Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1995/04/24 00:00

BERGMAN-SHOW

La versión criolla de 'Escenas para aprender a amar' es un espectáculo digerible que no conserva el tono de la obra original.

BERGMAN-SHOW

POCAS FORMAS de las relaciones humanas presentan una tendencia tan marcada al dramatismo y a la actuación que ese 'infierno inolvidable' (parodiando a Alvaro Mutis) de la pareja. El rito matrimonial y las múltiples demostraciones de poder y sumisión de la vida cotidiana son toda una coreografía social digna del más elaborado dramaturgo. Y tal vez, por su esencial teatralidad, es que precisamente las artes escénicas y cinematográficas se han ocupado con tanta insistencia de los tics del matrimonio.
El Teatro Nacional ahora estrena Escenas para aprendera amar, una variación sobre el eterno tema del amor-odio, con el que ya el año pasado había coqueteado en Diatriba de amor contra un hombre sentado.
En esta ocasión, en lugar del monólogo reiterativo y en muchas ocasiones histérico de una frustrada ama de casa, se le da la voz a los dos implicados, en un montaje basado en la película Escenas de la vida conyugal del sueco Ingmar Bergman.
Pero en la adaptación muchas cosas quedan sueltas. No es sólo la diferencia obvia entre el lenguaje de la cámara y el de las tablas. El del cine es un refinado retrato sicológico de las oscuridades de la incomunicación humana, gracias a la magistral danza de gestos en primer plano de dos individuos enjaulados por su pasado y sus esquizofrénicos roles. Pero esta obra los transforma en un jugueteo menos tenso, con algunos intermedios de violencia, que provocan frecuentemente las carcajadas del público.
No se sabe si la intención del director Pawel Nowicky fue suavizar la agobiante maquinaria sadomasoquista de la película en un digerible espectáculo, o si quiso convertir el existencialista regodeo sobre la imposibilidad de la comunicación en una parodia más inofensiva. Pero esos fueron los resultados. La hábil manipulación de las fibras profundas del ser humano no se logra en esta lectura, a pesar de algunos elementos líricos e incisivos de los excelentes diálogos.
Y el recurso de una voz a extraña que interroga a los amantes frustrados no logra salvar las elipsis de la historia. Así el final de Bergman, que convierte a los ex esposos en cómplices amantes, no resulta evidente.
No se trata sólo de que la densa obra de Bergman se haya bajado a un lenguaje cotidiano para hacerlo comprensible a un público local y profano, sino de una alteración del tono que produce un show ligero sobre un tema que a todos toca, que puede divertir, pero que se queda por fuera de la propuesta original y de sus infiernos.


LA MIRADA DE KOLTES
Gracias a un taller organizado por la Academia Experimental de Teatros, de Francia, los directores colombianos se enfrentan a la obra de uno los escritores más revolucionarios del teatro contemporáneo mundial.
DESAPARECIO del planeta justo cuando su carrera estaba madurando: a los 41 años. Nacido en Francia pero con una sorprendente cercanía con Latinoamérica, el escritor Bernard-Marie Koltes se dedicó a llenar cuartillas verificadoras de la encrucijada del mundo contemporáneo, de la violencia y el racismo, de la crisis de identidad del hombre actual arrojado a su suerte en el universo. Pero no fueron textos de historia. Por el contrario, fueron sensaciones tejidas en letras las que se convirtieron en obras de arte para luego ser llevadas a las tablas por prestigiosos directores europeos. Su literatura, mítica y directa al mismo tiempo, lo convirtió en uno de los más importantes escritores de los últimos 20 años.
Su obra construyó una nueva visión del teatro, que buscó sus imágenes debajo de las alcantarillas, en la cotidianidad cruda de la urbe, con un estilo que le sirvió de soporte a uno de sus discípulos, el director del Teatro La Candelaria, Santiago García. Curiosamente a Koltes lo conocen poco en Colombia y en general en toda Latinoamérica, debido, entre otras cosas, a las escasas y pésimas traducciones.
Por eso, los miembros de la Academia Experimental de Teatros, de Francia, vinieron a Colombia a iniciar talleres sobre la obra de Koltes, un autor sin cuya influencia el teatro no habría asistido a un nuevo nacimiento. Con la participación de directores teatrales de la Universidad Nacional, la Asab, el Teatro Libre, la Enad, de Bogotá; la EPA y la Universidad de Antioquia, de Medellín, y la Universidad del Valle, de Cali, se dio inicio al taller introductorio a comienzas de marzo. El próximo tendrá lugar en agosto, cuando las ideas asimiladas sean desarrolladas en escena por los propios grupos colombianos.
Se trata, ni más ni menos, del acercamiento de la dramaturgia nacional a uno de los autores más revolucionarios de los últimos tiempos, lo cual constituye una oportunidad de oro para la evolución del teatro colombiano, que aún busca sin encontrar su propia identidad, su propio lenguaje y finalmente su propio lanzamiento ante el mundo.

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