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| 1/15/2011 12:00:00 AM

Amor de familia

El talentoso cineasta francés Rémi Bezançon retrata al padre, la madre y los tres hijos de una familia con un ingenio que no se ve todos los días.

Título original: Le premier jour du reste de ta vie
Año de estreno: 2008
Género: Comedia
Guión y Dirección: Rémi Bezançon
Actores: Jacques Gamblin, Zabou Breitman, Deborah François, Marc André Grondin, Pio Marmaï, Stanley Weber, Sara Cohen-Hadria, Camille de Pazzis, Aymeric Comerais, François X. Demaison.

Tengo un amigo que dice: “el cine malo, si francés, dos veces malo”. Su frase, como cualquier prejuicio, es mucho más común de lo que uno cree. Por supuesto: todo espectador se parte el alma en su trabajo de lunes a viernes, y puede invocar, en consecuencia, su sagrado derecho a cabecear en aquellas películas francesas que se regodean en las miserias de la burguesía. El problema es que por cuenta de esa percepción, por cuenta del rumor de que las películas hechas en Francia son todas iguales (aburridas, pretenciosas e inútiles), muchos pueden perderse un largometraje notable como Amor de familia. Que desde las primeras secuencias, gracias a una ingeniosa puesta en escena aprendida en el cine de estos años, a una banda sonora que pone de acuerdo y a un montaje hábil que lo tiene todo en marcha hasta el final, envuelve al auditorio en el retrato de cinco personajes que tratan de sobreponerse, sin mucho talento, a los peores ‘peros’ de la vida.

El título original es El primer día del resto de tu vida. Y cuenta 12 años en la biografía de una familia común y corriente, los Duval, por medio de cinco jornadas extraordinarias: una por cada miembro del clan.

La primera sigue al hijo mayor, Albert, cuando conoce a la mujer que se convertirá en su esposa. La segunda retrata a la hija menor, Fleur, la vez que toma la decisión de perder su virginidad. La tercera entra en la cabeza del hijo del medio, Raphaël, apenas pierde a la persona que más ha querido. La cuarta revela las insatisfacciones de la madre, Marie-Jeanne, antes de enfrentarla a una situación de vida o muerte. Y la quinta se acerca a la resignación del padre taxista, Robert, porque el cigarrillo ha empezado a hacerle a su salud todo lo que le advirtieron. La suma da como resultado la sensación de haber visto un meticuloso, sofisticado e inteligente álbum de fotografías (esto es: el valioso ejercicio de estilo de un cineasta al que habrá que seguir desde ahora) protagonizado por personajes que no merecían semejante esfuerzo.

Amor en familia corre varios riesgos, en forma y fondo, que no supera siempre con la misma gracia: desde su estructura episódica hasta su aparatosa reivindicación de la familia que narra. Promete, al comienzo, una mirada crítica que no llega. Y al final bordea, peligrosamente, los terrenos cursis de esa canción colombiana llamada El camino de la vida: “y brotan como un manantial las mieles del primer amor...”. Se la recomendaría a mi amigo, sin embargo, porque empieza a aburrir en la última secuencia, porque desde el principio hasta el final consigue girar a tiempo, porque logra decirnos lo que ya sabemos de la mejor manera posible. Se regodea, sí, en las miserias de la clase media: cómo no. No les encuentra la gracia a sus propios personajes. Pero consigue reflejarnos en su espejo, más o menos, con la gracia de las buenas películas.
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