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| 6/30/1986 12:00:00 AM

AMOR Y MUSICA

"Sueños de amor", un filme con ambientación rural y personajes verídicos

Winchester, Virginia, en 1956, es un pequeño pueblo, aburrido, donde nunca ocurre nada, donde siguen pensando en la guerra civil y donde se dan las mejores manzanas del país. En ese escenario rural se desarrolla buena parte de la historia de esta película "Sueños de amor", una exploración dolorosa sobre las relaciones humanas, sobre el amor, sobre los celos, sobre la violencia y sobre todo, una exploración en torno a un elemento tan inasible, tan difícil como la fama, especialmente cuando ésta tiene que ser mordida por los elementos cotidianos, domésticos, que son capaces de acabar con cualquier sueño.
Los protagonistas de esta historia de amor se llaman Charlie Dick (interpretado por Ed Harris), y Patsy Cline (Jessica Lange, nominada al Oscar por este personaje). Charlie es un tipo rudo, casi analfabeta, que todas las noches después de trabajar duro en una imprenta, va hasta el único saloon del pueblo en busca de mujeres, cervezas y unas cuantas peleas.
Según él, todas las mujeres se le rinden porque, aunque nunca tiene dinero en los bolsillos, al menos posee un convertible que se transforma rápidamente en cama, es atlético, tiene malas maneras y las mujeres se sienten dominadas por ese salvaje. El lector adivinará que la noche en la cual comienza el relato de esta película, Charlie entra al salón de baile y descubre que en el escenario está una muchacha con botas y sombrero y traje de vaquero cantando esos temas pegajosos e ingenuos que componen el género country. El acoso se inicia enseguida. Cuando ella finaliza la canción y baja del escenario, él le dirá: "Quiero llevarte a alguna parte a beber un trago, quiero que bailemos un rato, quiero que nos conozcamos un poco mejor". Ella, que ha escuchado esa propuesta muchas veces que tiene un marido idiota que se la pasa en la casa, que necesita nuevas emociones, sin embargo le responde: "Pides demasiado, ¿cierto?", y lo rechaza.
Esa rudeza, esa violencia sutil se sentirá durante las relaciones de este hombre y esta mujer mientras se conocen mejor, mientras se aman con una pasión devoradora y destructora.
Son los personajes de una película que retrata muy bien la conciencia popular y rural norteamericana y la ironía es que haya sido un realizador checo Karel Reisz, el encargado de esta visión sobre un mundo que abarcará varios años de los sesenta mientras Patsy Cline, quien existió en la vida real y cuya voz sirve para doblar las interpretaciones de Jessica Lange, va ascendiendo, graba discos, se hace más conocida, es convertida en objeto de fastidio para ese marido que seguirá en esa imprenta mientras mejora la vida aunque por dentro ambos estén destrozados.
No es la primera película norteamericana sobre la vida de una cantante y los ejemplos abundan ("Nace una estrella", "La hija del minero" entre otras), sobre como Hollywood siempre se ha dejado tentar por esa peligrosa mezcla de música, amor cotidiano, crisis conyugal y violencia: aquí, Karel Reisz ha evitado con sagacidad las trampas sentimentales y sin dejarse envolver del todo por el género musical, se dedica más bien a escarbar en las heridas que se propinan mutuaente los personajes, a hurgar en ese dolor que los acompaña, a mirar con frialdad de entomólogo cómo los dos se van destruyendo a tiempo que la fama, el dinero, la popularidad por medio de discos y conciertos no significan nada positivo porque por dentro, los dos están acabados, golpeados, hastiados de esa vida de gato y perro que llevan. A su alrededor, la madre y la hermana y los amigos y los hijos son los testigos de esas relaciones sadomasoquistas que ni siquiera la música puede atemperar.
Nunca dos personajes tan opuestos, tan disímiles, habían intentado vivir juntos en una película como éstos: él es bravucón, ignorante, celoso, machista, grosero, sin sentido alguno del arte o la sensibilidad estética, mira en la carrera de la mujer sólo un medio para enriquecerse aunque retiene el trabajo en la imprenta para no depender de ella. La muchacha es romántica, ardiente, amante de sus hijos y su madre, enamorada del marido pero desde un principio comprende que existe una enorme fisura entre su carrera y esa vida angustiosa que lleva. Las peleas, los golpes, las caricias de reconciliación no son suficientes para desanimarla, pero ella sabe que está minada de muerte.
Los personajes son sinceros, reales, verídicos y las actuaciones de Harris y Lange, formidables, además de esa ambientación rural que agrega otro elemento de rudeza y violencia a la historia. Cuando comiencen los golpes, cuando la sangre fluya, cuando los gritos aumenten, el espectador comprenderá que se encuentra afortunadamente ante una excelente historia de amor y, por supuesto, una buena historia musical, con esa voz sensual de Patsy Cline, rescatada por la magia del cine y la boca de Jessica Lange.
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