Viernes, 20 de enero de 2017

| 1987/07/20 00:00

AL MAL TIEMPO, BUENA CARA

Los misterios del mundo científico, otra novela de la nueva ola alemana.

AL MAL TIEMPO, BUENA CARA


Aunque la ciencia y la física, con todos sus adelantos e investigaciones, han proporcionado al mundo grandes logros, el viejo refrán de que "la naturaleza es sabia" aún sigue teniendo presencia y peso. Y es precisamente en esta carrera por descifrar y dominar el secreto de la sabiduría de la naturaleza, más especificamente del clima, donde se posiciona Yan Zabor, el personaje principal de "El Genio", primera novela del escritor alemán Dieter Eisfeld.

La novela atrapa la atención del lector no por su estructura--una narración biográfica que pretende trazar cronológicamente la vida y el proceso creador de este científico alemán del cual, a la hora de la verdad, no se tienen todos los datos precisos--sino por su reflexión sobre la utilización tanto comercial, política, como también bélica de los descubrimientos científicos en Occidente. Es precisamente este replanteamiento ético lo que subyace detrás de este personaje que como tantos científicos de este siglo sufre la soledad y la impotencia, si así se quiere, ante las presiones de la sociedad contemporánea. En un siglo donde se ha conquistado el espacio, donde el desarrollo tecnológico ha dejado de estar circunscrito al laboratorio o a los centros especializados para adentrarse a la cotidianidad, a la casa, a la oficina, a las aulas, aparece Yan Zabor con una máquina meteorológica que tiene la capacidad de manejar, provocando cambios determinados y deseados, el clima de una región, o varias regiones, del globo terráqueo.

La Máquina M., como el mismo científico la llama, es el resultado de un proceso de casi cuarenta años que busca, ante todo, mejorar el mundo a partir del dinamismo propio de la naturaleza pero controlado y reforzado por los adelantos del hombre. Para Yan Zabor la naturaleza es lo que el hombre hace de ella, idea esta un poco contraria a esa de que la naturaleza tiene carácter propio y que su manipulación es virtualmente imposible. Para lograr este fin de dominio Zabor parte de la idea de "dar a la naturaleza, allí donde fuera posible, una dirección nueva e inteligente" a través del instrumento por excelencia de este siglo: el ordenador (la computadora) el cual es el eje central de las prácticas físicas modernas. El problema para este científico alemán trasciende los parámetros de la protección del medio ambiente porque ve en este interés un trabajo superfluo puesto que la naturaleza tal como se encuentra está tan mal que volver a ella sería un disparate. Para Yan Zabor el problema es bien sencillo: hay que perfeccionar la naturaleza, darle una nueva dimensión que le permita salir de su subdesarrollo para que, mejorándola, mejoren igualmente las condiciones del hombre. Lo que parece ser la teoría y la posibilidad práctica más revolucionaria de los últimos veinte años del presente siglo, resulta, en últimas, una de las más problemáticas pues entran a jugar los intereses tanto públicos como particulares, los comerciales, políticos, y por supuesto los científicos. Aunado a lo anterior la Máquina M. también aporta el problema de no ser un instrumento acabado, perfeccionado, sino solamente el primer paso en un adelanto científico, lo cual sigue dándole a la naturaleza ese marco de azar que se entiende como su propia sabiduría.

Con su libro "El Genio" Dieter Eisfeld llega a sumarse a la nueva ola novelística alemana que inauguró y afianzó Patrick Suskind con libros como "El Perfume" y "El Contrabajo". Al igual que su compatriota, Eisfeld presenta la vida y el pensamiento de un hombre de este siglo que se ve viviendo y padeciendo desde su propia realidad las vicisitudes de la época. Los dos autores comparten una aproximación sicológica a sus personajes aunque a través de los temas tratan diferentes aspectos de la sicología humana. "El Genio" es un libro que abre las puertas a una reflexión sobre el proceso y las posibles consecuencias que el desarrollo tecnológico del mundo actual le ofrecen, o más bien, le imponen al hombre. Yan Zabor, como científico en la ficción, define "los diez grados de la desgracia" que muchos naturalistas del siglo XX padecen: la ambición sumada a la genialidad; las consecuencias de encauzar esta genialidad a través de una profesión tecnológica; llevar los conocimientos teóricos a la práctica y a la vez iniciar a otros por este camino; inventar algo que realmente funciona y que por su función misma resulte un producto atractivo para los comerciantes y para la codicia militar, política y económica donde, por su innovación, no existan las disposiciones jurídicas o fatídicas que detengan el abuso de dicho invento tecnológico. Toda esta trama, finalmente, significa que no hay posibilidades de encontrar a nadie que se responsabilice de los efectos destructores que hacen inevitable la catástrofe. Independientemente del clima, estos padecimientos del hombre actual son dignos de reflexión y eso logra esta novela, considerada un best seller de hoy y que ratifica el magnífico momento de la narrativa alemana.--

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