Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2002/02/26 00:00

Amélie

Vale la pena conocer a Amélie Poulin: es ingenua y divertida y tiene un fabuloso destino por delante., 49540

Amélie

Director: Jean-Pierre Jeunet
Protagonistas: Audrey Tautou, Mathieu Kassovitz, Rufus, Yolande Moreau, Urbain Cancelier, Dominique Pinon

Amelie nacio en el mundo equivocado. Sus papás, Raphäel y Amandíne, no quisieron hacerle daño, pero él, que aún vive y es un triste doctor retirado, siempre fue un padre ausente y derrotado, y ella, su mamá, que murió cuando un suicida le cayó encima desde una torre de Notre-Dame, era más estricta que amable y prefería ser su profesora a ser su madre. Para sonreír, pues, Amélie se ha inventado su propio mundo. Sí, esa ha sido su estrategia hasta ahora, 13 de agosto de 1997, cuando se entera de que la princesa Diana ha muerto en un accidente, en el Puente del Alma, y, sorprendida, deja caer una tapa de botella que choca contra una pared y destapa el escondite de un tesoro de infancia.

Así, tal como suena: Amélie descubre que en una pared de su apartamento, en una caja oxidada, están los objetos favoritos de un niño. Entonces entiende para qué ha venido a la tierra: va a hacer feliz a los demás, va a ser un ángel, va a buscar por todo París al dueño del tesoro oxidado y, sin que se dé cuenta, sin que sepa que es ella la que lo está ayudando, va a cambiarle la vida por completo. Y no, no sólo va a salvarlo a él. Sólo tiene que mirar a su alrededor y descubrir que tiene muchas vidas por delante: está Madeleine, su vecina, que vive amargada porque su esposo murió siéndole infiel; Raymond, un anciano que nunca sale de su habitación y todos los días pinta el mismo cuadro de Renoir; Collignon, el tendero, que humilla todo el día a Lucien, su empleado, pero que le lloriquea a la mamá cuando tiene miedo; sus compañeras en ‘Los dos molinos’, el pequeño café en donde trabaja, que juegan a enamorarse de los clientes; y, finalmente, Nino, que colecciona fotos de cabina y huellas en pavimento fresco.

Jean-Pierre Jeunet nació para filmar esta gran película. Como en Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos, los dos largometrajes que dirigió junto con Marc Caro, en Amélie ha conseguido crear una historia llena de pequeñas anécdotas inolvidables y brillantes ideas visuales, pero esta vez no ha ahogado, en el proceso, a sus personajes. Es más: los ha seguido hasta el final, los ha querido, les ha dado la oportunidad de evolucionar y ser felices. Y lo ha hecho con pulso y sentido del humor, como si estuviera profundamente enamorado de su personaje principal, como si asistiéramos a un sueño de esos que hacen verosímil la realidad.

Amélie se da el lujo de ser irónica, humana y sensible sin caer en sentimentalismos a la italiana. Confía, con sabiduría, en la sonrisa de Audrey Tautou, que, como una Audrey Hepburn de este tiempo, y sin los tics de las actrices de las comedias románticas de hoy, logra crear un personaje ingenuo y divertido al mismo tiempo, una mujer que merece ser feliz y que cualquiera querría conocer. Por eso nadie debería perderse esta película. Porque es, al fin y al cabo, la única oportunidad de conocerla.

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