Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/02/28 00:00

Antes que el diablo sepa que has muerto

Dos hermanos planean robar la joyería de sus padres en esta estupenda película del norteamericano Sidney Lumet. ?<br><br> <br><br> 1/2

Antes que el diablo sepa que has muerto

Título original: Before the Devil Knows You Are Dead.

Año de estreno: 2007.

Actores: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, Rosemary Harris, Brian F. O'Byrne.



SIDNEY LUMET HA dirigido, a los 83 años, otra película que deja sin aire: Antes que el diablo sepa que has muerto. Nadie le estaba pidiendo que lo hiciera, porque sólo un tonto podría reclamarle algo al autor de clásicos como Doce hombres en pugna (1957), La colina (1965), Tarde de perros (1975), Network (1976) y Un lugar en ninguna parte (1988), pero ha vuelto a conseguir uno de esos devastadores dramas morales que logran hacernos sentir compasión por seres humanos que han cometido actos repugnantes. Los personajes de Lumet van por el borde, están desesperados, no dan más. Dudan de todo lo que existe. No saben qué creer. Y tratan de agarrarse de sus familias, aunque el infierno quede adentro, aunque estén ahí sus peores enemigos, como si se tratara de agarrarse de una rama al lado del abismo.

Quizá sea eso, la angustia terrible de sus héroes, lo que nos acerca incluso a las menos afortunadas producciones de Lumet: terminamos de ver sus tragedias, por más enrevesadas que sean, con la sensación de que podrían pasarnos a nosotros.

Antes que el diablo sepa que has muerto, filmada sin aspavientos, actuada con una precisión pasmosa por un elenco conformado por algunos de los mejores actores que se consiguen en el mercado, contada a saltos porque era, sin duda, la manera más efectiva de hacerlo, nos pone del lado de un par de hermanos patéticos que deciden robar la joyería de sus padres para salir de líos económicos. El autor intelectual, Andrew, pretende salvarse, de un solo golpe, de una carrera desastrosa, de una denigrante adicción a las drogas y de un matrimonio más que decadente. El autor material, Hank, busca garantizar la manutención de su hijita antes de que la irresponsabilidad de cada día lo acabe de hundir en el fracaso. El plan es, por supuesto, despreciable. Y pronto, muy pronto, la torpeza con que será ejecutado sacará lo peor de todos los miembros de la familia.

Por algo, aquella niña recitará un parlamento de El rey Lear en la presentación de su colegio. Por algo, 'duda' será la palabra más clara en ese tablero de Scrabble.

Han pasado 50 años desde que Lumet, un profesional entrenado en la televisión, se atrevió a dirigir su primera película. Sin embargo, aunque también sea el hombre detrás de joyas como Largo viaje del día hacia la noche (1962), Punto límite (1964), El prestamista (1964), Serpico (1973) y Veredicto (1982), nunca ha sido reconocido por la crítica como un autor norteamericano de la misma manera como lo han sido Stanley Kubrick, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Sus colegas han sabido reconocerle en vida, en estos últimos años, su estatus de maestro del cine. Pasarán varios años, sin embargo, antes de que algún espectador de a pie se asome, con calma, al mundo que Lumet descubrió. No sobra, pues, ir adelantando que muy pocos cineastas pueden darse el lujo de haber firmado 10 grandes películas. n

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