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| 12/11/2017 11:23:00 AM

“Asesinato en el Expreso de Oriente”, Kenneth Branagh

La última versión de la conocida novela de suspenso de Agatha Christie en la que se realiza un gran despliegue de técnica, producción y filmación, entregando un gran trabajo cinematográfico que por sólo estos elementos se hace indispensable de ver y de disfrutar.

El mundo literario de la prolífica Agatha Christie, en particular, sus novelas de suspenso han sido llevadas numerosas veces al cine, puesto que sus temas, personajes y tramas, resultan más que adecuadas para que sean muy taquilleras y produzcan el rédito que los productores quieren. Esto ha permitido que en muchas de sus versiones existan grandes presupuestos, por lo que han desfilado ante la pantalla grande muchas estrellas de cine, desde una Liz Taylor hasta la mítica Marlene Dietrich, pasando por un Tyron Power o Sean Connery, hasta la célebre Lauren Bacall. En cuanto se refiere a una de sus más populares novelas, tema de esta ocasión, también han sido varias las versiones, quizá la más conocida es la de 1974, dirigida por Sidney Lumet, en la que la famosa Ingrid Bergman ganó el Oscar a mejor actriz de reparto, interpretando a la enfermera sueca según la novela, y ahora es reemplazada por una misionera que encarna la española Penélope Cruz.

Así que una nueva versión de Asesinato en el Expreso de Oriente se presenta para productores, dirección y demás equipo de realización, incluidos los actores, en un exigente reto para mantener el relato y esencia de la obra, es decir, el crimen y la subsiguiente investigación, a cargo del famoso detective Poirot, con la respectiva carga de suspenso y su particular desenlace; además de lograr una serie de particularidades y caracterizaciones que la conviertan en una gran obra cinematográfica que pueda competir con otras versiones y, punto básico, gustar al público en general.

Así lo primero que resalta es la filmación como tal, no sólo los exteriores donde todo está muy digitalizado por cierto, sino el despliegue continuo de la cámara, sus planos y enfoques, desde los más simples hasta los más elaborados y complicados, con uno que otro plano-secuencia, muy estudiados, en el que su mejor ejemplo es la secuencia final. Una constante que también se mantiene en interiores, es decir, en los vagones del tren y sus diversos compartimentos, donde resalta la ambientación y decoración de este lujoso tren. En todo ello se nota la presencia de su director Kenneth Branagh, tanto en la puesta en escena como en la conducción de los actores y el trabajo que exige de todos ellos.

Una nota al margen y de carácter técnico, importante de señalar, es que casi toda la película fue rodada en unos estudios en las afueras de Londres, donde se construyeron el puente y los vagones; además, filmado todo en 65 milímetros, un nuevo formato que no es digital, que produce una mayor nitidez, definición del color y amplitud en la imagen, que le otorga el alto nivel de registro y en el que se complace en detalle la producción misma, encontrándose a su cabeza el conocido director Ridley Scott, resultando fácil apreciar su influencia y el carácter espectacular que le imprime a toda la realización.

Una vez más se abre el tema de llevar literatura al cine, sobre el cual existe una abundante producción escrita y por el que se realizan innumerables coloquios y espacios de discusión y debate, pues son muchos los aspectos, factores y novedades que constantemente remiten a replanteamientos y nuevos puntos de vista. El último y más reciente, sucedió en el mes de agosto pasado en Pereira donde se realizó el conocido Encuentro de Críticos de Cine, el vigésimo ya para ser exactos, en el que el eje temático era precisamente este de la adaptación literaria.

En dicho evento se comentó la situación de que hoy por hoy, lo más indicado es hablar de recreación o versión fílmica, antes que adaptación como quiera que verter un arte realizado en palabras a otro realizado en imágenes, ya por sólo esta conversión, lo literario sufre una inevitable transformación y por tanto, ya no se trata de medir cuánto del original se conserva, pues con ello todo siempre se está valorando desde lo literario y nada desde lo fílmico, añadiendo que por fortuna no existe un “adaptatómetro”; lo importante es que ahora se trata de apreciar cómo es la reconstrucción y por ende, creación fílmica de guionista y director.

Otro aspecto que no se analizó en detalle en dicho Encuentro es el que ofrece la película de esta ocasión y es que a veces se tiene como referencia anteriores versiones para cine con todo y modificaciones a la novela original, algo muy lógico con lo anteriormente expresado, además que por su difusión y notoriedad el cine prevalece en mayor medida y sus diversas recreaciones se tienen más en cuenta que el escrito mismo, en este caso, el de Agatha Christie. En fin, peculiaridades de la industria del cine que bien vale la pena señalar.

Por último, es importante referirse al tema que subyace tras el relato y suspenso donde fácilmente queda atrapado tanto lector como espectador de esta novela escrita en 1934 y desde su aparición, de gran éxito con miles de reediciones. Se trata del inquietante asunto de la justicia ejecutada por propia mano y en este caso, por un nutrido grupo de personas; de su aplicación sin el debido proceso establecido por la ley escrita y perpetrada directamente… sí, siempre será algo polémico y muy discutible, donde se analizan muchos factores y el debate se mantiene.

En este sentido la literatura siempre ha ido más adelante y es más abierta y liberal que el cine. Ya por los años de su primera edición, cobraba fuerza y un inusitado auge la llamada novela negra en los suburbios de las grandes ciudades de los Estados Unidos, mientras el cine que allá se producía estaba sometido a un estricto código de censura, el Código Hays, antes que nada de carácter moralista y que años después abolido este escollo, quedó una autocensura al respecto y es sólo en los últimos tiempos en que se aprecia una mayor soltura en estos temas, en especial, el vetado y tabuízado ejercicio de la justicia por cuenta personal, entre otras, porque ahora este tipo de finales, gusta más en el público y esa tendencia, la económica, finalmente, siempre se impone más sobre consideraciones legales o moralistas. De nuevo, aspectos de la industria del cine que bien vale la pena reseñar.

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