Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2013/02/16 07:00

“Aprendí a vivir en la oscuridad”

Harvey Keitel, uno de los actores más reconocidos del cine estadounidense de las últimas décadas, habló con SEMANA antes de su llegada al próximo Festival de Cine de Cartagena.

“Aprendí a vivir en la oscuridad”

Pocos actores se pueden dar el lujo de mostrar una filmografía como la de Harvey Keitel. Aunque mantiene un perfil bajo, ha tenido una carrera deslumbrante. Ha participado en más de 80 producciones, algunas de las cuales son clásicos de la segunda mitad del siglo XX: Calles peligrosas (1973), Taxi Driver (1976), Los duelistas (1977), La última tentación de Cristo (1988), Thelma y Louise (1991), Bugsy (1991), Reservoir Dogs (1992), Bad Lieutenant (1992), El piano (1993), Pulp Fiction (1994), Blue in the Face (1995) y Smoke (1995), entre muchas otras. Keitel habló con SEMANA antes de viajar a Colombia.

SEMANA: Usted ha trabajado varias veces con Martin Scorsese, Quentin Tarantino, Jane Campion y Abel Ferrara. ¿Por qué le gusta volver a ellos?

Harvey Keitel:
Es un asunto de lenguaje. Cuando conoces a alguien y te das cuenta de que compartes una misma manera de ver el mundo, de entender las cosas, y de que hablas el mismo lenguaje, te identificas. Con esos directores me entiendo bien y comparto ideas. 

SEMANA: En algunas de las películas que ha actuado, también ha sido coproductor (‘Reservoir Dogs’ y ‘Bad Lieutenant’). ¿Cómo cambia su trabajo cuando tiene las dos tareas?

H.K:
Ser productor no afecta mi trabajo como actor. La única diferencia es que si soy productor es más difícil despedirme. 

SEMANA: En una entrevista con James Lipton usted dijo que, cuando estaba en el Ejército, aprendió “a vivir en la oscuridad”. ¿Qué quiere decir con eso?

H.K:
Es cierto. A los 17 años me alisté en la Marina. Fue una experiencia formadora. El incidente que usted menciona ocurrió una noche; yo estaba con otros de guardia y la noche era tan oscura que ni siquiera alcanzábamos a ver nuestras propias manos. Todos estábamos muy asustados. Un superior nos vio y nos llevó a un bosque cercano. Entonces empezó a gritar: “Ustedes le temen a la oscuridad, pero para sobrevivir tienen que aprender a conocerla”. Todavía, tantos años después, le sigo temiendo. Pero, para poder sobrevivir, aprendí a vivir en la oscuridad.

SEMANA: Usted empezó haciendo teatro, ¿puede hablar un poco de lo que siente hacia las tablas y la diferencia que hay con el cine?

H.K:
Hubo una época en Estados Unidos en la que empezar una carrera de actuación en el teatro era muy bien valorado. Quienes no tenían esa trayectoria no eran tan valorados por los productores. Eso se ha perdido un poco. Sin embargo, creo que en el teatro hay un ambiente único. Es muy especial pues ocurre una sola vez y no se puede repetir jamás. Ese sentimiento lo impregna todo: a los actores, al escenario, a las sillas, a los muros. El cine tiene un ambiente muy especial, pero muy diferente debido a la precisión de las escenas. En el cine se pueden repetir las escenas y se cuenta con ayudas, en el escenario uno está solo. Cada actuación es única e irrepetible, la del cine queda ahí para siempre. 

SEMANA: Usted lleva más de 45 años en el oficio. ¿Siente especial cariño por alguna de sus películas? ¿Siente que alguna en particular fue malinterpretada por el público o por la crítica?

H.K:
La verdad he sido muy afortunado por haber trabajado con gente talentosa. Creo que sería una equivocación escoger una como mi favorita, porque todas han sido experiencias fundamentales e inolvidables. Tampoco creo que alguna de ellas haya sido malinterpretada. Hay una, tal vez, que me gustaría haber hecho mejor: The Gray Zone, de Tim Blake Nelson. Es una cinta muy dura sobre el Holocausto. 

SEMANA: Sería interesante que hablara de Nueva York y del cambio que ha sufrido la ciudad. Porque ese cambio está muy relacionado con los papeles que usted ha interpretado a lo largo de estos años?


H.K: No estoy seguro de que esa sea una pregunta que pueda responder rápido, por teléfono. Es muy buena pregunta: mi carrera está muy ligada a esta ciudad. Desde que era un niño en Brooklyn y luego me mudé a Manhattan para estudiar. Ahí me hice actor y he vivido muy feliz. Es muy difícil para mí hablar y explicar cada una de las formas en que Nueva York me ha influenciado. Solo puedo decir que no hay otra ciudad en la que hubiera querido crecer y vivir. 

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