Sábado, 21 de enero de 2017

| 1983/05/30 00:00

AMIGO, ¿CUANTO PINTAS, CUANTO VALES?

Luis Caballero, desde su exilio en París, critica los criterios con los que se está juzgando el arte en Colombia.

AMIGO, ¿CUANTO PINTAS, CUANTO VALES?

Marta Traba inspira el mismo . sentimiento que una buena obra de arte: no deja indiferente. Que sus recientes declaraciones en Colombia hayan suscitado tantas controversias es, de por si, sintomático del momento que atraviesa la crítica de arte. Al menos así lo piensan algunos de los artistas colombianos que viven en París.
A pesar de la lejanía, la mayoría de entre ellos sigue de cerca, en efecto, la actividad de las artes plásticas que, vistas desde el exterior, se han convertido en la rama cultural más fecunda del país. Colombia conoce, pues, felizmente, una inflación de pintores y escultores.
"Sin embargo, el país sigue careciendo -nos dijo Luis Caballero- de críticos capaces de "analizar y ayudar a comprender lo que está sucediendo en el arte colombiano".
El pintor bogotano de 40 años admite que, como vive en París desde 1968, "es muy posible que las ideas que tiene del mundo artístico colombiano sean "parciales". Pero lo que ve y oye desde la capital francesa "no me gusta y me preocupa. Veo, por un lado, un mercado incontrolado y absurdo y, por otro, un deseo angustioso y un poco triste de incorporarse a la vanguardia cuando precisamente en todo el mundo las vanguardias se están muriendo".
SEMANA.: Un mercado incontrolado y absurdo, dice usted...
LUIS CABALLERO.: No es que me parezca mal que la pintura se venda. Lo que encuentro ilógico es que se venda sin ningún criterio y a unos precios completamente absurdos. Debe haber en este momento en Colombia por lo menos cincuenta artistas que viven de su arte y a mí me parece que, en una enorme mayoría, no son precisamente los mejores. Se han creado nombres y reputaciones sin ninguna base. Mejor dicho, a base de publicidad. Los precios suben, el público sigue comprando y entre más caro mejor. La calidad de la pintura se está juzgando por su precio de venta, lo que es completamente absurdo. Fijese que nadie pensaría nunca que Corín Tellado es mejor que Borges por el simple hecho de vender más libros.
Con la pintura en Colombia está sucediendo, precisamente, eso. Nadie habla de la pintura misma sino de sus precios y todo el mundo babea de emoción contando los ceros en los precios de los cuadros.
Las ventas se han convertido en el único criterio de juicio. Cada pintor quiere vender más y más caro que los demás. Todos venden. O por lo menos dicen vender. Y hasta los más jóvenes no piensan en otra cosa. A muchos de ellos los veo llegar a París desesperados por exponer y "triunfar", como dirán después los periódicos en Colombia. "Triunfo" que se convierte en criterio de juicio y que permite vender todo en Colombia.
Yo no creo que la pintura sea hacer cuadros en serie más o menos bonitos, más o menos "triunfados". La pintura es mucho más. Y ningún periodista me hará creer en esos "triunfos" aunque me los muestren respaldados por galerías prestigiosas y prólogos de grandes escritores No creo que los escritores sepan mucho de pintura. Y en cuanto a las galerías prestigiosas, habría que saber cuales son y en qué radica su prestigio. Las galerías son negocios simplemente. Aquí en París, en Bogotá, Nueva York, Tokyo o donde se quiera. Aun las más serias y mejores tienen pintores malos, simplemente porque se venden. Por eso no creo que el hecho de exponer en una galería más o menos buena indique la calidad del pintor. Olvidan que las galerías son negocio y que el mundo del arte se ha vuelto un mercado en el cual Colombia está empezando a figurar como comprador. Comprador no sólo de artistas colombianos. Y, en el fondo, ¿por qué no lo harían? En París, la galería Loeb tiene tres pintores colombianos, incluyendome a mí. Claude Bernard tiene otros tres y, en Nueva York, la galería Aberbach ha expuesto ya por lo menos siete pintores colombianos. Esto no significa que seamos mejores ni peores que los que exponen solo en Bogotá. Pero a veces me pregunto: ¿qué sucedería si, de repente, el mercado colombiano desapareciera? ¿Quién seguiría vendiendo, a qué precios y en dónde?
S.: El mercado es producto de sus propias leyes. ¿No cree que hay, más bien, un extraordinario retraso de la crítica con respecto al auge del mercado?
L.C.: No pienso que la crítica esté retrasada. Creo que la crítica ha desaparecido simplemente del mundo del arte colombiano. La crítica seria ha sido devorada por el periodismo espectacular. Los pocos críticos que quedan se alejan cada vez más del público defendiendo una vanguardia tan etérea y artifical, que la seriedad de su labor se pierde ante la pequeñez de lo que defienden. Quieren de buena fe que Colombia participe de los refinados placeres espirituales de la vanguardia y esperan humildemente que alguien del Museo de Arte Moderno de Nueva York descubra que no somos inferiores.
Olvidan que el arte nunca se ha hecho en función del arte como tampoco se hace en función de las ventas. Hay en Colombia artistas de la venta, vendedores de arte, pensadores de arte, artistas que no piensan y otros que de tanto pensar no pueden hacer nada más. En las revistas y en la televisión se habla de "triunfos" y en los museos se susurran "conceptos". ¡Que entre e diablo y escoja!, como se dice vulgarmente.
Por mi lado pienso que no hay nadie, en este momento en Colombia, que llene una función crítica constante. Alguien que diga con argumentos claros y serios qué cosas son buenas malas y por qué. Lo ideal tampoco sería un crítico sino varios. Con opiniones distintas. Con "conceptos" distintos, como se dice ahora, para que no se establezca una dictadura de la crítica. Los críticos se equivocan a menudo pero la falta de critica es aún peor, pues permite que se juzgue el arte solo en función de su éxito comercial.
En este sentido, las intervenciones de Marta Traba me parecen sanas paral el arte colombiano. Tal vez se equivoca en muchas de sus apreciaciones pero es incontestable que ella representa otra manera de ver y de juzgar. Un contrapeso a la ideología vanguardista de los museos de arte moderno y a los desenfrenos del mercado. Por eso no me extrañan las polémicas que ella ha suscitado. Son normales porque desde que ella se fue no ha surgido un crítico de arte con tanta personalidad. Esas controversias confirman, sin embargo, que Colombia está necesitando un debate serio a nivel de la crítica. En el país hay cada vez más pintores, más galerías, más revistas de artes, más exposiciones y más ventas, pero siguen faltando los críticos que, como Marta Traba, analicen y ayuden a comprender lo que está sucediendo en el arte colombiano.

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