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| 12/17/1990 12:00:00 AM

AMORES Y AMANTES

Un grupo de escritores demuestra que los protagonistas de la historia colombiana también tenían su corazoncito.

Pocas veces los investigadores e historiadores colombianos han intentado determinar hasta dónde las pasiones amorosas pudieron, en un momento dado, cambiar el curso de la historia. Los voluminosos tratados que se han hecho sobre los grandes sucesos del país son prolífilcos en análisis, disertaciones, aproximaciones, tablas estadisticas, citas y bibliografías. Pero ninguno incluye en su análisis las lágrimas de amor o las decisiones que se tomaron en la cama.
Convencidos de que el amor sí ha sido motor de la historia, un grupo de artistas se le midió a la tarea de abordar el tema y desenterrar de las biografías de los protagonistas de la historia colombiana, las emociones y frustraciones amorosas que vivieron tras bambalinas.
El resultado es un libro de doce cuentos, "De Amores y Amantes", que revela aspectos desconocidos de la vida íntima de Colombia. El libro, cuyo contenido oscila entre reincidentes amores no correspondidos hasta crímenes pasionales, está ilustrado por la pintora María de la Paz Jaramillo, quien trabajó con cada uno de los escritores para hacer con su pincel el perfil que los autores dibujaron en letra de molde.

Basados en hechos históricos, los autores recrearon los sucesos acomodándolos a su estilo. Hay, por lo tanto, historias en prosa o en verso, ensayos o cuentos, que intentan levantar el velo sobre la vida poco conocida de figuras como Vázquez y Ceballos, el sabio Caldas, Núñez, Anzoátegui o Bolívar.
La idea surge cuando María de la Paz, tras terminar una serie de cuadros sobre Bolívar y Manuelita, pensó en continuar ese tipo de series con otros protagonistas. Pero necesitaba las historias. Con el periodista Fernando Garavito y el investigador Fernando Umaña, amasó la idea durante dos años, para llegar a la conclusión de que el tema sí revestía relevancia por una razón que Antonio Caballero explica en el libro: "Las historias de amor, es decir, la historia contada desde el punto de vista de la pasión amorosa, es tan digna de atención como la historia económica o la militar o la de los conflictos sociales. Lo es incluso más porque influye sobre ellas". Y apunta su argumento con un ejemplo: "Ninguna de las versiones que existen sobre porqué Núñez dejó el poder, anula el hecho ese sí verificado de que don Rafael Núñez abandonó el poder para irse a Cartagena con doña Soledad, en vez de abandonar a doña Soledad para quedarse en el poder".

Con la idea del proyecto redondeada, nace "Camaleón", una editorial que, según sus socios, estará "dedicada al amor". En este primer fruto de su pasión literaria participan, entre otros, Pedro Gómez Valderrama, Carlos Lemos Simmonds, Juan Gustavo Cobo, Ana María Escallón, Eduardo Lemaitre y Otto Morales.
Aunque posiblemente en este país de críticos el libro levante discusiones, bien sea sobre la veracidad de los datos históricos o sobre la calidad literaria de la obra, la idea responde a un hecho que la historia de la humanidad se ha encargado de probar: el amor hace girar al mundo. Hay un sinnúmero de ejemplos que dan fe de eso. La historia de Helena y la guerra de Trova.
cantada por Homero, ilustra el triunfo del amor sobre la lógica económica. Si Paris no hubiera raptado a Helena, Troya no hubiera sido destruida y con ello el eje de la civilización no hubiera pasado del Asia Menor a Europa. La ruptura del equilibrio entre las dos mitades del mundo antiguo quedaría finalmente consumada como resultado de otras historias de amor: el del romano Antonio con la reina de Egipto, Cleopatra. La arabización de España tuvo como origen la pasión del rey godo Rodrigo por la famosa Cava, cuyo padre, indignado, abrió Andalucía a los moros. Hernán Cortés pudo so juzgar el vasto imperio de Montezuma gracias al amor de la Malinche. La "tierra adentro" de la costa caribe colombiana se le abrió a Pedro de Heredia por el amor de la india Catalina.

Finalmente, otro de los argumentos que llevó a los socios de "Camaleón" a sacar adelante el proyecto es que el amor, que tanto hace penar, eventualmente puede ser rentable.

ANZOATEGUI POR ESPINOSA
Germán Espinosa es cartagenero y autor de las novelas como "La tejedora de coronas" y "El signo del pez" y del libro de relatos "Noticias de un convento frente al mar". En el momento de elegir el protagonista de su cuento, se inclinó por José Antonio Anzoátegui, uno de los más interesantes oficiales del ejército libertador. Revolviendo los datos biográficos de Anzoátegui, Espinosa encontró varias versiones sobre su muerte y llegó a la conclusión de que "la verdad se ha tratado de ocultar por ser uno de los casos más dramáticos y trágicos de adulterio en la historia de nuestro país". A los 30 años y tras siete de fiel matrimonio, el General conoce en Pamplona a Cecilia Gómez, una bella joven de Duitama. A partir de entonces empieza a luchar contra la tentación. Tentación que lo lleva a la tumba.

"LA MASCARA AMOROSA DE LA MUERTE"
"De algún modo Cecilia Gómez iba también con ellos, con la soldadesca desarrapada, en la fantasía de ese brioso militar venezolano que acaudillaba a los "Rifles", a la Legión Británica, al "Barcelona" y hasta a los Bravos de Páez. Durante toda la mañana, el paisaje andino explayó su intenso verdor bajo el cielo ora límpido, ora aborregado, cegando a veces a las tropas con destellos alucinantes. En esos destellos se perfilaba más nítida la memoria ayer sepulta, hoy súbitamente obsesiva de Cecilia Gómez. Sus ojos negros, su cabellera como una negra llamarada.
Anzoátegui trató de alejarla pensando en su mujer, en sus dos hijas, a quienes hacía tanto no veía y que oraban por él (lo sabía) noche tras noche, en la ciudad de Barcelona, a orillas del lento Neverí y casi del vasto mar. En esa lejana ciudad que daba nombre a una provincia de la capitanía general de Caracas y en donde él había visto la luz veintinueve años atrás.
Se esforzó por reconstruir en la imaginación el rostro dulce de Teresa Arguíndegui, la abnegada venezolana, como él de recio tronco vasco, a la cual había desposado hace ocho años. Se esforzó también por imaginar a Juanita, su segunda hija, a quien jamás había conocido. A ellas, y sólo a ellas, ultrajaba esta repentina y obsesiva memoria, bullente en un hombre que, a diferencia de casi todos sus conmilitones, se había atareado en preservar incólumes sus votos conyugales. Mas fue en vano: Cecilia, únicamente Cecilia lograba habitar (o mejor usurpar) su atormentada mente. Teresa era apenas una semblanza diluida, un reflejo difuso en un estanque perturbado por manos inquietas".

DIONISIA DE MOSQUERA POR ABELARDO
Abelardo Forero Benavides, historiador y catedrático, encontró en la historia íntima de doña Dionisia de Mosquera, abuela del general José María Obando, "un aspecto oculto de esa parte de la historia de Colombia, en la que se mezclan la pasión y el crimen" Su hija, producto del adulterio de doña Dionisia con el socio de su marido, Pedro Lemos, fue la madre del general Obando, quien a su vez era primo de Tomás Cipriano de Mosquera: dos archienemigos en la historia de Colombia, ambos presidentes. Estos dos hombres que protagonizaron cerca de cincuenta años de la vida del país, nacieron en una familia que durante muchos años estuvo atormentada por el fantasma de un crimen.

"EL AMOR DE DIONISIA DE MOSQUERA Y PEDRO LEMOS"
"Pasaron los días y los meses sin recibir ninguna noticia del ausente. No se sabía dónde estaba ni porqué no volvió a escribir. Cuando se cumplió un año comenzó a descender la impaciencia en la esposa, que pensó que don Pedro había muerto. Veía doña Dionisia todos los días mancillar su belleza por el tiempo y la inutilidad de su privilegio. Nadie vino a encender la llama del amor en esa naturaleza anhelante y condenada a virtudes forzadas.
Con una frecuencia diaria veía a don Pedro Lemos, obsequioso y sumiso, y comenzó a forjar sueños eróticos en la frustración de la anhelosa espera. ¿A quién espero? Está ahí. Haciendo cuentas y vendiendo baratijas. Se despertaron sus instintos y sus ojos comenzaron a decirle a don Pedro Lemos que estaba dispuesta a la entrega. Don Pedro Lemos no era temerario pero a su vez comenzó a imaginar que estaba sometido al vasallaje. A su turno avanzó enloquecido y empezó el idilio. Su cabeza se pobló de deseos y al ver a doña Dionisia estalló el fuego. Los amantes se abrazaron en sus llamas.

Un buen día llegó una carta. El solo sobre lo decía. Era la letra de don Pedro Crespo. Resucitó el ausente. Se halla en Santa Marta. En breves dia llegará a Neiva. ¿Qué hacer? Don Pedro Lemos se desconcierta y balbucea. Doña Dionisia, con su ánima acerada, no tiene dudas. Revelación. Espera un hijo. No puede exponerse al deshonor. No puede serle infiel. El hijo en su entraña y el pecado en todo su devorante ardor, le inspiran la impía salida. Hay que matarlo".

CALDAS POR GARAVITO
Fernando Garavito, periodista y autor de los libros de poemas "Já" (1976) e "Ilusiones y erecciones" (1989), escogió para participar en "Amores y Amantes" la vida y obra del sabio Francisco José de Caldas, por considerar que éste "interpreta cabalmente el amor romántico por antonomasía y, en cierta forma, es el precursor del romanticismo en Colombia" . Si bien al sabio Caldas se le conoce en la historia por sus escritos científicos, pocos saben de sus disertaciones literarias. Según Garavito, es un escritor inédito. Su amor tardío -a los 42 años fue por Manuela Barahona, una joven de dieciséis, quien tras largas separaciones, impuestas por el oficio del científico, fue incapaz de mantener los votos que juró ante el altar.

"RETRATO FUGAZ DE CALDAS Y MANUELA
DE LEJOS
"Detrás del telescopio Caldas mira un mundo extraño para él. Hay guerra. A plena luz del sol alguien destierra la falsa libertad, pobre mentira. Y observa en la prisión su lejanía, y ve a Lalande y ve su Calendario -años que ya no son-, y el Semanario, un laberinto con la voz vacía. El tiene las estrellas en la mano.
Observa a Mutis con tristeza vana, también la soledad y la mañana. Y ve por los rincones algo insano: Manuela Barahona, atlas celeste, y el cielo azul y el cielo del oeste.

CARTA DEL ENGAÑADO
Estoy triste de ti, estoy perdido de estar y de vivir y de la muerte. Si la muerte me busca, el no tenerte es la muerte voraz, es el olvido. Y no puedo vivir el sin sentido de ser sin ser el ser que te convierte en un fuego de amor, y no en la inerte sombra de lo que fui, triste y herido. Abro los ojos a la noche. El viento trae voces y fuegos siderales. Oigo las voces. En el firmamento sigo tus pies desnudos, desleales. Sé que estoy solo. Muero en el momento en que miras la luz de los trigales".

SILVA POR BOTERO
Juan Carlos Botero, bogotano de 30 años, se dio a conocer en 1986 cuando su cuento "El encuentro" recibió el premio Juan Rulfo como el mejor relato escrito en castellano en ese año. Columnista del diario La Prensa, Juan Carlos se interesó por la misteriosa vida del poeta José Asunción Silva. Una revisión a la época y a los datos biográficos del poeta "me llevó a preguntarme, en realidad, ¿a quién había amado Silva? En la información existente había signos muy contradictorios. Unos lo pintaban como mujeriego y otros muy casto". Aunque todavía permanecen en el misterio muchas de las etapas de la vida de Silva, Botero concluyó que sus amores -que no llegaban a materializarse resultaban ser experiencias dolorosas que, irónicamente, nutrían de una forma fecunda y perdurable su obra poética.

"SILVA, O LA PRESENCIA DEL AMOR AUSENTE"
"José Asunción Silva fue víctima de su corazón. Corazón: jaula de arterias. Allí, el ave del amor, como una pasión de plumaje inverosímil y de ojos destellantes, revoloteaba tras los alambres de sangre que la retenían. Silva fue a la vez amo y mártir de esa ave. La alimentó, quizás más con fantasías que con experiencias reales; la cultivó, sirvió y escuchó, hasta la madrugada del 24 de mayo de 1896, cuando el poeta se recostó en su cama y silenció el animal con un balazo en el pecho. "El Corazón -como anotó Miguel de Unamuno por el que vivía y por el que iba a morir."
No es sólo una metáfora que el poeta haya terminado su vida con un disparo en el corazón.
Mucho más que un órgano era el eje vital que regía su pluma y su existencia. El amor en Silva consideró una paradójica obsesión: era cardinal y a la vez desatendido; una fijación irrenunciable, pero a la que parecía huirle; presencia activa en sus escritos, y curiosa ausencia en su vida.

Su relación con el amor se asemeja al hombre que dedica gran parte de su tiempo y energía en construir una embarcación, cuando le teme al agua. Aunque se ha establecido que las razones que llevaron a Silva al suicidio no fueron tanto sentimentales como financieras, en su corazón se cifran las claves de sus mayores alegrías, así como de sus más hondas tristezas. El amor, ciertamente, fue tema dominante en sus escritos. Sin embargo, ¿A quién amó Silva?"
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