Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1988/10/17 00:00

Ariza, el eterno

Toda la imponencia del paisaje de Bogotá y sus alrededores, en la reciente exposición de Gonzalo Ariza.

Ariza, el eterno

El paisaje vuelve a estar de moda. Aunque nunca ha desaparecido del todo como temática artística, lo cierto es que muchos de los pintores modernos lo han dejado de lado y han preferido sumergirse en investigaciones y experimentaciones que consideran más novedosas. Sin embargo, en las últimas semanas dos artistas, básicamente paisajistas, han presentado sus exposiciones con bastante éxito. La primera, María Cristina Cortés, sorprendió por su nuevo enfoque. El segundo, Gonzalo Ariza, es el representante del viejo estilo paisajista colombiano y está exponiendo su mas reciente produccion en la galería Alfred Wild, desde el pasado 7 de septiembre.
Sin duda alguna, Gonzalo Ariza es uno de los paisajistas más constantes de Colombia. Luego de suspender sus exposiciones durante algunos años, debido esencialmente a la demanda que tienen sus cuadros y que le impidió conservar el número adecuado para conformar una muestra amplia en la actualidad es posible observar sus cuadros de los últimos tres años. Fiel a su concepción del arte, el maestro bogotano se recrea en las vastas atmósferas, llenas de nubes o neblina, propias de la Sabana de Bogotá. A medida que el cuadro adquiere profundidad, el color se va haciendo más tenue y crea una sensación de lejanía muy bien lograda. Lo mejor de la actual muestra son esos paisajes amplios, en los que se nota la mano de un artista que se ha conservado através del tiempo y en los que algunos, tal vez teniendo en cuenta sus estudios en Japón en 1936, ven una influencia del arte japonés. Pero están equivocados: Ariza, antes que japonés, es un romántico del mejor corte del siglo XIX.
Buena parte de la obra que se está presentando en la Galería Alfred Wild, se centra en la temática bogotana. Se trata de un homenaje --otro más-- a la ciudad en sus 450 años. Dentro de este grupo se destaca el lienzo "La Candelaria", que muestra una panorámica de la ciudad, que se va extendiendo, en la lejanía, mientras que las altas torres de las iglesias se van perdiendo entre la bruma. Con "Monserrate" ocurre algo similar y la iglesia apenas se alcanza a dibujar, perdida entre la neblina y la espesa vegetación que la rodean. En ambos casos, se trata del Bogotá de hace muchos años, cuando los altos edificios permitían alargar la vista hasta el horizonte. Así mismo, el colorido es consecuente con el momento plasmado y transmite una sensación de tranquilidad.
Por otra parte, hay una serie de cuadros en los que el artista se dedica a hacer primeros planos --si es que la expresión es válida-- de árboles y plantas, en un estilo que se aleja de su tradicional manejo de la inmensidad del paisaje y que evoca las láminas de la expedición botánica. En cuadros como "Ocobo" el árbol ocupa buena parte de la tela y la cantidad de detalles dejan entrever un afán descriptivo, minucioso, en un Ariza que para muchos resulta desconocido.
Allí está pues esta muestra de la Galería Alfred Wild, que puede ser el abrebocas de lo que vendrá el año entrante: la gran retrospectiva con la que el Museo de Arte Moderno hará un homenaje a este artista que, a los 76 años, ha realizado una de las más persistentes y extensas obras de la historia plástica colombiana en el siglo XX.--

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