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| 9/15/2007 12:00:00 AM

Apocalipsur

La mejor película colombiana del pasado Festival de Cartagena es una rabiosa historia de carretera.

Título original: Apocalipsur.
Año de estreno: 2007.
Dirección: Javier Mejía.
Actores: Andrés Echavarría, Pedro Ochoa, Maricela Gómez, Camilo Díaz y Ramón Marulanda, Hernando el 'Culebro' Casanova.

Sí, es una nueva era. Se asoma, en el país, una industria lista para producir largometrajes decorosos. Pero la verdad es que (porque su calidad técnica tiene bajones, porque algunas escenas no agregan nada) uno ve Apocalipsur como una de las buenas películas del viejo cine colombiano. Puedo ver las vacías críticas de siempre a la salida del teatro: "el sonido no es tan bueno", "una de cada cinco palabras es una grosería", "podría haber sido mejor". Y por eso la defiendo de una vez: Apocalipsur es, sobre todas las cosas, un conmovedor relato de carretera que se convierte en una de esas bonitas historias (pensemos en Reencuentro, de Lawrence Kasdan) de amigos que se reúnen para despedirse de la juventud; es, a pesar de sus tosquedades, una narración personalísima que se ríe con afecto del fanatismo paisa; es, en suma, un cuerpo un poco maltrecho que tiene el corazón en el sitio correcto.

Ocurre en la Medellín de 1991. Salir a la calle es, en ese entonces, lo mismo que jugarse la vida. Cualquier caneca de cualquier esquina puede cargar una bomba. Esperar que un semáforo cambie a verde al lado de un policía es buscarse la muerte. Pero cuatro personajes entrañables, Caliche, Malala, Pipe y La Comadreja, se suben a una camioneta morada para recoger en el aeropuerto a un gran amigo, El Flaco, que tuvo que irse de la ciudad por culpa de una serie de amenazas horrendas. El camino les servirá, a los cuatro, para recordar los días transformadores que vivieron al lado de El Flaco. Y para darse cuenta de que la juventud ha terminado. La maravillosa penúltima imagen, ese bus morado que regresa a casa con una sorpresa, resumirá lo que ha sucedido dentro de los cuatro protagonistas.

Y todo gracias a su director, el antioqueño Javier Mejía, que se la ha jugado toda por su visión crítica de los hechos, que les ha sido fiel a sus personajes hasta esos encuadres finales, que ha filmado contundentes historias dentro de la historia (la del secuestro es escalofriante) y no le ha temido a ese lenguaje malhablado al que Víctor Gaviria le descubrió la poesía. Creo, de verdad, que su película es un triunfo. Sé que pierde el tiempo en un par de secuencias indulgentes que no nos dicen nada nuevo. Siento que ese perderse en caprichos es el riesgo que corren las mentadas "obras de autor". Y pienso que un cineasta solo, sin productores ni editores que lo frenen, es lo más parecido a un loco suelto por las calles. Pero defiendo a Apocalipsur de una vez, antes de los elogios, antes de las quejas, porque no da nunca un paso atrás, porque muere en su ley, porque es lo que es hasta que consigue conmovernos.

Sí, eso es. Decir que una película "podría haber sido mejor" es decir una tontería. Las películas son como son. No como querríamos que fueran. Y Apocalipsur es lo que es (rabiosa, agotadora, adolescente) hasta que consigue conmovernos.
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