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| 4/16/2011 12:00:00 AM

Ajami

Dos directores en la orilla opuesta del complejísimo conflicto de oriente Medio encaran la vida en un barrio de Jaffa. ***1/2

Título original: Ajami

Año de estreno: 2009

Género: Drama

Guion y dirección: Scandar Copti y Yaron Shani

Actores: Shahir Kabaha, Ibrahim Frege, Fouad Habash, Youssef Sahwani, Ranin Karim, Eran Naim y Scandar Copti

Cuesta verla como una simple película. Cuesta pensarla más allá de aquel conflicto doloroso, la guerra sin salida entre palestinos e israelíes, que sus escenas ejemplifican con la paciencia y las estrategias de un documental. No es fácil dejar a un lado la importante noticia de que sus dos directores nacidos en Israel en las dos orillas del problema, el judío Yaron Shani y el palestino Scandar Copti, fueron capaces de unirse para inventarse esta suma de relatos verosímiles, justos, críticos, protagonizados por hombres y mujeres que se ven obligados a heredar los enemigos de sus padres y de los padres de sus padres. Como sucede con cualquier obra interpretada por actores naturales, cuesta enfrentarse a ella como a una trama corriente. Pero cuando se hace, cuando se reduce a Ajami a un drama contado desde muchos puntos de vista, se centra la atención en la gracia con que se ha narrado todo y se revisa con lupa la consistencia de sus buenos personajes, el siguiente paso es darse cuenta de que en efecto se trata de un buen largometraje.

En Ajami, un emblemático pero decadente barrio de la ciudad de Jaffa en donde palestinos, árabes, cristianos e israelitas conviven a duras penas, y hacen lo que pueden para no caer en la tentación del crimen, la vida de varios personajes en el límite de sus fuerzas y de sus nervios se cruzan cuando un inocente cae asesinado en medio de una cadena de venganzas. El musulmán Omar, el hombre al que iba dirigido el atentado y que se pasa los días enamorado de la árabe cristiana Hadir, es obligado a pagar una multa gigantesca para que termine el baño de sangre. El palestino Malek, que ahorra lo que gana en el restaurante en donde trabaja, está dispuesto a todo para pagarle a su madre un transplante de médula ósea. El cocinero Binj se convierte, de la noche a la mañana, en una especie de traficante de drogas. El empresario Abu Elias los mira a todos de reojo como si fueran bombas humanas mientras cuida que no se le acerquen a su hija. Y Nasri, el niño que narra la historia, no desampara a su hermano porque sabe que lo pueden matar en cualquier momento.

Ajami es una película importante. Viene de la tradición de los cines realistas que aparecieron, de Italia a Brasil, después de la Segunda Guerra Mundial. Pertenece, con El paraíso ahora (2005) y El árbol de lima (2008), a ese valioso grupo de largometrajes que se atreven a contar historias en el marco del complejísimo conflicto de Oriente Medio. Y aunque se alarga y abusa de la cámara al hombro, y aunque las defensas se bajan por su honestidad y por el hecho mismo de que sus dos directores pertenezcan a las dos orillas de la confrontación (eso la hace, de por sí, importante), retrata a sus personajes con una energía y una convicción que pocas películas alcanzan: es eso, el gran talento de sus narradores, lo que nos lleva hasta la última escena.
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