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| 5/4/2017 6:03:00 PM

Escuche un cuento de Rulfo en la voz de diez colombianos que le rinden homenaje

Con motivo de los 100 años del natalicio del gran escritor mexicano, Semana.com le pidió a 10 asistentes a la FILBO que leyeran un fragmento de 'No oyes ladrar los perros'. Este es el resultado.

Un padre lleva sobre los hombros a un hijo herido de bala. Van caminando apenas alumbrados por la luna, a través de un camino rocoso intentando llegar a un pueblo para buscar curación.

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El padre no escucha pues las piernas de ese hijo moribundo le taponan los oídos. El gran conflicto de la historia, más allá de que en escena haya alguien que está a punto de morir, es la gran distancia sicológica que hay entre aquel padre y aquel hijo. El primero le reclama al segundo, con un regaño que le viene de las tripas, el que se hubiese convertido en delincuente, el que hubiese traicionado de algún modo a la familia. Pero aun así lo carga para salvarlo.

Ese es el argumento de ‘No oyes ladrar los perros”, uno de los cuentos que Juan Rulfo reunió en El llano en llamas (se publicó por primera vez en 1953), un libro que en sus primeras ediciones logró vender más de 400 mil copias.

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En este mes de mayo se cumplen 100 años del nacimiento de este autor que puso a la literatura mexicana en uno de los lugares más altos que haya estado jamás. Alguna vez Hemingway dijo que los escritores más importantes del momento son apenas novelistas de moda, pues sus obras no han sido juzgadas en el tiempo. Y Rulfo, quien falleció en 1986, necesitó de solo dos libros para sobrevivir a ese examen que proponía el escritor norteamericano. El llano en llamas y Pedro Páramo (novela publicada en 1955) le ganaron una apuesta al olvido.

A 100 años de haber nacido, el legado de Rulfo continúa más vivo que nunca. Pero su historia personal también sigue despertando el interés de miles de seguidores en el mundo. Rulfo nació en Apulco, un pueblo cercano a Sayula que no aparecía en los mapas. Era un lugar de calles torcidas y empinadas, un paisaje tal vez muy parecido al que se puede leer en Luvina, uno de los cuentos más bellos y mejor logrados de Rulfo: “Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde de tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo”. 

Rulfo tenía cinco años cuando asesinaron a su padre. Su mamá falleció años después, por lo que fue llevado a vivir a un orfanato en Guadalajara. Era una especie de correccional en la que el pequeño  Juan aprendió a deprimirse, como se lo contó en una legendaria entrevista a Joaquín Soler Serrano. Solo la abuela se hizo cargo de él.

Nadie creería que un joven que luego estudió contabilidad y que más tarde trabajaría como recaudador de rentas terminara escribiendo una de las novelas más influyentes en la literatura latinoamericana del siglo XX: Pedro Páramo. Cuentan que en 1960, Álvaro Mutis le entregó a su amigo Gabriel García Márquez una copia de esa obra de Rulfo recién publicada, antecedida con un, “vea, para que aprenda a escribir”.

En esta edición de la FILBO, Semana.com se unió a la celebración del natalicio de este escritor destellante y le pidió a diez personas que leyeran un fragmento de ‘No oyes ladrar los perros’, un cuento en el que se conjuga la vida, la muerte y el amor, esos tres temas de los que, según dijo cierta vez Rulfo, se trata la literatura.

Agradecimientos especiales a los lectores del cuento:

1. Fabián Lozano, 17 años, estudiante de ingeniería civil.

2. Daniela López, 19 años, estudiante de derecho.

3. Carlos Amaya, 53 años, docente.

4. Marta Cecilia Riveros, 59 años, pensionada.

5. Hervin Fajardo, 31 años, empleado.

6. John Bayron Bedoya, 20 años, estudiante de historia.

7. Manuela María Pinzón, 16 años, estudiante de undécimo grado.

8. Orlando Pulido, 53 años, profesor de inglés.

9. María Camila Agudelo, 29 años, abogada y periodista.

10. María Clara Calle, 26 años, periodista.

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