Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/09/23 00:00

ANTONIA

Cuatro generaciones de mujeres formadas alrededor de una mesa de jardín.

ANTONIA

Directora: Marleen Gorris Protagonistas: Willeke Van Ammelrooy, Els Dottermans, Jan Decleir, Mil Seghers, Veerle Van Overlopp, Marina De Graaf, Elsie De Brauw.a impresión más generalizada tanto en la crítica como en el público es que Antonia es una película feminista. Pero quedarse patinando alrededor de este concepto sería tal vez una visión demasiado corta. Porque si bien no cabe duda de que se trata de una historia matriarcal, narrada y dirigida además por una mujer, Antonia es capaz de desprenderse de su propio estereotipo para lograr la universalidad de sus valores.
El filme, galardonado este año con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, es la historia de una mujer y su descendencia en un pequeño pueblo de los países bajos.
Pasada la Segunda Guerra Mundial Antonia vuelve con su hija a enterrar a su madre y a tomar posesión de la casa que la vio nacer. Es el inicio o mejor, la continuación de una saga familiar de sólo mujeres. Sin embargo, más que la vida de ellas es la vida del pueblo la que correrá inexorablemente alrededor de la mesa del patio de la casa matriarcal. Una vida que posee el encanto y el drama de una cotidianidad que respira por los pulmones de los más disímiles y curiosos personajes: una mujer que aúlla en las noches de luna llena, un sacerdote cuyo amor por la vida lo hace renunciar a sus votos, un violador irresoluto, una mujer que tiene por único oficio parir hijos, un intelectual fatalista, seguidor de Schopenhauer y Nietzsche, quien encontrará en una niña prodigio su más comprensivo interlocutor, una artista liberal que halla el sentido del amor en el lesbianismo. Todos ellos vigilados por la robusta figura de Antonia, el eje de la armonía rural de la comunidad. A pesar de la oposición geográfica y temperamental de las razas es difícil dejar de asociar esta cinta holandesa con Cien años de soledad, esa otra obra maestra de las sagas familiares. Es inevitable ver en Antonia, la recia y sólida iniciadora de la estirpe, algo de Ursula Iguarán. Quizás no es una casualidad que ambas adivinen el día de su muerte. Pero no sólo ellas son susceptibles de asociación. Envuelta en su propia complejidad de símbolos y fantasmas, de premoniciones y sortilegios, Antonia deja traslucir, guardadas las proporciones, toda la fascinación mágica que hizo de la novela de García Márquez un clásico contemporáneo. Antonia es, si se quiere, un canto a la vida, pero un canto no exento del drama que significa vivir. Y en este sentido la película es sólida como un roble. Ante todo hay una historia por contar y en ella no queda un cabo suelto en el desarrollo de la trama. Es una cinta redonda y plena que llega con toda su fuerza a los ojos del espectador.

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