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| 1/27/2017 9:57:00 AM

El libro que trae a Humboldt de vuelta a la vida

Andrea Wulf, una historiadora de ancestros británicos nacida en India, narra en ‘La invención de la naturaleza: El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt’ la vida y obra del padre olvidado del ecologismo.

Fue el científico más reconocido de su época, hasta Napoleón y Shakespeare lo leyeron, pero el mundo moderno poco dimensiona el valor de lo que hizo. Alexander von Humboldt, un joven de la clase alta prusiana del siglo XVII que se aventuró a explorar La Tierra, inventó el concepto de naturaleza que hoy conocemos: es una red de vida en la que cada acción que el hombre ejerce sobre ella tiene un efecto.

Este visionario ecológico que dudaba que el conocimiento se extrajera de los libros, se embarcó hacia Suramérica cuando esta era casi una tierra incógnita (1799), desechó una vida de privilegios para descubrir cómo funcionaba el mundo y descubrió casi 2.000 plantas y especies en el subcontinente que hasta el momento los botánicos del mundo desconocían. Fue amigo e inspiración de Goethe, pasó una temporada con el presidente estadounidense Thomas Jefferson y fue testigo del día en que Simón Bolívar prometió liberar Venezuela por primera vez. Eso y mucho más es lo que cuenta la historiadora Andrea Wulff en su obra, un libro que no solo muestra la grandeza de Humboldt sino la vigencia de sus ideas. Este sábado estará en el Hay Festival Cartagena hablando con Alberto Gómez Mejía -el ‘don’ de los jardines botánicos en Colombia- en el Teatro Adolfo Mejía, y SEMANA habló con ella.

Puede leer: Alexander von Humboldt, el primer ambientalista

SEMANA: ¿Cuánto tiempo duró investigando sobre Humboldt?

Andrea Wulf (A.W.): Es difícil decir cuánto tiempo me tomó porque empecé a recolectar material hace unos años simplemente porque estaba interesada en Humboldt pero no porque fuera a escribir un libro sobre su vida. Pero a la investigación como tal le dediqué tres años enteros. Traté de seguir sus pasos tanto como pude pero, a diferencia de él, no soy una aristócrata rica, entonces no pude durar 5 años haciendo lo que él hacía, que habría sido genial.

SEMANA: ¿Qué paisaje, de los que visitó, la impresionó más?

A.W.: El cerro Chimborazo, que es el volcán y la montaña más alta de Ecuador y el punto más alejado del centro de la Tierra, es decir, el punto más cercano al espacio. Fue el volcán más importante para Humboldt porque en su época (1802) se creía era la montaña más alta del mundo. Subirlo fue, para él, muy importante en su proceso de entender a la naturaleza porque entendió que hay vegetaciones globales, que se repiten en varios lugares del mundo por más lejanos que sean y para mí fue muy importante ver eso mismo. Yo llegué a los 5.000 metros de altura, él alcanzó los 6.000.

SEMANA: ¿Cómo logró Humboldt combinar cosas tan opuestas como experimentar la naturaleza a través de los sentimientos y medir todo a la vez?

A.W.: Esa es justamente una línea muy artificial que hemos dibujado en nuestra época porque en la de él las artes y las ciencias no estaban tan separadas. La idea de que hay que utilizar los sentimientos para entender la naturaleza no era tan descabellada como ahora. Por eso, en cierta forma, él es un puente entre la Ilustración y el Romanticismo. Por un lado es un científico que cargaba 42 instrumentos científicos a través de Latinoamérica porque estaba obsesionado con las mediciones y por el otro nos dice que usemos nuestra imaginación y sentimientos para entender la naturaleza. Eso es algo que aprendió de Goethe.

SEMANA: ¿Cómo era entonces su concepción del conocimiento?

A.W.: Nunca se vio como un científico que escribe libros de ciencia para otros científicos, quería hacer el conocimiento asequible para cualquiera. Decía que el contacto con la naturaleza era la fuente del conocimiento, no los libros. Por eso sus escritos son un tipo de libro científico totalmente distinto al habitual: conjuga información cuantitativa valiosa con poéticas descripciones de los paisajes que veía y bellísimas ilustraciones. Nadie había hecho eso antes.

SEMANA: Usted ha dicho que si pudiera traer a alguien del pasado lo traería a él y lo invitaría a una fiesta. ¿Por qué?

A.W.: Porque es tan aventurero que sería genial poder oír durante toda una noche sus anécdotas e historias de viajes. Quisiera saber todo lo que no puso en sus diarios, cómo era el mundo para él, cómo veía Suramérica cuando estaba viajando. También porque él se sentía tan cómodo en tantas disciplinas que no sería aburridor en ningún momento. Sería el conversador perfecto.

SEMANA: ¿Cómo logró hacer de una biografía científica una historia fascinante que aunque no tiene nada de ficción parece una novela?

A.W.: Yo tengo la convicción de que la historia de la ciencia debe ser contada como una historia [story]. Por eso en español no existe esa diferencia, porque todo debería ser contado de manera fascinante. Busco elementos que le aporten vida a la historia, lo que en este caso fueron las cartas y los diarios de Humboldt. Y lo otro fue la descripción detallada de los lugares. Personalmente no puedo describir un paisaje si no lo he sentido, por eso viajé durante 3 años a los lugares de los que quería escribir.

SEMANA: ¿Qué tan relevante es su libro para estos tiempos?

A.W.: Mucho porque el concepto de naturaleza que acuñó Humboldt es el que usamos ahora. Él veía la naturaleza de manera sistémica, sabía que cualquier alteración que sufriera un ecosistema o una especie iba a repercutir en otros y así se dio cuenta de lo vulnerable que es. Por eso es el primero en predecir el cambio climático inducido por los humanos. Es el padre olvidado del ambientalismo y los ecologistas no se han dado cuenta que todas las teorías en que basan sus luchas provienen de la manera como Humboldt concibió la naturaleza. Eso ya es un motivo suficiente para hacer el libro.

SEMANA: ¿Es posible que hoy en día exista alguien como Humboldt?

A.W.: No lo sé pero lo que no creo posible es que haya una persona que actualmente tenga todo el conocimiento en la cabeza, como le pasaba a él en su época. Ahora con el Internet y la globalización hay tanto conocimiento que no es posible que alguien lo sepa todo. Pero sí estoy segura de que hay gente que puede reunir el arte y la ciencia.

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