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| 10/20/2007 12:00:00 AM

Antes y después de Babel

El violonchelista mexicano Carlos Prieto hace un erudito y ameno recorrido por la historia de las lenguas.

Carlos Prieto
Cinco mil años de palabras
Fondo de Cultura Económica, 2007
309 páginas

Hace seis o siete millones de años, el homo sapiens era un primate como los chimpancés y los gorilas. Pero de pronto, por una mutación o un chispazo providencial, tuvo la facultad milagrosa del habla. Un don maravilloso que permite comunicar las ideas más complejas, transmitir diversos conocimientos y ha hecho posible las pirámides de Egipto, el Partenón, la música de Bach, la Capilla Sixtina, los calendarios mayas, las computadoras y la exploración del espacio. Para bien -o para mal- esa ha sido la aventura humana, mucho más interesante que la del chimpancé: el comportamiento del chimpancé actual es el mismo que el de sus antepasados de hace centenares de milenios.

No sabemos cómo fue esa primera lengua, pero es casi seguro que poseía riqueza de vocabulario y complejidad, al igual que cualquiera de las 6.800 de hoy, incluidas, por supuesto, las de las tribus primitivas en Nueva Guinea o la Amazonia. Con aquella, se podían hacer combinaciones de palabras, construir infinitas frases, algo imposible en la utilizada por los cercopitecos verdes, unos monos de África que tienen el lenguaje más desarrollado analizado hasta ahora y que sin embargo, sólo les alcanza para expresar unas pocas ideas: "mono dominante", "mono subordinado", "mono peligroso", "leopardo", "águila", "serpiente", "manada rival".

El homo sapiens, que apareció en una pequeña zona del centrosur de África, empezó a emigrar y en ese proceso la 'protolengua' inicial -de la cual provienen todas- fue cambiando a medida que cada grupo humano evolucionaba y se diferenciaba de los otros. En términos cualitativos las lenguas no son muy diferentes y por eso no hay que extrañarse de encontrar parentescos entre el español y el ruso, el hindi y el afgano, distintos en apariencia y lejanos en la geografía. La sílaba ma se repite casi universalmente para decir mamá: ma en chino, mat en ruso, mama en italiano, mom en inglés, ama en vasco, mam en hindi, etcétera.

La población crecía y se dispersaba al tiempo que los idiomas se multiplicaban. La lengua primigenia de hace 130.000 años se fue transformando poco a poco en miles de idiomas. El punto más alto se dio en el siglo XVI, con cerca de 15.000 lenguas. Desde entonces, hemos visto la disminución del caudal lingüístico. Se vaticina que 2.000 lenguas se extinguirán en los próximos 50 años y 4.000 en un siglo. "Cada lengua que se extingue representa un enfoque humano que se pierde". Aunque, la otra cara de la moneda es la expansión y la concentración: las "megalenguas" como el chino mandarín, el inglés, el hindi y el español ocupan espacios cada vez mayores: entre hablantes nativos y personas que las utilizan como segunda lengua, representan el 40 por ciento de la población mundial.

Las anteriores tesis, que debaten los académicos y que representan las investigaciones más recientes sobre este tema, son presentadas en forma bastante clara y amena por Carlos Prieto, un hombre sabio y polifacético: ingeniero, economista, empresario, ensayista y, como si fuera poco, uno de los más destacados violonchelistas mexicanos. Pero las teorías son apenas el abrebocas. La mayor parte del libro se dedica a contar la apasionante historia de los principales idiomas que, desde luego, tiene relación con los avatares políticos y religiosos. Por obvias razones, el español ocupa su mayor atención. Hay datos eruditos y precisos, combinados con divertidas y curiosas anécdotas. Entre muchos capítulos interesantes, quisiera destacar el referente al latín. Nunca alguien me había explicado de manera tan clara sus declinaciones y toda la belleza de su forma sintética. Mientras necesitamos cinco palabras en español para decir El olor de la rosas, al latín le basta con dos: Odor Rosarum. Pero no vaya a creerse que Prieto es un nostálgico del pasado. Las lenguas cambian gracias al habla popular y a él, con las palabras de Alfonso Reyes, le parece muy bien: "Si a los cultos estuviera confiado dar aliento a los idiomas, todavía estaríamos hablando latín".
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