Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/08/06 00:00

Alta velocidad 2

Sylvester Stallone escribe y protagoniza, una vez más, la historia de un hombre que merece una mejor suerte.

Alta velocidad 2

Gracias a esta película, uno comprende porqué hay personas que se levantan a las 6 de la mañana de un domingo para seguir los movimientos de Juan Pablo Montoya en las carreras de Fórmula 1. Lo hacen, al parecer, porque las velocidades que los automóviles alcanzan son extraordinarias y cualquiera de los competidores puede irse contra un muro. Eso sí hay que reconocerle a Alta velocidad: que las secuencias de las competencias nos enfrentan con los nervios, el vértigo y el sudor de ese extraño deporte.

Lo que sí parece injusto es pedirle buenos diálogos, personajes dimensionados y momentos dramáticos a un largometraje dirigido por Renny Harlin y escrito por Sylvester Stallone. No porque ellos, a estas alturas de sus carreras, no sean capaces de lograrlo, sino porque desde las primeras escenas, cuando nos son presentadas las reglas del juego, queda completamente claro que se contará la historia de un torneo. En éste, un impetuoso novato, Jimmy Bly, aprenderá, bajo la tutela de un maestro de la conducción que habla idéntico a Rocky Balboa y gracias al apoyo de un visionario en silla de ruedas, las artes de la concentración y la paciencia. Así es. Alta velocidad no engaña a nadie. Sí, uno se muere de la risa cuando los personajes abren la boca. Pero, para los que madrugan los domingos, hay sentimientos heroicos, ajustes de cuentas y modelos espectaculares. Y bueno: una actuación inolvidable del propio Montoya, que, antes de comenzar una carrera, asiente unos tres segundos frente a la cámara. Es una buena señal. Su opinión, en estos casos, resulta importante.

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