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| 1/12/2008 12:00:00 AM

Al borde de la especulación

Invitado al Hay Festival, Anthony Beevor, uno de los historiadores más vendedores del mundo, habla de las relaciones entre ficción y realidad.

El historiador británico Anthony Beevor es el autor de obras detalladas sobre las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial (Estalingrado, Berlín y Creta) y sobre la Guerra Civil Española. Sus obras se han vendido por millones y han sido traducidas a 30 idiomas. El historiador llegará al Hay Festival, en Cartagena, para hablar sobre el conflicto y cómo narrar la historia.

SEMANA: ¿La historia es inmóvil o depende de quien la diga?
Anthony Beevor: No hay una versión definitiva de la historia. Constantemente se revisa y se reacomoda. Eso se debe hacer a partir de nuevo material que se descubra, y no de sólo un historiador que salga de una teoría controvertida para llamar la atención. Si usted lee una introducción de un historiador a un trabajo controvertido y dice lo sorprendido que se siente de haber descubierto algo, comienza a ser sospechoso. Generalmente quiere decir que cocinó una teoría y seleccionó material para que lo apoyara.

La historia nunca podrá ser una ciencia, en el sentido de que nunca puede ser verificada en las condiciones de laboratorio. Escribir la historia, por definición, es un proceso de selección de datos, así que nunca podrá ser enteramente objetiva. Aun si se incluyeran todos los hechos sin comentario, faltaría el testimonio de los muertos. Sobre todo, los historiadores nunca deberían hacer juicios retrospectivos sobre una sociedad previa imponiéndole los valores y las creencias de hoy.

SEMANA:¿Cómo recrear hechos de gente que falleció?
A. B.: No se pueden recrear los hechos sin mantenerse sobre el borde de la especulación, o arribar a la ficción. Lo que se debe hacer es usar el material disponible, como documentos del momento, reportes o diarios, en vez de las memorias escritas tiempo después del evento. Un trabajo de historia debería ser como un iceberg, con sólo la punta visible, pero las bases del conocimiento debajo y unidas por las más amplias fuentes deben ser mucho, mucho más grandes.

SEMANA:¿Su profesión es un trabajo solitario?
A. B.: No siempre, gracias a Dios. Tengo suerte porque casi todos los historiadores en mi campo son amigos, e intercambiamos consejos sobre archivos. Cuando trabajé en Estalingrado, tuve cenas en Moscú con Anne Applebaum mientras ella trabajaba en la magnífica historia del Gulag. Comparamos notas y fuentes. Pero sí se necesita una paciencia tremenda. Muchos archivos se catalogan mal, y a menudo no se sabe lo que se está buscando hasta cuando se encuentra.

SEMANA: Cuando falta un dato, ¿es posible la imaginación?
A. B.:Todo es muy posible, pero los historiadores serios no deberían contemplarlo. Eso se les deja a los novelistas. Sí se puede, en cambio, poner preguntas que no son contestables. ¿Podría haber sido evitada la Guerra Civil Española después de la fallida revolución de la izquierda en octubre de 1934? ¿Qué habría pasado si la derecha hubiera ganado las elecciones de febrero de 1936, son la única imaginación o creatividad permitidas.

SEMANA: En un país como Colombia, todavía en conflicto ¿es más difícil escribir la historia?
A. B.: Por muy objetivo que sea el historiador, las guerras civiles son más difíciles de investigar por muchas razones. Se destruyen los documentos, el destino de miles de víctimas es borrado, y la gente misma tiene miedo de poseer diarios o cartas que puedan ser descubiertos. El otro lío es que las guerras civiles son asuntos fragmentados, tanto geográfica como social y políticamente. Una narrativa coherente es muy difícil, pero se debe intentar a pesar de que nunca sea perfecta.
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