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| 4/9/1984 12:00:00 AM

ANTES QUE EL CUADRO, LA PARED

Félix Beltrán habló para SEMANA sobre el estancamiento del cartel cubano.

¿Hay una crítica o una autocrítica en las palabras de Félix Beltrán acerca de un estancamiento en el cartelismo y un eventual cierre de miras en la cultura oficial cubana?
Sin ser una "prima donna" en el movimiento cultural de la isla, al cabo de más de 400 exposiciones colectivas y medio centenar de individuales, Beltrán es considerado por la crítica internacional como uno de los más serios exponentes del cartelismo cubano, lo cual no ha obstado para que éste señale una actitud retrocesiva tanto en la esfera oficial de la cultura, como en la propia crítica que "se aferra a carteles producidos en etapas anteriores".
Hasta 1983 Beltrán ocupaba las presidencias de la sección de Artes Plásticas de la Unión de Escritores de Cuba y del Comité Cubano de la Asociación Internacional de Artes Plásticas, desarrollando al tiempo actividades dentro de la investigación y la docencia, cuyo ejercicio le situó ante una tarea pioneril en el diseño gráfico cubano desde los primeros años de la revolución.
SEMANA: ¿Cuál es actualmente el panorama del cartel cubano?
FELIX BELTRAN: Lo que está ocurriendo es que el cartel cubano existe ahora con una deficiencia tremenda, se encuentra en un período bastante nefasto de repetición de estereotipos que se aplican, a veces, indiscriminadamente, pese a las diferencias de los casos concretos. Tampoco existe un ensanchamiento de las posibilidades técnicas. Uno de los aspectos más positivos de nuestro cartel fue que en condiciones muy adversas se creó un estilo que tenía explosividad, de colores planos, sensacionalista en ese sentido. Hoy no existe una renovación y por ello el público pasa todavía con más indiferencia frente a él, puesto que el paso inicial de un cartel es no ser insípido y aburrido.
Cuba es un país con una abismal escasez de recursos y esto condiciona un poco el estilo del cartel cubano. No es factible, por ejemplo, reproducir una fotografía en su más alta expresión debido a que no se tienen los recursos o los papeles adecuados.
El cartel cubano tiene, o tenía, porque creo que ha declinado considerablemente, su intencionalidad, su papel social, sus aspiraciones. Claro está, en un comienzo no era fácil y con el transcurrir del tiempo las ideas por expresar en el cartel se fueron haciendo más difíciles de comunicar, pese a lo cual, en ocasiones, encontramos ideas de bastante nivel de complejidad expuestas a través de un cartel. Sin embargo, en este sentido se llega a situaciones en las que el cartel resulta insuficiente, obsoleto, como medio para transferir ideas.
S.: ¿Por qué "obsoleto"?
F.B.: Creo que hay una tendencia mundial a sobrevalorar el cartel, cuando realmente éste se encuentra en medio de una brutal y caótica competencia visual que atenta contra su efectividad. El público de la ciudad, porque el cartel es un fenómeno urbano, antes que rural, pasa indiferente, no busca el cartel, aunque éste trata de interferir el círculo de su interés. Esto ha hecho que el cartel trate desesperadamente de replegarse, de huir a los interiores para escapar de esa competencia con vehículos de diversos colores que transitan frente a él. Curiosamente al cartel se le valora a partir de criterios anteriores, cuando sí era sensacional, estridente, cuando era un salto, un ruido en la calle. Ahora podemos decir que es un susurro que no lleva al público a actuar sobre los productos que anuncia. Y de otro lado es un cartel al que se acosa con restricciones de no fijarlos en ciertas partes de las ciudades, haciendo más aguda su esencia, la temporalidad. Se trata de ideas efímeras. Se preservan catedrales góticas de la edad media, pero no se preservan carteles de esa época. Son como el viento que así causen remolinos, éstos finalmente desaparecen.
S.:¿Además de la escasez de recursos, a qué obedece esa "declinación ", esa limitación de horizontes para el diseño cubano de hoy?
F.B.: Cuba misma, como país, es la realidad de un diseño de hombres que la han concebido. Al referirme a la cultura cubana he dicho en varias ocasiones que "antes que el cuadro la pared", aunque se pudiera aspirar simultáneamente tanto a la pared como al cuadro, pero existen necesidades más apremiantes, arrastradas, acentuadas por las actuales contradicciones sociales. Los problemas del diseño no están todavía resueltos en Cuba, y eso se prueba a través de la propia realidad cubana. Por una parte, a veces, el especialista del diseño no está a la altura de las necesidades cabalmente, pero por otra interviene un funcionario, un burócrata que no se percata que el diseño tiene que adecuarse a las necesidades y ser audaz. Esto conduce a una dependencia bárbara, y a que se valoren más los objetos de fuera que de dentro, un pantalón de fuera que de dentro. Cuba es un proceso experimental. No se puede ser experimental en el plano de la política y no serlo en otros. Son cuestiones bastante entristecedoras. Dramáticas. Sólo pudieran justificarse en que "todo proceso es difícil, requiere tiempo", en que no se cuenta con los recursos, pero creo que la principal dificultad no sean los recursos económicos sino mentales. Más terrible es la hipertrofia mental que la hipertrofia material, entendiendo con esta palabra lo que suele calificarse como "subdesarrollo", que implica otra cosa. Uno de los grandes diseñadores de esta época dice que no sería factible nunca un diseño de calidad si detrás no hubiera un cliente audaz. Y fíjate que estoy hablando no desde afuera, sino desde adentro, pues he sido un partícipe de todo este acontecer y un abanderado de que el diseño tiene su sentido en una sociedad que no tiene intereses ajenos a satisfacer reales necesidades sociales.
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