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| 6/28/1982 12:00:00 AM

AÑO NEGRO DE LA PEQUEÑA TV.

La falta de anuncios y las políticas de algunas empresas publicitarias hacen naufragar las pequeñas programadoras.

La fortuna no es precisamente el destino de los programadores de televisión que resultaron favorecidos en la "lotería del computador" de la pasada licitación. En este momento sólo cuatro de las 38 pequeñas programadoras están a paz y salvo con Inravisión.
Mantener a flote la hora y media o las dos horas adjudicadas en noviembre es una verdadera hazaña pues hay que sobreaguar en el mar de la presión de las agencias de publicidad, de las expectativas de los anunciadores por el resultado electoral, de las cuentas de Inravisión, de la recesión industrial, de la falta de fondos, de la presión de los grandes grupos económicos y de la competencia del resto de programadoras.
No hay anuncios. Programadoras que comenzaron el año llenas de propagandas han bajado al cuarenta por ciento de su capacidad, y las que comenzaron sin anuncios siguen así. Las pequeñas, obviamente, son las más perjudicadas. Yolanda Villabona tiene una hora y media de programación semanal. Media hora pertenece a un enlatado, y las otras dos medias horas se reparten en sendos programas periodísticos: "Todas en todo" y "De fiesta por Colombia". Es de las pocas programadoras que más o menos está al día en el negocio, pero enumera los factores de la falta de anuncios: "Los primeros tres meses del año son malos en propagandas, pues la gente no arranea a invertir en publicidad hasta que no estén claros los balanees generales; hay recato por la expectativa de las elecciones, y sobre todo, la tarifa autorizada por Inravisión la pagan muy bajo".

USURA PUBLICITARIA
Este último punto ha llegado a extremos en los que las agencias de publicidad han logrado rebajar el ochenta por ciento de lo autorizado por Inravisión, aprovechándose de la situación económica de la pequeña industria de televisión. Al respecto dice Eduardo Restrepo,--gerente de la programadora que tiene "Las señoritas Gutiérrez" y un enlatado--: "Las programadoras no apadrinadas, que no pueden contar con un flujo ilimitado de fondos, tienen problemas de iliquidez a corto plazo". El resultado de esto es la venta del tiempo a precios irrisorios, y o la absorción total o parcial por las grandes programadoras. De esta manera muchas de las pequeñas se han subordinado a RTI. Punch, Promec, etc. Pero los que más inciden en la baja del precio del minuto son los intermediarios, los publicistas. Yolanda Villabona dice al respecto: Una cosa es cuando te dicen que tu minuto cuesta 180 mil pesos, pero te lo comienzan a "perratear" por todos los lados. Te piden descuentos por ser intermediarios, por la cantidad de cuñas, por pagar rápido"
Por su lado Eduardo Restrepo afirma: Hay cadenas de comerciantes extorsionistas, que aprovechan la mala situación de una u otra programadora. Muchas de las agencias de publicidad se toman el plazo que se les da la gana --porque no se puede decir de otra forma--. Piden un descuento "prontopago" a ciento veinte días y exigen un cinco por ciento de descuento. Esto en cualquier lugar del mundo causa risa" La situación ha llegado a tal grado, que las programadoras ceden, lo cual al poco tiempo se vuelve contra ellas mismas, al no poder desmontar la serie de prerrogativas ofrecidas.

GRANDES VS. CHICOS
Muchas de las pequeñas programadoras alegan que la competencia del "pool" es demasiado fuerte, y no hay garantías de sobrevivir. Al respecto dice Julio Andrés Camacho, vicepresidente de RTI: "El índice de ocupación publicitaria de los espacios de las pequeñas programadoras es igual o superior al nuestro. Es lógico que tengamos mayor cantidad de cuñas pues somos más grandes". Lo que pasa, es que las grandes programadoras se pueden dar el lujo de reglamentar los descuentos, sin caer en la venta a precios irrisorios de los espacios para anuncios. Además, ellas ponen condiciones para que quienes quieran anunciar en sus espacios estelares, como es el caso de las telenovelas, tengan que hacerlo en los espacios infantiles, y otros del mismo tipo. Esto hace que capten una gran cantidad de oferta publicitaria, que de otro modo se repartiría entre las otras productoras. "Nuestra incidencia debería ser positiva en las pequeñas programadoras, si se aceptara nuestro ejemplo comercial como adecuado", dice el doctor Camacho, pero la realidad muestra que hay un desequilibrio muy fuerte por el exceso de oferta de tiempos de publicidad. Inravisión ayuda a mantener este desequilibrio al admitir entre programa y programa un espacio de treinta segundos para su uso personal. En estos espacios ("breakes") se pasan anuncios del gobierno, por los que se cobra cuatro mil pesos, mientras que por una cadena comercial cuesta veinte o treinta veces más.
Realmente este año aparece negro para la mayoría de las pequeñas programadoras, pues la oferta de anuncios, una vez pasen las elecciones, estará capitalizada por el mundial de fútbol. Para solucionar estos problemas, Yolanda Villabona propone "unos meses de gracia por parte de Inravisión, como se da a los agricultores, a los ganaderos. Se debería crear un instituto como Focine, para dar crédito a quienes no tienen líquido a pagar en los meses de las vacas gordas".
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