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| 7/15/1985 12:00:00 AM

ARTE Y CIENCIA EN EL ESPACIO

Proyectos realizados por la nave espacial Challenger y el escultor Joseph McSchane han logrado, al arrojar en el espacio obras de este artista, diversos efectos técnicos. Una nueva era empieza.

ARTE Y CIENCIA EN EL ESPACIO ARTE Y CIENCIA EN EL ESPACIO

"Imagine una corona de estrellas alrededor de un planeta como una gran fiesta, como una desmesura a la mesura de los seres portados por ese planeta. Cierre los ojos... imagine aun... una corona de estrellas como un adorno alrededor de un planeta...

Y ahora abra los ojos: y si la Tierra fuera ese planeta, si esa corona de estrellas fuera la Vía Celeste, y si la desmesura de ésta dibujara la idea de la nueva exigencia y de la diferencia, mientras el alba del tercer milenio se eleva sobre la humanidad...".

¿Difícil de pensar? No para Jean Marc Philippe el diseñador de la Vía Celeste y una figura importante dentro del Art Space, ese movimiento de artistas dispuestos a "tomarse" espacio para el arte. La tecnología servicio de la estética continuando el diálogo de la Tierra con el universo. Un diálogo en el que los símbolos serían color, espejos, balones gigantescos girando alrededor del planeta ¿Quizá un viejo diálogo, momentáneamente olvidado, y de cuya antiguedad son testigos las figuras de Nasca en el Perú?

El Art Space nace con la década. El nombre le viene del Land Art, ese movimiento norteamericano que preconiza la apropiación del paisaje por medios artísticos. Y cuando la tecnología ha acercado el espacio, entonces, Art Space.

La primera obra del Art Space es de hecho una prolongación del Land Art. Pierre Compte, francés como Philippe, fue en 1980, el iniciador de esta aventura. Su proyecto, Horus, consistió en distribuir sobre superficies líquidas en calma, 24 prismas de 14 metros de alto, 14 de ancho y 14 de largo, en un círculo de 500 metros de diámetro. Concebido como "monumento terrestre en dirección al cosmos", Horus era un círculo luminoso, cuyos prismas reflejaban tanto la luz solar como la lunar, perceptible a la distancia de los satélites.

En octubre de 1984, el Art Space propiamente dicho despegó. La nave espacial Challenger, realizó entonces una misión de 8 días portando una escultura de Joseph McSchane, un artista de Arizona. El experimento debía incluir importancia científica además de valor artístico. Para McSchane el asunto no revestía ningún problema. Su lema: "El arte es mi ciencia, y viceversa". Y la escultura partió. 8 esferas de vidrio conteniendo oro, plata, cromo, platino y aluminio colocadas sobre una gran caja metálica en la que se dispuso una batería encargada de producir calor. Una vez en el espacio, los vapores de los metales debieron llenar las 8 esferas de diferentes colores. ¿Valor científico? La escultura de McSchane contaba además con otra esfera, superior en tamaño a las bolas de colores, y cuya gracia consistió en "atrapar" el vacío, y "traerlo" consigo a la Tierra. Una escultura "con el espacio exterior 'adentro '", diría McSchane.
En 1985, McSchane planea. utilizar otra nave espacial para distribuir bolas de plástico que se endurecían en el espacio. Lo que espera obtener es una "escultura orbital" de 30 mil metros de circunferencia con la Tierra como centro. A medida que estas "bolas" caigan en la atmósfera terrestre serán consumidas. Una escultura efímera entonces, pero que podría ser visible durante varios meses, desde todos lo puntos de la Tierra.

Otros van aún más lejos. Compte insiste en dotar al planeta de una estrella adicional y permanente, una estrella luminosa, más brillante que la Luna, titilando hacia los espectadores terrestres. El proyecto, Arsat, ya está en camino. Arte y ciencia de la mano una vez más, la investigación que ha precedido a Arsat le ha abierto todo un nuevo campo a la tecnología espacial. Arsat es una estrella inflable, son 300 mil metros cuadrados de tela empaquetados en una cajita del tamaño de un maletín de viaje. En el vacío molecular que reina casi de manera integral "arriba", una minúscula cápsula de aire comprimido bastará para inflarla. Y una vez llena de aire, el material del que estará hecha la estrella se endurecería bajo la acción de los rayos ultravioletas del Sol. Además Arsat, con ayuda de corrientes eléctricas ínfimas --100 watts máximo-- puede ser dirigida desde la Tierra, convirtiéndose así en una "marioneta" perfecta, de precisión nunca antes alcanzada. Los ojos se les abren redondos a los arquitectos del espacio. Esta tecnología propone una forma de estación espacial habitable nueva y original. Los artistas proyectan ya laboratorios en órbita, centros de estudios plásticos, la creación de formas de arte únicamente realizables en la ausencia de gravedad. El primer laboratorio ya está diseñado y bautizado: Leonardo Da Vinci.

De todo este ir y venir de artistas y científicos, el primer resultado visible desde la Tierra será quizá la estrella de Compte. El artista planea inaugurar su obra en 1986, el año del centenario de la estatua de la Libertad. ¿Qué tienen en común estas dos obras? Básicamente coincidencias: las dos son obra de franceses, y en su época, la construcción de la gigantesca estatua transportable, fue también un desafío tecnológico. Uniendo cables, si la estatua de la Libertad se llama "La Libertad iluminando el mundo", la estrella de Compte se llamará, consecuentemente, "Estrella Arsat- Libertad". Falta aún el visto bueno francés, pero el equipo de Compte está convencido: A Arsat ya no la detiene nadie.

¿Y después? El ambicioso proyecto de Jean Marc Philippe, la Vía Celeste, espera por su parte ver la luz en el año 2.000. La Vía Celeste se apoya esencialmente sobre la noción de los satélites geoestacionarios. Más de una centena de estos satélites han sido instalados hoy en día, girando todos sobre el mismo círculo, a la altura de la línea ecuatorial. Durante los seis años por venir, las necesidades de las telecomunicaciones implicarán la disposición de unos 80 más de estos satélites. La idea de Philippe es simple. Consiste en dotar algunos de estos satélites de algún tipo de dispositivo técnico, susceptible de ser telecomandado desde la Tierra y de emitir, a la demanda, una señal luminosa la cual vista desde nuestro planeta tendría un brillo igual o superior al de Venus. Una vez que treinta o cuarenta satélites hayan sido dotados de tal dispositivo, podrían ser iluminados bajo comando en la Tierra, y diseñar así una gran Vía Celeste: "Con ocasión de las grandes manifestaciones mundiales (juegos olímpicos, exposiciones universales, etc.) se podrían adoptar diferentes configuraciones de iluminación (...) y por alguna suerte de código, esas formas de programación luminosa de la Vía Celeste traducirían, que en alguna parte, sobre la Tierra, en ese instante, la fiesta existe.

La noche de Noel todos los satélites brillarían como una guirnalda celeste, y si algún día los hombres se vieran invadidos por la locura, si un conflicto nuclear --incluso localizado-- estallara, la Vía Celeste sería llevada a palpitar emitiendo en Morse llamados bajo la forma de un S. O. S. Iuminoso". Tal es el sueño del artista. Philippe intenta lanzar la primera señal luminosa de la Vía Celeste el 1 de enero del año 2.000 "al inicio del tercer milenario".

Como la estrella de Compte, como la escultura de McSchane, la Vía Celeste sería visible desde todos los rincones del planeta.

"Animada de una carga poética sin equivalente la Vía Celeste representa para mí dice J.M. Philippe, el cambio de escala y de voluntad en la historia de los hombres. Después, y sobre todo, quizá yo fabule, yo esperaría que ella grite que el tiempo de los profetas ha retornado, que el profeta es usted, soy yo, que entramos en una era en la que la conciencia del ser es ahora la conciencia de la humanidad entera".

¿Algo de "megalomanía cósmica" será el impulsor del Art Space? De pronto. Volviendo a Philippe, el Art Space se debe al deseo del hombre de inscribir en el universo "el signo de su ambición, signo como un llamado que mantiene despierta la exigencia de la búsqueda, signo como un faro, como un tótem catalizador y como un testigo".

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