Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/03/20 00:00

Amor y muerte

Para que un hombre alcance la dicha tiene que asesinar a su mujer. Esta delirante idea guía las ‘Memorias de un hombre feliz’, la nueva novela de Darío Jaramillo. SEMANA habló con él.

Amor y muerte

Su obsesión es que el lector aborde todo el libro en una sola sentada. Y parece imposible no hacerlo. “Créame. Soy un hombre feliz y en las páginas que siguen me propongo contarle cómo alcancé la felicidad. En otras palabras, esta es la historia de cómo asesiné a mi esposa”. Con esta confesión inicial se desarrolla la historia de Tomás, un ingeniero que a sus 24 años se ve envuelto, de repente, en un matrimonio con Regina García, una de las accionistas de la empresa donde está destinado a trabajar toda su vida. Consciente de su infelicidad, Tomás trata de justificar a través de sus memorias porqué decidió asesinar a su esposa para huir de una rutina no deseada.

Es así como se plantea Memorias de un hombre feliz, la nueva novela del antioqueño Darío Jaramillo Agudelo, quien ya ha alcanzado varios reconocimientos con La muerte de Alec, Cartas cruzadas y Novela con fantasma. En poesía también se ha consolidado plenamente. Incluso, en 1989, en la Casa de Poesía Silva un poema suyo fue declarado como la mejor muestra de amor de la poesía colombiana. Empieza así: “Ese otro que también me habita/ acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo/ ajeno o de ambos,/ ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel/ ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio...” SEMANA lo entrevistó.

Semana: ¿De dónde surgió la idea de que asesinar a la esposa es el primer paso para alcanzar la felicidad?

Darío Jaramillo: Arranca precisamente de la ocurrencia de tal afirmación: “Soy feliz después de que maté a mi esposa”. La idea no es mía. Yo la tenía por allí depositada en el subconsciente y por eso es que en alguna parte de la novela se le atribuye a un tercero una historia análoga. Alguna vez escuché la idea y resucitó dentro de mí para escribir el argumento.

Semana: ¿El hecho de que el personaje confiese el asesinato desde el primer momento no resta importancia a todo lo que cuenta en el libro?

D.J.: Todo lo contrario. Así tiene origen un cuento de Mario Puzo que a mí me encanta: “Yo soy Merlín. Lo que les voy a inventar aquí en seguida es un mundo en el cual va a pasar esto y esto y esto...”, como diciéndole al lector: usted se tiene que mamar estas páginas para que sepa qué pasó y cómo pasó. Para mí la técnica de la novela sin suspenso me parece muy atractiva. Ahí está la gracia y el encanto de las palabras, la gracia del cuento.

Semana: ¿Cómo escoge la manera como va a morir Regina?

D.J.: Eso fue un viacrucis terrible. En la primera versión de la novela ella moría de otra forma. Un amigo médico la leyó desde el punto de vista formal y desde el diagnóstico clínico. No sólo me dijo que las causas de muerte que exponía eran poco creíbles sino que había ciertas partes de la novela que no habían quedado muy bien escritas. Eso me indignó, pero también me obligó a cambiar la columna vertebral de la novela.

Semana: Igual decidió que Regina, una mujer fuerte, que nunca se enferma, de repente resultara alérgica a la aspirina. ¿Por qué?

D.J.: Bueno, es obvio. En primer lugar ella es una especie de Ursula. Es un arquetipo nuestro, producto de la realidad. Es común que alguien que nunca se enferma sea alérgico a la aspirina y jamás se entere. Y menos que eso la pueda conducir a la muerte.

Semana: Tomás se dice a sí mismo que reflexionar sobre nuestros actos no conduce a la felicidad. Pero en sus memorias no hace otra cosa que evaluarse. ¿No es contradictorio?

D.J.: Sí y no. El sabe que quienes se preocupan demasiado por la felicidad no son muy felices. Los secretos de la felicidad están en no darse cuenta que uno es feliz. Hay una frase en el libro que lo resume: “La felicidad es no sentir que el tiempo pasa. Ya los sabios lo han dicho: si todo, de repente, duplicara su velocidad, no lo notaríamos”.

Semana: ¿Por qué Tomás se casa con Regina si nunca sintió amor por ella?

D.J.: Yo creo muy verosímil que en un medio como el nuestro sucedan estas cosas, donde las familias lo terminan casando a uno. Este personaje que es un buen ingeniero, en una edad marcial en la cual no sabe dónde está parado de pronto se ve casado con una de las socias de la gran empresa donde trabaja. Eso sucede. Si él se enamora de ella la historia hubiera cambiado totalmente.

Semana: En medio de una historia tan cruel se ve una preocupación por introducir el humor. ¿Era ese su propósito?

D.J.: Como lector una de las cosas que más se recuerda gratamente son esos textos en que uno nunca suelta una carcajada aunque siempre le hubiera gustado hacerlo. Hay muchos ejemplos. Eso a mí me gusta y me interesa tratar de lograrlo: forjar una sonrisa en la mente del lector a pesar de que se esté enfrentando a una cosa macabra como un tipo que está envenenando a su mujer. Una de las preguntas que yo le hago a los lectores es si están de acuerdo en que Tomás asesine a su mujer y la mayoría están felices de que haya sido así.

Semana: Cuando se le viene una idea a la mente, ¿cómo decide si es mejor explorarlo en prosa o en poesía?

D.J.: No lo sé. Fue un problema muy grave en mi primera novela pues no sabía cómo tenía que contar. Lo que sí sé es que el contenido determina la forma. Yo trabajo en una rutina diaria que va de ocho a cinco de la tarde y mi tiempo de escritura se reduce a los fines de semana. Se me pueden ocurrir 60 ideas para una novela, y la dejo pendiente tal vez para retomarla a través de un apunte u otra cosa.

Semana: ¿En qué está trabajando ahora?

D.J.: Voy a terminar una novela que comencé hace muchos años. Es la biografía de un poeta inventado, que no soy yo, que no existe. Es divertido inventarle los versos a alguien para que no se puedan vengar de mí.

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