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| 11/14/1994 12:00:00 AM

BELLE EPOQUE

BELLE EPOQUE
Una hermosa y romantica historia, hecha para aquellos que todavía creen el la nostalgia

ERA LA EPOCA ROmántica, la época de los ideales firmes,de los sueños y la esperanza absoluta en un futuro promisorio. Era a bella época. A comienzos de 1930 España soñaba con el nacimiento de la República. Y ese deseo estaba a punto de convertirse en realidad, a un precio que los republicanos estarían dispuestos a pagar en virtud de la transformación. Dentro de este marco histórico y social, el director Fernando Trueba da rienda suelta a todo su talento para componer Belle Epoque, el filme español que este año obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, ganándole a cintas favoritas como la china Adiós a mí concubina.
Trueba sitúa el relato en un pueblo cualquiera de España, en el año en que cae la monarquía. Como en Colombia y quizás como en los demás países de origen latino, la política en los pueblos puede llegar a generar al mismo tiempo las guerras más sangrientas y personajes tan particulares como los pintados por García Márquez en sus novelas.
En el pueblo de Belle Epoque, los personajes son definidos con un detalle que, sin perder la gracia de cada uno de ellos, parece rayar en la caricatura: una adinerada matrona fiel a la Corona y defensora a ultranza de la Biblia, un ingenuo y sometido hijo, un sacerdote que representa muy bien al clero pueblerino y, sobre todo, cuatro inquietas jóvenes que se dejan llevar solamente por su pasión desbordante.
La película es la historia de estas cuatro hermanas, hijas de un viejo artista escéptico, y las aventuras de un joven desertor rebelde que busca escondite en el pueblo. No obstante, en el fondo es la historia del pueblo mismo, en un momento trascendental de la historia española contemporánea; y es también la del viejo artista y su inevitable encuentro con la soledad. En fin, es el retrato de una época evocada con nostalgia, una época que como pocas en el transcurso de este siglo estaba impulsada por una vitalidad a toda prueba y por la premonición de que un maravilloso futuro estaba a punto de abrirse en toda su extensión.
Con base en un elaborado guión, un excelente elenco y un humor desprevenido, más bien nacido de la cotidianidad de la historia y no previamente calculado, Fernando Trueba embelesa al espectador con un relato hermoso, romántico y colmado de sutiles evocaciones.
Protagonizada por Jorge Sanz, Maribel Verdú, Ariadna Gil, Penélope Cruz y Fernando Fernán Gómez, Belle Evoque está hecha para los aficionados nostálgicos, para aquellos que siguen mirando el cine con los ojos románticos de la Edad de Oro de Hollywood y que buscan en una buena historia simplemente la oportunidad de alimentar el espíritu dormido.
Quizás esta fascinación le hizo merecedora del Oscar, por encima de cintas de mayor elaboración.

TAN LEJOS Y TAN CERCA
La última película del director alemán Win Wenders es capaz de renovar el espiritú.
WIN WENders, el mismo de Paris Texas, no sólo es uno de los directores alemanes más destacados de los últimos años, sino también uno de los pocos realizadores -de los que llegan a Colombia- que insisten en tomar el cine como reflexión, en contra de la idea comercial generalizada, impuesta por las grandes productoras estadounidenses, de que el cine es entretención.
Su más reciente trabajo, Tan lejos y tan cerca, continúa rondando los variados cuestionamientos sobre la vida, sus caminos, sus consecuencias, sus posibilidades, su fin último; y al mismo tiempo puede ser la continuación de su película anterior, El cielo sobre Berlín.
Con la actuación de Nastassja Kinski, Otto Sander, Willem Defoe y la participación especial de Peter Falk (el famoso Columbo) en el papel de él mismo, Tan lejos y tan cerca presenta un mundo habitado también por ángeles invisibles que van recorriendo las ciudades acompañando a sus compañeros terrenales en cada situación, sin posibilidad aparente de intervenir en el destino de los humanos. Dos de ellos recorren la Berlín actual y son testigos de la historia de la ciudad en general y de varios de sus ciudadanos en particular.
Con un maravilloso juego de evocaciones del pasado en comunión con el presente; y utilizando la técnica tradicional del blanco y negro en diversas ocasiones, Win Wenders somete al espectador a un viaje que parece un hermoso sueño. Así como los ángeles son capaces de escuchar hasta las reflexiones mudas de los personajes, el público también se siente un indelicado cómplice, en otro ángel más de los que surcan el cielo de Berlín escuchando y viendo historias sin la posibilidad de intervenir.
En medio de este mágico planteamiento, y con base en excelentes diálogos y razonamientos, surgen los cuestionamientos sobre la vida, la existencia, los logros alcanzados,los fracasos y las alegrías. Pero los cuestionamientos son también para los ángeles, uno de los cuales, en algún momento querrá experimentar lo que es vivir de verdad sobre la Tierra.
Con esta hermosa y sencilla historia, Wenders continúa cumpliendo su cometido de cuestionar al espectador, pero con una enorme ventaja en relación con otros conocidos y temibles cuestionadores: la posibilidad de una esperanza apartada de la religiosidad cursi que hace que el espectador, lejos de salir deprimido del teatro, camine con inesperado sosiego. -
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