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| 5/11/1987 12:00:00 AM

ALIANZA EDITORIAL

Con la comercialización de sus libros, la literatura de la Universidad Nacional sale de la clandestinidad

La "literatura oficial", esa que se hace en las imprentas del Estado sacando libros de senadores, ministros, gobernadores, alcaldes, procuradores y muchos más funcionarios públicos, no es la más interesante pero sí la más costosa. Las memorias de los ministros o gerentes, después de haber terminado su labor, suelen ser editadas con lujo: papel satinado, carátulas duras y con tirajes de miles de ejemplares. Su difusión es impresionante pero no su asimilación, porque los que han leído con detenimiento alguna de esas "joyas", se pueden contar con los dedos de una mano.
Sin embargo, a partir de unos años, la mentalidad viene cambiando en algunas instituciones públicas. La pionera es sin duda Colcultura, que en la época de Gloria Zea editó buenos libros, a precios muy razonables, aunque el tiraje, en muchas ocasiones, resultó escaso. Procultura, es también otro ejemplo de efectividad oficial porque se editaron libros interesantes aun cuando su comercialización nunca fue ni siquiera regular, al punto de que el año pasado de 220 mil libros editados en bodega se encontraban 200 mil, por lo que sabiamente decidieron buscar una editorial para que los comercializara.
Pero estas dos entidades no son las únicas que tiene el Estado para mostrar su materia editorial. El caso de la Universidad Nacional es en este sentido uno de los más significativos por su efectividad y buen criterio comercial, con la publicación de 50 títulos y muchísimas revistas de las diferentes facultades. Aunque la experiencia editorial de la Nacional no es nueva, porque ya desde el año de 1868 y por espacio de doce años se publicó en los Anales de la Universidad todo el trabajo intelectual producido por sus profesores, esta labor no ha sido periódica. Sólo hasta el año de 1969 se creó una oficina de publicaciones con el objetivo de centralizar toda la investigación que emana de ese centro. Y hace dos años, bajo el auspicio del doctor Marco Palacios, se inauguró el Centro Editorial, cuya finalidad es la de divulgar toda la investigación que realiza el cuerpo docente de la universidad. A través de este centro se han realizado publicaciones de áreas tan importantes pero tan disímiles como la antropología, la botánica, el arte, la filosofía y sociología, la economía, la arquitectura y en fin, toda la ciencia que produce una universidad de las dimensiones de la Nacional. Al frente de este Centro Editorial está Ana María Sierra, quien considera que además de lo que se estaba haciendo era necesario dotar esas publicaciones de una comercialización adecuada y efectiva para matar dos pájaros con un solo tiro: de un lado, llegar a traspasar los límites del campus universitario y de otro, generar recursos para proseguir con la producción editorial. Para tal fin, se realizó un contrato con la Editorial Alianza, firma que también se encargó de comercializar los libros de Procultura.
Y este criterio empresarial no riñe con el científico, al punto que ha sido precisamente esta filosofía la que ha permitido que una imprenta como la de la Nacional funcione porque está constituida como una empresa comercial del Estado y con ella la universidad contrata como si se tratara de un particular. También contó a SEMANA Ana María Sierra que se adelantan estudios que permitan realizar tirajes más ambiciosos, ya que los mil ejemplares que hasta ahora se hacen de cada título no permiten una mayor difusión: 250 se regalan a entidades relacionadas con la universidad, 100 se deben enviar obligatoriamente a la Biblioteca Nacional, 50 son para el autor y las 600 restantes son las que se pueden vender. Dentro de los planes está también el de realizar textos puramente académicos para los últimos grados de la secundaria y para los primeros semestres de pregrado, mercado que está casi virgen porque generalmente se estudia sobre textos importados a través de fotocopias. "Teniendo un capital humano tan importante como es el cuerpo docente y de investigación de la universidad se podrían hacer maravillas en este campo, no sólo para el consumo nacional sino para la exportación", dijo la directora del Centro Editorial.
Así que la Nacional entró en el mercado editorial pisando terrenos vedados a esa "literatura oficial" que se queda en las bodegas de las instituciones o sirve de trancapuertas o pisapapeles.
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