Jueves, 19 de enero de 2017

| 1997/04/14 00:00

AND THE WINNER IS...

Con la película 'El paciente inglés' a la cabeza de las nominaciones, la carrera por los Oscar llega esta semana a la recta final.

AND THE WINNER IS...

La carrera anual por los premios Oscar ha entrado esta semana en su recta final y, tal y como sucedió el año pasado con cintas como El cartero y Babe, el cerdito valiente, en esta ocasión las producciones independientes han vuelto a dar en el blanco de las preferencias de la Academia, poniendo de paso en evidencia la crisis que atraviesan los grandes estudios de Hollywood para colocar sus superproducciones entre las más importantes nominaciones. Si bien en la pasada edición los independientes surgieron más como una amenaza y en última instancia Mel Gibson y su filme Corazón valiente terminaron llevándose los galardones más codiciados (mejor película y mejor director), esta vez lo más probable es que la competencia sea a otro precio. Primero, porque los grandes estudios de Hollywood sólo pudieron colocar a Jerry Maguire como su único representante en la categoría de Mejor película. Y segundo, porque entre sus rivales se encuentra una película de esas que podrían convertirse en un clásico. Se llama El paciente inglés, del director Anthony Minghella, quien antes de contar con el apoyo de la compañía independiente Miramax había golpeado sin éxito las puertas de los estudios de Hollywood durante más de cuatro años. Basada en la novela homónima del escritor canadiense Michael Ondaatje, El paciente inglés narra la historia de un romance de antología entre un refinado conde (Ralph Fiennes) y la esposa de su mejor amigo (Kristin Scott Thomas) en las dunas del norte de Africa durante la Segunda Guerra Mundial. Contada por medio de sucesivos retornos en el tiempo a partir de un accidente de avión que dejó a su piloto desfigurado, la cinta va descubriendo poco a poco el enigma de su identificación y el de su dramática historia.El lirismo del romance protagonizado por Fiennes y Scott Thomas hace remontar al espectador a Casablanca. Y lo cierto es que las dos películas tienen varios puntos en común. Ambas suceden en Africa durante la Segunda Guerra y en ambas se nota el sabor de un romance tan intenso como prohibido. Desde Casablanca un hombre no había sufrido tanto un amor como en El paciente inglés, y es un amor como este el que construye mitos.El otro ingrediente que puede hacer pasar a la historia a la película de Minghella, independientemente de que se lleve el Oscar, son sus escenarios. La majestuosidad del paisaje desértico, la naturaleza abierta como protagonista, sirve de ámbito espléndido a un romance cruzado por una fotografía que hace recordar a Lawrence de Arabia, Africa mía y Pasaje a la India.Estas características, sumadas a una emotiva narración, han hecho que El paciente inglés llegue a la noche de los Oscares con 12 nominaciones. Puede que no sea la mejor entre las de su género, pero posee el tono épico y lírico necesarios para hacerse anotar en el libro de los clásicos.La película de Minghella tiene, sin embargo, dos fuertes rivales entre los independientes: Fargo, de Joel Coen, y Secretos y mentiras, de Mike Leigh, dos cintas que no superan los siete millones de dólares de presupuesto y a pesar de ello han dado forma a dos historias de magnífica cinematografía. La primera es un elegante relato de cine negro alimentado por excelentes interpretaciones. La segunda es un drama familiar con un guión abrumador que estimula la brillante dirección de un realizador poco conocido pero con un enorme talento tras las cámaras. El otro filme independiente, Claroscuro, se ha convertido en la sensación del evento. No tanto por la película en sí, sino porque su conmovedora historia acerca de un pianista que triunfa por encima de sus problemas mentales ha sacudido al mundo por ser real. La última en discordia, Jerry Maguire es la que menos probabilidades tiene. A pesar de contar con el carisma de Tom Cruise, la comedia no es sino una más entre su género. Su nominación a Mejor película es para muchos un premio suficiente. Quizá por su candente tema y la serie de polémicas que ha suscitado alrededor del mundo la película Larry Flynt, el nombre del escándalo, la biografía del creador de la revista pornográfica Hustler se erigió en la gran descabezada del evento. Se trata de una producción de muy buena factura, merecedora de mejor suerte a pesar de que su realizador, Milos Forman, haya clasificado en la categoría de Mejor director. Forman, quien ya ganó el Oscar por Atrapados sin salida, se ha convertido en el favorito de los especialistas, por encima incluso del propio Anthony Minghella, de Joel Coen y de Mike Leigh.
Los actores
Si la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas continúa con la tendencia de preferir a los personajes discapacitados, el actor Geoffrey Rush está llamado a llevarse el premio al Mejor actor. Su interpretación como el perturbado pianista de Claroscuro, aunque excesiva y efectista, está construida según el molde de un jurado que en los últimos 10 años ha elegido siete actuaciones que tienen que ver con un trauma físico o mental: Nicholas Cage, por Adiós a Las Vegas; Tom Hanks, por Forrest Gump y Filadelfia; Dustin Hoffman, por Rain man; Daniel Day-Lewis, por Mi pie izquierdo; Al Pacino, por Perfume de mujer; y Anthony Hopkins, por El silencio de los inocentes.Entre las mujeres la competencia es más reñida. Aunque la favorita de la crítica es Brenda Blethyn por su desgarrada interpretación de madre sufrida en Secretos y mentiras, sus rivales poseen la intensidad suficiente como para merecer el Oscar, entre ellas Frances McDormand, como la perspicaz policía embarazada de Fargo, y la propia Diane Keaton, cuya calidad como actriz no necesita presentación. Hollywood ha vuelto a abrir sus puertas a los fanáticos del séptimo arte, quienes estarán pendientes de la noche del 24 de marzo, cuando una nueva edición de los premios Oscar aparezca en la pantalla chica de millones de televidentes. Pero, a pesar de la comercialización del evento, lo cierto es que en esta ocasión, justo cuando los grandes estudios han disparado los presupuestos y los fabulosos taquillazos, los productores independientes han demostrado que no sólo hace falta plata para garantizar la calidad de una película. El solo hecho de que Fargo, Claroscuro y Secretos y mentiras, cintas de menos de 10 millones de dólares, compitan por la estatuilla a la mejor película, habla por sí solo.

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