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| 6/19/1995 12:00:00 AM

BAJO EL DESIERTO

El descubrimiento de la pirámide de una reina desconocida y del complejo funerario más grande del Antiguo Egipto ponen de moda los misterios de esta cultura milenaria.

HACE ALGUNOS MESES EL POSIBLE hallazgo en Egipto de la tumba de Alejandro Magno puso en consternación momentánea a la comunidad de científicos. EL dato resultó equivocado, pero la expedición terminó por demostrar que las arenas próximas al Nilo todavía ocultan tesoros inimaginables. De hecho, en el último mes dos nuevos descubrimientos arqueológicos han removido los conocimientos que se tienen sobre la cultura del Antiguo Egipto y han acaparado la atención de los medios de comunicación internacionales. Por un lado, a las 96 pirámides que se han encontrado y explorado a lo largo de la historia, un grupo de expertos franceses acaban de sumar una más. Por el otro, un equipo de la Universidad Americana de El Cairo dio a conocer la semana pasada la que ha sido denominada por los arqueólogos como la tumba más grande del Antiguo Egipto descubierta hasta ahora, donde reposarían los cadáveres de los numerosos hijos del rey Ramsés II, quien rigió los destinos del imperio por 67 años, en el siglo XII a.de C.
El primero es un suceso tan emocionante como enigmático. Se trata del hallazgo, al sur de las pirámides de Ghiza, de una nueva edificación de igual género que data de un período desconocido hasta el momento. El grupo de arqueólogos franceses, dirigidos por Audran La Brousse, comenzaron por encontrar, a la entrada de un templo funerario en la región del Sahara, una gran placa con el nombre de un personaje desconocido, el de la reina Meritites. Las características de la tumba llevaron a La Brousse a pronunciar las primeras especulaciones. En su concepto, Meritites era hija o nieta del faraón Pepi I y esposa de un faraón desconocido: Neferkare. Sin embargo, el hallazgo no quedó ahí. Tres días después, al frente del templo funerario, los expertos descubrieron los bordes de lo que parece ser una pirámide de unos 50 metros de alto. La edificación se encuentra aún sepultada bajo la arena, pero los arqueólogos tienen la esperanza de descubrirla totalmente durante los próximos seis meses y de paso encontrar el sarcófago de la reina y la pirámide de Neferkare.
Pero si este episodio tiene un interés especial por tratarse de personajes y un período históricos hasta ahora desconocidos, el hallazgo del arqueólogo Kent R. Weeks y de sus colaboradores de la Universidad de El Cairo no es menos importante. Es, ni más ni menos, la comprobación física de los conocimientos históricos sobre Ramsés II y su descendencia. Este faraón fue uno de los más poderosos reyes de la antiguedad y uno de los más prolíficos constructores de arquitectura monumental. Según los historiadores, su gobierno coincidió con el tiempo del éxodo de los israelitas a Egipto y según la leyenda alcanzó a tener más de 100 hijos. De ellos se tenía conocimiento de sus nombres pero no se sabía nada más. El grupo de Weeks descubrió un enorme mausoleo, de cerca de 3.000 años de antiguedad, con 67 cámaras, en las cuales al parecer fueron enterrados la mayoría de los hijos de Ramsés.
La entrada ya había sido descubierta en el siglo pasado a unos 480 kilómetros de El Cairo, entre las piedras calizas del Valle de los Reyes, la gran necrópolis donde fueron enterrados los monarcas egipcios entre los años de l600 y 1000 a. de C.y donde en 1922 fue hallada la tumba del rey Tutankamon. Pero las sucesivas inundaciones habían obstruido casi todas las cámaras. Weeks y su equipo; encontraron allí mismo y a pocos metros de la tumba de Ramsés II, un pasadizo que conduce a una especie de corredor central con 16 columnas -pasaje que se dirige a la estatua de Osiris, dios del mundo subterráneo- y otros corredores que conducen a una gran cantidad de cámaras separadas. Según el periodista John Noble Wildford, del New York Times, los arqueólogos vislumbraron decoraciones en las paredes y fragmentos de alabastro en los que estaban inscritos los nombres de cuatro de los hijos de Ramsés, piezas de sarcófagos, fracciones de momias y varias estatuas.
Si bien los expertos no tienen esperanza de encontrar tesoros similares a los hallados en la tumba de Tutankamon, pues los hijos de Ramsés II no alcanzaron nunca el trono de su padre, el hallazgo de sus tumbas ha hecho replantear la visión de los arqueólogos. La mayoría de las tumbas del Antiguo Egipto descubiertas constan de unas pocas cámaras que se extienden sobre un sólo eje. La de los hijos de Ramsés II, bautizada con el nombre de KV 5, es un complejo funerario tan grande que es probable que albergue 100 salas en total.
Por supuesto, hacen falta muchos estudios para saber a ciencia cierta las verdades que ocultan las tumbas, pero este sólo episodio ha hecho pensar a los especialistas que su hallazgo es apenas el comienzo de expediciones mayores. Al fin y al cabo estos descubrimientos lo único que señalan a simple vista es la posibilidad de que existan múltiples cementerios similares y que lo mejor tal vez está todavía sepultado bajo las arenas.
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