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| 8/29/1983 12:00:00 AM

AL OIDO DE ERNESTO

Después de "Años de Fuga" ha llegado la hora de preguntarle a su autor cuándo piensa regresar

"Años de Fuga", ganador del premio Plaza & Janés de 1979, sigue siendo importante porque es un libro que perdura. Es un libro, además, que no ha tenido toda la atención que merece por parte de la crítica y me parece que debemos volver a él.
Volver a él es recordar ciertos episodios del libro. En ellos, P.A.M. demuestra ser un gran narrador que domina el arte de la evocación cuando, con estilo sobrio y elegante, cuenta la niñez de su protagonista, Ernesto.
Este relato, por su fuerza descriptiva, tanto de los personajes como del medio ambiente, tiene una carga emotiva electrizante donde el patetismo es apenas sugerido, confiriéndole así su carácter de realismo estremecedor. Lo misma sucede con el relato de su vida de estudiante. Luego, con originalidad y maestría, el autor sabe situar a sus lectores en el mismo plano que los personajes de su novela para que presenciemos con ellos el día de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. En un enfoque plasmado de estupor y de dolor, por ser testigos impotentes frente al drama que acaba de producirse, nos conmueve profundamente con este relata sobre el "bogotazo", causándonos un efecto impactante.
Volver al libro es ante todo recordar a Ernesto, su protagonista inolvidable. Lo recuerdo como intelectual sólido, honrado, inquisitivo, generoso, patético, idealista frustrado. El sabe mirar muy bien a su alrededor. Con agudeza y sensibilidad nos describe los diferentes ambientes que lo rodean, ya sea en Colombia, Francia o España. En Europa lo vemos generalmente en muy malas compañías. La mayoría de los muchachos y muchachas que lo acompañan parecen rescatados de un naufragio, tan desorientados y tan vagos como perplejos, buscando el escape por medio del licor, de la marihuana y del sexo. Ernesto tiene una época de gran disipación, pero cuando conoce a María, una joven colombiana fugitiva también (de su marido), demuestra que sabe amar bien. Sabe entregarse con generosidad. Sabe sacudir y restituír los valores y sentimientos que tratamos de dejar adormecidos, para no vivir con cierto malestar, para no comprometernos.
De personalidad muy atractiva, tanto cultural como humanamente, Ernesto es una auténtica creación literaria muy bien lograda que se sale de la ficción para ser verdaderamente vivo y real a través de toda la novela.
A un hombre como él hay que perdonarle todo: los diálogos a veces banales, a veces inútiles, la gente aburrida y aburridora que lo persigue, sus proezas sexuales, porque todo en él es grande. Tan grandes son sus debilidades como sus ideales, su honradez consigo mismo y con los demás. Termina "Años de Fuga" con un Ernesto desencantado que no ha dicho aún su última palabra y es el momento de preguntarle si ha pensado quizás en el "tiempo del regreso".
Lydia Ramírez
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