Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/03/17 00:00

AÑORANDO VIEJOS TIEMPOS

Más allá de sus logros y desaciertos, la telenovela "Tuyo es mi corazón" cautiva a muchos al evocar los inolvidables años 60

AÑORANDO VIEJOS TIEMPOS

Tuyo es mi corazón" nació en Medellín en la década de los sesenta, con la adolescencia de Juan José Hoyos, en su barrio, en su vida, en la de sus amigos, "que eran gente común, que oían baladas y boleros, que pasaban ratos en las heladerías, que se volaban para cine, que oían Radio 15, que eran hinchas del Deportivo Independiente Medellín y que vivían en un barrio como cualquier otro" de esa ciudad. Pero "Tuyo es mi corazón" también nació en Tunja, hacia 1966, cuando Martha Bossio hacía sus últimos años de bachillerato y vivía ese ambiente de barrio, de amigos y amigas, de las salidas en la tarde a patinar y a montar en bicicleta, de la música del Club del Clan y de la experiencia del primer novio. Y, finalmente, nació también en 1965, cuando el argentino Julio César Luna llegó a Bogotá se ubicó dentro de su campo --el de la actuación-- y cuando social y culturalmente entró a formar parte de la sicología de los colombianos y a vivir la música, los sentimientos románticos y puros, y por supuesto un noviazgo caracterizado por la época.
El anterior es el triple nacimiento de la telenovela que hoy en día y desde hace varias semanas ha ido ganando paulatinamente audiencia en el horario de las telenovelas de la noche
cautivando a unos, haciendo reír a otros e, incluso, horrorizando a unos cuantos. Pero de cualquier manera poniéndolos a todos a seguir noche a noche las aventuras del grupo de estudiantes de bachillerato que comienza a enfrentarse a la vida.
Desde luego, Juan José Hoyos es el primer creador de la obra. Robándole tiempo a su trabajo como corresponsal del diario El Tiempo en Medellín, Hoyos se encerraba en su casa, con una disciplina militar, a escribir la novela, que finalmente salió a la luz pública en mayo de 1984, con una edición de 3 mil ejemplares de Editorial Planeta. El narrador, que publicaba así su primera novela, había querido siempre escribir una historia de amor que lo obsesionaba desde su juventud. La historia giraba en torno de un grupo de muchachas y muchachos que nada tenían de extraordinario. "No tengo miedo a decir que "Tuyo es mi corazón" refleja en muchas de sus páginas mi propia vida, la vida de mi gente, de mi barrio, de mi ciudad, lo que le ha sucedido a mis amigos. Pero también es una novela llena de claves, de zonas en penumbra, de pasadizos secretos, de tergiversaciones: éstos son, en últimas, los hilos con los cuales se teje siempre una novela".
La novela cayó en manos de Martha Bossio, cuyo trabajo consiste fundamentalmente en buscar dentro de la literatura colombiana temas susceptibles de ser adaptados y realizados en un área específica: las telenovelas. La conocida y controvertida crítica y libretista encontró en la novela de Hoyos ingredientes y elementos importantes sobre "la juventud, la forma de recrearse que tenían los jóvenes de los 60, su descubrimiento del sexo, los romances, las pandillas y todo un mundo enmarcado dentro de un contexto musical de boleros y de los primeros grandes éxitos de la balada, lanzados por el Club del Clan, de cantantes como Palito Ortega, Leo Dan y Enrique Guzmán" (ver recuadro).
"Además --añade Martha-- esta época no había sido tratada hasta ahora en televisión por nadie. Y en vez de eso, se ha hecho todo tipo de adaptaciones de épocas antiguas, con trajes largos y arandelas".
Para Julio César Luna, la lectura de la novela de Hoyos también resultó una grata sorpresa. Pero antes de pensar en la televisión, creyó que la obra era susceptible de ser llevada al cine. "Era la descripción de una situación muy nuestra, muy colombiana, la sicología, la música, el contexto de un barrio de Medellín, que se puede adaptar nacionalmente", explica Luna. Pero su proyecto se frustró, porque los derechos para cine ya habían sido adquiridos por otro realizador. Coincidió entonces con Martha Bossio en la idea de convertirla en telenovela. Y fue así como resucitó el binomio del éxito, el director y la libretista que habían barrido en los sondeos de sintonía con "Pero sigo siendo el rey" 15 meses antes.
Gente nueva
Pero la historia de la telenovela de Caracol estaba apenas comenzando. Adaptar una novela para la televisión es una empresa compleja, que requiere inicialmente consultar con el autor sobre el uso de su obra. Más adelante viene la elaboración del libreto, que se toma muchas libertades de acuerdo con circunstancias concretas: enmarcarse dentro de una infraestructura industrial y empresarial, con un presupuesto económico determinado, ubicarse dentro de un equipo de trabajo, un decorado, las posibilidades de exteriores y, sobre todo, un grupo de actores.
En cuanto a la adaptación, cualquier cosa se puede decir, sin olvidar jamás el abismo que existe entre la literatura y la televisión. Para el escritor Juan José Hoyos "el libro es una cosa y la telenovela otra". Explica que "desde un principio, me negué a hablar sobre la adaptación, pues no quería ser juez". Ahora sólo espera que la telenovela termine para tener una larga conversación con Martha con quien sostiene muy buenas relaciones personales.
Sobre los actores, se puede hablar mucho más. Una vez escogido el tema, la libretista y el director, llegó el momento de conformar el elenco, que desde un principio fue dividido --como sucede con toda telenovela-- en tres niveles: los actores de cartel, los protagonistas, que son el gancho para la audiencia; los coprotagonistas, y el cuadro general. No era fácil conformar el grupo de actores. Se necesitaba gente joven y había que intentar con gente nueva, pues un grupo grande de actores jóvenes con experiencia no se podía conseguir en el medio. "A todos los escogí yo", cuenta Julio César Luna. "Como director siempre he tenido esa libertad y me gusta tenerla".
Para el papel protagónico, Luna se decidió por el símbolo sexual y niña terrible colombiana, Amparo Grisales, "mujer de mucho talento --según Luna-- vilipendiada y criticada injustamente ante cierta actitud de rebeldía, por gente que la envidia". El director agrega que "a ciertos círculos sociales no les gusta, pero el público la quiere, y al margen de ello, es chusca y representativa de nuestro medio". Amparo se encontraba en el Brasil, se sintió halagada por la confianza que le daban y aceptó la oferta. Pero existía un problema: la protagonista de la novela no era Salomé, la niña de la bicicleta, sino Myriam, la estudiante de bachillerato. Por lo tanto, era necesario convertir a Salomé en la protagonista de la telenovela, ya que éste era el papel al que mejor se podía acomodar Amparo.
Es entonces cuando los realizadores deciden darle un vuelco total al papel de Salomé. De la niña misteriosa de la novela de Hoyos, con quien nadie se mete, que se halla marginada, sale con varios hombres y es hija de una vieja prostituta, Salomé pasa a ser una joven un poco mayor que los demás muchachos, que lleva una existencia diferente y muy difícil, pero que desea con todas sus fuerzas vivir la vida descomplicada de los estudiantes de bachillerato, la vida que ella nunca vivió. Salomé se convierte también en el punto de unión entre el ambiente de los muchachos del barrio y el mundo de los mayores, entre el ambiente sano y el truculento, que la libretista acentúa con el casino de Rogelio y todas sus desgracias. Para relacionar a Salomé con el barrio, se arma toda la historia del papá de Carlos y se genera el conflicto constante de ella como personaje dividido entre dos mundos.
Amparo Grisales se siente satisfecha con Salomé, la adolescente sin afecto, obligada a vivir más de lo que emocionalmente puede asimilar y que canta con todo el corazón: "Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así porque nadie me ha tratado con amor".
"Debía hacer la transición de niña a mujer --afirma Amparo--, verme fea y carilavada y entonces sólo quedaba la actriz para convencer al televidente. Todo esto constituye un conjunto de elementos fuertes que me obligan a buscar nuevos recursos.
A demás, la telenovela se sale del corte tradicional porque nunca antes se había profundizado en el mundo de los jóvenes y los mayores, presentándolos como dos entes caracterizados".
Los muchachos
Una vez aclarado el panorama de Amparo Grisales y Salomé en la obra, quedaba la selección de los más jóvenes. En primer lugar Carlos, protagonista principalísimo, y uno de los ejes de la historia, ya que a través de él, los televidentes la viven y la sufren. El escogido fue el samalio Carlos Vives, quien ya se había destacado en algunos papeles, en especial en "Notas de sociedad", donde más allá del fracaso de esa telenovela, había logrado impactar con su versatilidad y prometedor estilo. "Creo que es la única gran estrella colombiana del futuro. Es una caja de música y de un valor humano incréíble. Es el futuro galán. Modestia aparte, creo que va a ser el Julio César Luna de hace unos cuantos años", explica Luna.
En contraste con el mundo sinuoso y truculento de Salomé, Carlos personifica la cotidianidad, la vida del barrio, el muchacho esencialmente "bueno y sano", que comienza a despertar al mundo de los mayores y debe afrontar una serie de retos aparte de los problemas de su padre. Vives es sin duda uno de los actores que más le entrega a su personaje. "Nadie imagina cuántas horas al día las dedico a estudiarlo".
La joven actriz Matilde Suescún, quien sufrió algunos tropiezos al principio, se ha ido encontrando poco a poco con el papel de Myriam. Florina Lemaitre, mucho más madura gracias a su trabajo con Kepa Amuchastegui en "El coleccionista", ha convertido a Juanita en un elemento adicional muy rico. Javier Sáenz, como Diego, Guillermo Gálvez, como "la belleza", y, sobre todo, Patricia Maldonado, como Dora, se han destacado en forma particular y en papeles nada sencillos, que han permitido rodear a la historia de un mundo interesante para el televidente. Jimmy Bernal, el gringo, ha superado con relativo éxito el problema de representar lo que él es en la vida real: un joven colombiano educado en Estados Unidos.

Los veteranos, Teresa Gutiérrez --en su eterno papel de señora mala--. Diana Sanders --la profesora de inglés--, Inés Mejía --la madre siempre angustiada --y Gustavo Angarita --Aníbal, el padre de Carlos--, acompañan a los jóvenes en el desarrollo de la obra. El personaje de Aníbal cumple una función muy especial: desmitificar al vengador empedernido que siempre está haciendo el mal y que tanto vemos en la televisión norteamericana, en los J.R.'s y las Alexis. Aníbal es un vengador frustrado e inofensivo, cuyas actitudes sólo se justifican por un problema de orden mental. Es además el único padre que aparece en el transcurso de la novela, ya que todos los demás parecen haber quedado en un pasado anterior al tiempo en que se desarrolla la historia. Para suplir a los padres ausentes, la historia cuenta, desde la novela de Hoyos, con un personaje especialísimo, el tendero, adecuadamente interpretado por el experimentado Mario García.
La nostalgia
Aun cuando ni Martha Bossio ni Julio César Luna admiten la comparación de "Tuyo es mi corazón" con "Pero sigo siendo el rey" en cuanto al aspecto musical, es innegable que, en ambos casos, se trata de un gancho de indudable éxito para conquistar audiencia. Para ellos, en la adaptación de la novela de David Sánchez Juliao, la música mexicana nutría la historia, que no era más que la dramatización de las letras de las canciones. En el caso de la novela de Hoyos, aseguran Martha y Luna, la música es más bien un telón de fondo, una referencia histórica. Su importancia se mide teniendo en cuenta que es el leitmotiv para un personaje en un determinado momento y que por conseguir en este terreno los mejores efectos, se ha puesto a trabajar a muchas personas: libretista, director, actores, técnicos, discjockeys de la época, etc.
El marco musical está, sin duda, mucho mejor logrado que el vestuario, sobre el cual se han dejado oír algunas críticas, entre ellas la que tiene que ver con la minifalda tan alta, que, según muchos, no alcanza a coincidir con los años en que sucede la obra, sino que data de un poco más tarde. Sin embargo, en este tipo de adaptaciones no se puede exigir tanta fidelidad, sobre todo si se tiene en cuenta que la minifalda ha sido también un recurso de los realizadores para atraer audiencia.
Sea como sea, "Tuyo es mi corazón" abre las puertas para la utilización de un recurso que hasta ahora poco había tenido que ver con las telenovelas: el de la nostalgia. Resulta muy exitoso evocar un pasado relativamente cercano, tan definitivo, como fueron los años sesenta, con toda su carga de cambio y de revolución. Nadie entre quienes lo bailaron y vieron sus películas, quiere olvidar a Elvis Presley. Lo mismo sucede con Los Beatles y todo el fenómeno rock'n roll con el hippismo, las chompas de cuero, los carros convertibles y los blue-jeans ceñidos. Con "Tuyo es mi corazón" se han abierto las puertas al recuerdo del Club del Clan, Oscar Golden, Radio 15, las discotecas La Bomba y La Tropibomba, la minifalda y todo lo que marcó en Colombia a la Nueva Ola.
Pero esta nostalgia no envuelve solamente a quienes fueron jóvenes durante los años sesenta. Cobija también a los padres de aquellos días, que difícilmente podían comprender lo que estaba cambiando en el mundo. Y obviamente, toca también a los hijos de esos jóvenes, que no pueden creer hoy que sus padres hayan vivido todo aquello, aunque podrán comprender a través de la evocación, cuántos caminos se allanaron gracias a esa juventud que decidió liberarse hace 20 años. Y también, cuánto se ha perdido desde entonces, cuando las cosas eran mucho más simples y podían reducirse a la vida de barrio, esa institución destruida hoy por la inseguridad y el crecimiento de las ciudades.
Así, aunque el tema se torne por momentos monótono y algunas actuaciones no terminen de convencer a los televidentes, el experimento de revivir los años sesenta ha producido, si no una barrida de audiencia, al menos si que parte de ésta se haya encariñado con la telenovela y que, noche a noche, los televidentes busquen en esa historia ya un poquito añeja, olvidar un presente mucho más complejo y sin salida.--

Los años del "Club del clan"
La música es, sin lugar a dudas, uno de los recursos que la libretista Martha Bossio de Martínez ha utilizado con mayor intensidad en la telenovela "Tuyo es mi corazón", y es además el que le ha reportado gran aumento en la sintonía, porque independientemente de la trama, han sido muchos los nostálgicos de los años sesenta que todas las noches se sientan frente a su televisor para recordar las canciones de su época.
La música, más que la literatura y el cine, es el instrumento distintivo de una generación. Los años sesenta son especialmente ricos en el aspecto musical. En el ámbito internacional, la consolidación y universalización de cantantes como Elvis Presley y el surgimiento de grupos como Los Beatles, influyeron en la moda, las costumbres y mentalidad de los jóvenes de entonces.
Colombia no se quedó atrás. A mediados de los años sesenta las cadenas radiales vieron la necesidad de crear programas especiales para los jóvenes y hasta emisoras dedicadas por completo a su música: Radio 15, de Caracol, es tal vez el mejor ejemplo. Pero no el único. Radio Nueva Granada, de R.C.N., creó en el año 64 un programa llamado el "Club del clan", que dirigían Alvaro Sarmiento y Guillermo Hinestrosa, al cual llegaban muchachos y muchachas a cantar. El éxito no se hizo esperar. En pocos meses ya se había conformado un grupo de jóvenes cantantes, que día a día se hacían más famosos, lo que llevó el programa a la televisión.
Diariamente de 6:30 a 7:00 p.m., el clan de los jóvenes cantantes hacía las delicias de miles de muchachos que los veían como los exponentes criollos de lo que se llamó la "Nueva Ola" y que en México y Argentina ya estaba marcando a una generación con ídolos como César Costa, Enrique Guzmán, Alberto Vásquez, Palito Ortega, Piero, Violeta Rivas y muchos más.
"Muévanse todos, a bailar, que la fiesta va a empezar, aquí, aquí, en el "Club del clan". Con este tema comenzaba todas las noches el programa. La letra fue compuesta por el grupo y la música correspondía a la famosa canción de Come on Baby.
El clan estaba conformado por jóvenes que en su mayoría se consagraron luego, bien como cantantes o bien como actores y actrices. Claudia, Emilce, que cantaba con su hermana Janeth y que formaban el dúo de Las Mellizas, Vicky, Maryluz, Jairo Alonso, Hernando Casanova, Marcel, Beto, Paco, Billy Pontoni, eran algunos de sus integrantes.
Radio 15, ante el éxito del "Club del clan", creó bajo la dirección de Alfonso Lizarazo, para esa época el más famoso discjockey con sus "Platillos voladores de éxitos", un programa de televisión semanal que se llamó "Estudio quince" y a donde llegaron muchachos con mayores conocimientos musicales que los del "Club del clan" y que también marcaron la época: Harold Orozco, Oscar Golden, Alvaro Román, Kenny Pacheco, Lyda Zamora, las hermanitas Pérez, y conjuntos como Los Speakers, que eran el equivalente de Los Beatles, y Los Fleapers, el equivalente criollo de los Rolling Stones. El grupo de "Estudio quince" no sólo tenía presentaciones en la radio y la televisión, sino que llegó a espacios como el teatro La Comedia y la famosa discoteca La Tropibomba, en Bogotá, donde actuaba con regularidad.
Pero no sólo la radio y la televisión abrieron sus puertas a la Nueva Ola colombiana. Periódicos como El Siglo abrieron una página semanal para reseñar las actividades de los integrantes del "Club del clan". A lo largo y ancho del país, tanto los cantantes del clan como los de "Estudio quince" eran requeridos por colegios para hacer presentaciones personales y si la histeria de las inglesas oyendo y viendo a Los Beatles traspasó fronteras, los gritos y llantos que producían las presentaciones de estos artistas criollos entre las quinceañeras colombianas, también se hicieron oir en cada una de sus presentaciones y surgieron miles de clubes de fans de Golden, Harold, Maryluz, Claudia, etc.
Sin embargo, la disolución de estos grupos sucedió pocos años después. Como la mayoría de los jóvenes cantantes estaban terminando estudios y definiendo su porvenir, armaron toldo aparte y los grupos se fueron desintegrando. Otro factor que disolvió los clanes fue el cambio sociopolítico que dio surgimiento a cantantes de la llamada "canción protesta": Pablus Gallinazo, Eliana, Ana y Jaime, y compositores que como Nelson Osorio, enfilaron baterias contra las injusticias. De "Juanita banana" de Los Speakers, se pasó al "Café y petróleo" de los hermanos Valencia. Los sesenta se estaban acabando y con ellos se iban muchas cosas.

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