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| 10/22/1984 12:00:00 AM

BASURA CON FORMA DE PAISAJE

En Medellín, 60 hectáreas del basurero municipal que alimentan a cerca de 15 mil personas, van en camino de convertirse en barrio con todas las de la ley

Es difícil imaginar que la basura llegue a tener forma de paisaje; figura de montaña. Esta de Medellín, a escasos cinco minutos de] centro en Moravia, se halla en media de importantes instituciones, coma son las universidades Nacional y de Antioquia, el Jardín Botánico, el nuevo Planetario, la Casa Museo de Pedro Nel Gómez, la Terminal de Buses, la eventual gran Terminal de Trenes y una estación importante del proyectado Metro. A pesar de las incalculables posibilidades de desarrollo del área, el cerro de desperdicios durante años humeó sus fétidas emanaciones y fue albergue de casi ochocientas familias humanas y de más de medio millón de roedores quienes, tanto unos como otros, supervivieron en sus laderas por medio de la basura misma. Al pie del cerro se configuró un sector de seis barrios ocupado por más de quince mil personas, que en términos de población constituye el segundo de la ciudad y supera a ochenta municipios antioqueños.
Fueron camiones de basura los que, girando sobre el terreno escogido, armaron el cada vez más alto ziggurat que llegó a parecerse, desde su dimensión grotesca e inhumana, a aquella tremenda torre de Babel descrita en uno de sus mejores cuadros por el Brueghel. Sólo que en el caso medellinense primaban la penuria y la desposesión, las condiciones ínfimas de salud y la desesperación con que "basuriegos" y "chuteros" (los unos sacando para vender en el mercado abierto de la ciudad y los otros, casi siempre mujeres, tomando detritus para consumirlos directamente en sus hogares) escarbaban en la gran montaña como si en vez de personas fuesen apenas ratas de mayor tamaño. Esto también hacía recordar escenas antiquísimas del cerro Janículo, al otro lado del Tíber, frente a Roma, que fue basurero de la capital imperial Para convertirse. en épocas modernas, en uno de sus más bellos miradores y en inagotable fuente de información, archivo enterrado, para los arqueólogos.
La convivencia de este gran número de personas con la situación general del basurero llegó a su punto culMinante como crisis social a partir de 1980, y comenzó a recibir atención oficial dos años más tarde, o sea, unos veinte años después de haberse iniciado el proceso de invasión. En esta última fecha coincidieron, por una parte la creación del organismo, o grupo de trabajo que depende de la municipalidad (Grupo de Rehabilitación del Basurero Municipal de Medellín) y que intenta solucionar los problemas de esta situación específica, y por la otra, el momento cuando los camiones de basura no pudieron continuar ascendiendo porque el cerro había crecido ya hasta su máxima expresión, completando su cúspide y ocupando diez hectáreas de base por treinta metros de altura.
Al encontrarse otros sitios en el Valle del Aburrá para la deposición de desperdicios donde pudiesen usarse como relleno sanitario, (como en la Curva de Rodas donde soluciona problemas de relieve), se ayudó a eliminar la función del basurero del sector de Moravia. Pero el barrio ya establecido siguió demandando soluciones. Fue entonces cuando el grupo de trabajo nombrado por la alcaldía comenzó su investigación y censo, para rápida y acertadamente llegar a una serie de conclusiones que orientarían su acción. A diferencia de lo que se ha hecho en situaciones parecidas (no sólo en Colombia),en las que se ha determinado expulsar a los invasores por la fuerza, o comprarles sus mejoras y de todos modos sacarlos, o meter bulldozers y hacer "tábula rasa" con lo que hay, en este caso se concluyó que la gente se debía quedar y ser rehabilitada lo mismo que el territorio. Esto, a su vez, inició un proceso que tuvo varias etapas.
La primera fue de gran curiosidad de los habitantes con respecto de la intervención de los sociólogos, trabajadores sociales y antropólogos, que hacían preguntas y balbuceaban posibles sugerencias de comportamiento. A esta etapa sucedió otra de resistencia, aun hoy evidenciada en las calles del barrio por medio de letreros que, aunque ya descoloridos, aún gritan: "FUERA LOS SOCIOLOGOS" Esto fue motivado más que nada por la negativa de la gente a pagar al Estado, propietario legal de la tierra, por el traspaso de la misma. Después vino una etapa de negociación en la cual, sobre la base de que no se pagaría ni un centavo por la tierra, se llegó a una estrategia interesante que permite el pago con el trabajo de sus ocupantes, considerando un precio de $35.000.oo por cada lote. Esto significa que, al valor actual del salario minimo, incluyendo prestaciones, podrán pagar con sesenta y ocho días de trabajo, dedicados a construir la infraestructura de servicios del espacio público del barrio (andenes, calles, canalización de quebradas, red de acueducto y electricidad, puestos de salud, escuelas, etc.), con horas de trabajo que se aportan de acuerdo a la comodidad del trabajador, siempre supervisado por capataces escogidos de entre los pobladores. Significativamente, la nueva fuerza de trabajo incluye a las mujeres. El propósito general de esta política es integrar las sesenta hectáreas del barrio del basurero, al resto de Medellín, empatandolo con el sisterna vial y los servicios públicos de la ciudad. Luego de la adquisición legal de las propiedades por parte de los invasores, y a la vuelta de pocos años, el barrio estará nuevamente en el mercado de inmuebles de la ciudad y habrá sido, por lo tanto, plenamente normalizado.
El loteo fue uno de los capítulos más significativos y complicados de resolver dentro del proceso que se ha llevado a cabo. A pesar de la proclamada pobreza entre estas gentes se dio una representación microcósmica de muchos de los factores del mundo exterior; allí también aparecieron los acumuladores de propiedades y se hicieron a varios lotes cada uno, algunos de considerable tamaño, mientras que otras familias poseían lotes tan pequeños que para dormir tenían que sacar los muebles del habitáculo. Por ello se planteó una propuesta de reforma urbana para nivelar dimensiones y poner en su sitio a los "latifundistas", ajustándolos a las exigencias de la comunidad.
Hoy en día el basurero de Medellín se halla en franco camino de recuperación. El descontinuado uso de la colina le ha permitido verdear en un tiempo mucho menor que el de cualquiera las predicciones tecnicas. Gran parte de las viviendas que se asentaban en las laderas han sido eliminadas y sus habitantes relocalizados en mejores lotes del mismo barrio o en las casas que para dicho propósito hiciera fabricar el notorio señor Escobar. Abajo, en el terreno mayor y más consolidado, se da la actividad febril que endereza vías para que la trama tenga coherencia, que relocaliza familias, que redefine lotes y que ejecuta campañas masivas de vacunación en los incipientes puestos de salud. Fuí testigo del perifoneo hecho por los mismos niños organizados en alegres bandas, disfrazados, por las calles, llamando a la salud con un pregón macabro: "¡Si el niño no se despierta, es porque se murió. Vacúnelo!"
La iglesia, la escuela, los espacios públicos que comienzan a configurarse, el progresivo afianzamiento de las vías por medios aún elementales, la instalación de infraestructura de servicios, el remozamiento de muchas casas, el establecimiento de varias micro-empresas que prometen incrementar la demanda de mano de obra, son síntomas del entusiasmo que ha generado la posibilidad de llegar a ser los verdaderos dueños, con escrituras y todo, y se traduce y evidencia en gente contagiosamente comprometida con la construcción de su pedazo de ciudad. Al paso que van las cosas dentro de poco veremos una transformación sustancial de lo que fue uno de los sectores más deprimidos de la historia urbana en Colombia, lo cual sin duda constituye un éxito considerable de la Municipalidad de Medellín y de su Departamento de Planeación Metropolitana.
Debe realzarse sobre todo la acción del Grupo de Rehabilitación del Basurero Municipal de Medellín; ha sido incrementada con la participación de médicos, abogados, ingenieros arquitectos, etc., que ahora inciden fron talmente en el proceso de mejoramiento de las condiciones generales. Además, estudiantes de las ciencias sociales hacen prácticas voluntarias que aportan visión y entusiasmo a todo este proceso. Para verguenza suya, están notoriamente ausentes de ese núcleo los estudiantes de arquitectura y arte, como si lo que se hace aquí no tuviese que ver con sus campos de acción, o como si su evidente anacronismo les permitiera seguir contando con sólo dos posibles patronos: el Príncipe (ahora aburguesado) y Dios. Consideraciones, estas últimas, que hacen sospechar inevitablemente de los pénsums de las escuelas y sus orientaciones, que evidentemente mantienen a los profesionales visuales en el limbo que ignora los cambios sustanciales que se dan constantemente en el país. Habría que perifonearles, parafraseando a los niños del basurero de Medellín: "¡Si su profesión no se despierta, es porque se murió!"-
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