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| 8/20/2001 12:00:00 AM

Al servicio de la revolución

Durante un mes el MamBo presenta una extraordinaria retrospectiva del pintor y muralista mexicano Diego Rivera.

"Se ha dicho que la revolución no necesita del arte pero que el arte necesita de la revolución. Eso no es cierto. La revolución sí necesita de un arte revolucionario”, fue la consigna de Diego Rivera y nunca se cansó de pregonarla. Desde que tenía 6 años empezó a dibujar levantamientos populares con señores ricos bien armados y balas persiguiendo a los policías. Cuando cumplió 8 años su padre halló una gran cantidad de papeles en los que el pequeño había dibujado planes de batalla, de guerras, de expediciones militares. “La alegría de mi padre al descubrir aquella afición fue inmensa”, confesó el propio Rivera muchísimos años después.

Esa fue la constante de su vida. El arte y la revolución siempre de la mano. Como pintor y muralista, pero también como fundador del Partido Comunista mexicano. Siempre insistió en que el arte debería ser para el pueblo y no para la burguesía. “Si el pintor logra pintar arte para el proletariado, el proletariado lo comprenderá. Es más, el proletariado defenderá su arte, arte proletario, con la misma energía con la cual defenderá todo aquello que él encuentra necesario para su alimentación y necesidades de su clase”, decía.

De todo eso da fe la exposición que desde el 16 de noviembre y durante un mes presentará el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo). Se exhibirán 40 de sus obras de caballete, que pertenecen a la colección del Estado de Veracruz y que Rivera realizó entre 1904 y 1956. La muestra estará complementada con una exhibición de fotografías que pertenecen al Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, que narra las diferentes etapas de la vida del artista.

Arte comprometido

En Guanajuato, donde nació el 8 de diciembre de 1886, lo llamaban el “niño prodigio” y más cuando su padre halló el prematuro compromiso político de su hijo. Rivera jamás olvidaría las injusticias que padeció: “Desde entonces mi cariño a los mineros, a mi padre y a los campesinos cobró un sabor amargo y, por decirlo así, se arraigó dolorosamente. Tenía yo entonces 6 años”.

Y fue tal el impacto que no se cansó de pintar campesinos, mineros, la vida mexicana, los paisajes y su pasado indígena. “En México principalmente a campesinos porque México es esencialmente campesino; en cuanto a mí, yo nací en una mina”. Una vez llegó de Italia, en 1921, viaje que marcó su paso al muralismo después de conocer los grandes frescos italianos del Renacimiento, se vinculó al sindicato de pintores creado por David Alfaro Siqueiros, uno de los tres grandes muralista mexicanos junto con Rivera y Orozco. Contratado por Henry Ford viajó con su esposa, Frida Kahlo, a Detroit, en donde pintó grandes murales. En Nueva York, en el Rockefeller Center, su obra se vio interrumpida cuando intentó incluir en un mural la imagen de Lenin. Además Rivera encubrió a León Trotsky en su casa cuando éste huyó de la Unión Soviética acosado por Stalin. Rivera siempre tuvo presente su compromiso político: murió en 1957 en Moscú, a donde viajó para estudiar el arte del realismo socialista.

Con esta muestra, una de las más importantes que hayan llegado a Bogotá en mucho tiempo, se cierra con broche de oro un año marcado por grandes exposiciones y retrospectivas.
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