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| 10/28/1996 12:00:00 AM

AZUL

La libertad como una forma de prisión en la primera cinta de la trilogía cinematográfica del director polaco Kriestof Kieslowski.

Director: Kriestof Kieslowski
Protagonistas: Juliette Binoche, Benoit Regent, Florence Pernel, Charlotte Very, Helene Vincent, Philippe Volter
Desde que fue anunciado su estreno durante el pasado Festival de Cine de Bogotá la trilogía de Kriestof Kieslowski, Azul, Blanco, Rojo, ha puesto a revolar a críticos y espectadores por igual. Los primeros para decantar de una vez por todas su aproximación a quien fuera uno de los grandes directores contemporáneos. Los segundos, más inocentes, para poder deleitarse por fin con las imágenes de una trilogía de nombre tan sugerente como poético. Se trata de tres visiones diferentes de la vida que, sin embargo, están conectadas entre sí por medio de un lenguaje cinematográfico muy personal.
Algunos expertos han asociado los títulos -que son, al mismo tiempo, los colores de la bandera de Francia- con los ideales de la revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad. De manera que Azul correspondería, en este orden de ideas, a la libertad. Sin embargo, aunque romántico, Kieslowski aborda el tema sirviéndose de un azar expresado en su más traumático modo de comportarse. La película es la historia de Julie (Juliette Binoche), una mujer que a los 33 años queda viuda a causa de un accidente de tránsito que la deja sin su esposo (un reconocido compositor) y sin su pequeña hija. De pronto Julie ha perdido todo lo que tenía; de pronto, despojada de sus ataduras, deseadas o no, ha recobrado la libertad.
El hecho es que Azul se concentra en la asunción de Julie de la catástrofe. Puesto que no es posible saber cómo era Julie antes del accidente, es imposible definir con claridad su duelo: ¿Sufre en realidad, o es la culpabilidad de su libertad recobrada de semejante forma?.Es quizás esta ambigüedad en la que se mueve Kieslowski. El director hace desnudar el rostro de Julie, pero es un rostro hermético, confundido, difícil de descifrar. Su esposo, el compositor, ha dejado inconclusa la gran obra de su vida y su mejor amigo, enamorado de Julie, intenta terminarla. La melodía de esa composición -hermosa por demás y creada por Zbigniew Preisner- sirve de alguna forma para ingresar en el pensamiento de Julie, en su más oscuro silencio, pero ni siquiera esas claves despejan la incógnita del atormentado y ambiguo duelo de Julie.
Con una deliciosa cinematografía y una banda sonora difícil de olvidar, Kieslowski introduce al espectador en una historia penetrante y de múltiples miradas sobre la fragilidad de la vida, el azar y el amor. Una pequeña joya que con seguridad ganará en dimensión al contemplar las próximas dos películas de la trilogía.
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