos y todas estuvieran constantemente encantados: sería el mundo pintado por Fernando Botero, donde hasta los diablos y los condenados parecen vivir a su aire ". Así, en el tono de esta frase, que de alguna manera podría resumir todo el texto, Gilbert Lascault aborda la obra pictórica del colombiano, sin complicarse tratando de explicar el significado de las obesas formas de Botero, si no más bien otorgándose a sí mismo la licencia de pensar y de soñar gracias a ellas.
Lascault, profesor de filosofía del arte de la Sorbona, está reconocido como uno de los más originales críticos del momento, gracias al tono lúdico de sus páginas y a la manera como va traduciendo la pintura en poesía. Tuvo a su cargo la redacción del ameno pero a la vez profundo ensayo del libro "Botero, la pintura", el segundo de Lerner & Lerner Editores sobre la obra del colombiano que acaba de triunfar en París. Antes había aparecido "La corrida", y para el 94 está previsto el lanzamiento de "Botero, la escultura".
"Botero, la pintura" acaba de entrar en circulación internacional, y complementa de manera ideal el inmenso despliegue informativo que sobre su obra escultórica se ha realizado en los últimos meses. En este tomo no aparecen las gordas de bronce ni los toreros hinchados que recientemente han llenado páginas enteras de los periódicos. Acá se ha hecho una acertada selección de óleos de diversas épocas, que permiten dar un recorrido por la amplia temática de Botero: vírgenes y monjas, curas y obispos, familias que se broncean y parejas sobre la hierba, militares y pintore, bañistas pudorosas y travestis impúdicos, naturalezas con moscos y violines sin cuerdas... sus grandes temas -incluido, por supuesto, el del autorretrato quedan a la vista de sus seguidores en estas páginas de impecable edición.
El título del ensayo marca el tono de las reflexiones de Lascault: "Elogio de las esferas, de la carne, de la pintura y de muchas otras cosas". En éste, el crítico juega con las palabras como Botero con las formas. Repite sin temor, si la idea es convencer: "Dilatados. En gordados. Hinchados. A sus anchas. Ensanchados. Liberados. Distendidos. Aumentan de volumen. Se redondean. Se extienden. Ocupan el espacio.
Lo llenan todo. Pipones. Se dejan estar. Se despliegan. Corpulentos. Se inflan. Se abultan. Las mujeres están dilatadas. Sus vestidos, dilatados. Los proxenetas, dilatados. Los clientes de los burdeles, dilatados...". Describe sin caer en ese pecado tan frecuente entre los críticos de recurrir al lenguaje rebuscado. Así, por ejemplo, cuando habla de los comunes contrastes de partes minúsculas en cuerpos dilatados, lo dice tal como lo ha observado: "Las mujeres dilatadas de Botero tienen pies pequeños, manos pequeñas, minúsculas matas negras bajo las axilas, un triángulo pubiano minúsculo, pechitos redondos (comparados a menudo con los de las mujeres pintadas por Cranach), una boquita ínfima, unos ojillos. Los hombres también tienen los pies, la manos, la boca, los ojos, el sexo y el bigote pequeñitos".
Y Lascault no sólo habla de la pintura, sino también del pintor de sus angustias- de sus convicciones: de los sueños por cumplir, de los sueños alcanzados, convencido de que sólo así se llega a tener una idea clara de la obra. Entonces, con la misma sencillez con la que habla de los óleos, habla también del que los ha plasmado en el lienzo: "Fernando Botero vive asombrándose de que la gente se aburra. El no se aburre jamás. El tiempo no le alcanza para hacer todo lo que quiere pintar, dibujar, esculpir. No hay tiempo que le alcance. Nunca deja de trabajar ni de encontrar, en la actividad pictórica, maravillosos placeres siempre renovados. Viaja mucho pero lamenta el tiempo perdido en ir de un taller a otro. Apenas llega a un sitio, realiza sobre el papel o la tela lo que ya había dibujado en su cabeza".
Aunque es cierto que mucho ha sonado Botero en los últimos meses, "Botero, la pintura" constituye de alguna forma la pieza que hacía falta para que su homenaje quedara completo.

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