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| 12/5/1983 12:00:00 AM

AYER Y HOY

Jorge Elías Triana muestra lo viejo y lo nuevo de su producción artística

Los cuadros que Jorge Elías Triana expone actualmente en la Galería de la Cámara de Comercio están llenos de muñecas de trapo. Ellas parecen sacadas de un baúl del siglo XIX. Sus caras triangulares, con el tono gris de la lona opacándoles las mejillas, tienen una expresión entre alegre y melancólica.
No están concebidas para jugar sino, cual muñecas, para ser contempladas. En realidad no están hechas con pedazos de trapo sino con óleos de colores cálidos. Pero además de muñecas, también hay bodegones y paisajes. Parece como si Triana volviera a retomar la temática con la que ganó, en los años cincuenta, el primer premio del Salón de Artes Plásticas del Festival Folklórico de Ibagué. Al preguntarle sobre este hecho, el pintor afirma: "En esta exposición la temática es volver a la cosa primigenia, como por ejemplo los paisajes de tierra caliente que me impresionan desde niño. Los temas son, en lo posible, nacionales: las muñecas de trapo que son artesanías populares y los objetos comunes y corrientes, los objetos cotidianos. Ahora, después de treinta años, los he vuelto a tomar con un criterio nuevo. No es simplemente un regreso, sino que hay de hecho un avance, un desarrollo de esa temática de mis primeros años".
Jorge Elías Triana, nacido en San Bernardo, pequeño pueblo del Tolima, cuenta hoy con 62 años. Su trayectoria nos revela a un pintor que atravesó variados períodos muy controvertidos. Fue calificado de abstracto en 1964, de figurativo en 1965 y de expresionista en 1971. En realidad estas clasificaciones dicen poco de un pintor que a lo largo de casi cuarenta años de vida artística se ha preocupado por buscar sus raíces americanas y tratar de insertarlas en su obra. Esto no sólo se puede observar en su temática sino también en el modo como utiliza la técnica del color. En sus cuadros, este parece tener límites geográficos en vez de tonales. El mismo afirma: "Puedo decir que el color caracteriza las regiones. Yo siento mucho el color cálido, los colores tropicales. Eso siempre ha sido una constante en mi pintura. Cuando he realizado exposiciones en Europa, algunos me han relacionado con la pintura de Gauguin: es que la tierra mía del Tolima tiene unas características muy parecidas a las islas de Oceanía, las islas de los mares del sur que pintó Gauguin. No sólo por el paisaje mismo sino también por el color de la gente, un poco morena, color tabaco".
Pero además de esta preocupación por el color, Triana reflexiona sobre lo que la pintura misma puede ofrecer. Ello explicaría un poco su preocupación por los bodegones. En ellos la luz se abre y esparce acariciando los diversos elementos para crear efectos pictóricos acordes con las leyes de la composición. El afirma: "El bodegón tiene la característica muy especial que como no hay un tema literario, hay una necesidad de hacer pintura-pintura. Retomé el tema del bodegón en un momento en que se estaba olvidando un poco el oficio del pintor. De esto hace unos seis o siete años. Quedábamos muy pocos pintores que realmente queríamos la pintura como oficio. Se estaba haciendo en ese momento mucho dibujo, mucho grabado, mucho arte conceptual. Ahora mucha gente pinta bodegones y creo que es un buen camino para iniciarse en la búsqueda del arte".
Paralelamente a esta exposición, en el Museo Nacional se está realizando una retrospectiva de su obra que contiene 85 cuadros entre óleos, acrílicos pasteles y acuarelas. "Cuando se hacen esas exposiciones retrospectivas la gente cree que el pintor ha muerto o está retirado de su trabajo. La exposición que hago en la Cámara de Comercio se debe a que quiero mostrar que estoy vivo, que estoy con ganas de trabajar, que estoy aprendiendo".
Terminada esta charla, el maestro quiere volver a su taller, a entregarse a su trabajo. Quiere volver a pintar el paisaje y regresar a las cosas comunes, obvias. A lo cotidiano de sus primeros cuadros.
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