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| 9/10/2001 12:00:00 AM

Bestiario

En la galería Diners dos bestias tienen un protagonismo excepcional: el conejo y el caimán.

Consuelo Gomez entró en la tradición de los grandes maestros. Su muestra en la Galería Diners tiene un protagonista absoluto: el conejo. Y los conejos y el arte tienen una larga historia. Los grandes maestros de los Países Bajos siempre incluían algún conejo en sus naturalezas muertas, miren a Rembrandt, miren a Rubens. Uno de los mejores ejemplos de la representación exacta, minuciosa y enfermiza de la realidad es la acuarela de una liebre hecha por Durero y, para que no quepa duda de su antigüedad, fechada en 1502. Sin embargo la aparición del conejo en la obra de Consuelo Gómez no tiene un origen pictórico: literalmente hizo su aparición como en un acto de magia: su conejo salió de un sombrero de mago.

Consuelo es una artista que trabaja con materiales. Que fabrica esculturas, que fabrica objetos, que no puede tener las manos quietas. La premisa con la que partió el conjunto que presenta en Diners era: ¿cómo encerrar en una superficie plana todo un apartamento? Empezó a trabajar en el computador con un programa de autocad que, hoy en día, es la mano derecha de los arquitectos. Trasladó su investigación a la madera y uno de sus mejores logros es una suerte de cuadro blanco, colgado en la pared, que tiene varios pliegues, uno sobre otro: ventanas, paredes y puertas en una sola superficie. Pero esa superficie necesitaba algo más. Una textura. Consuelo continuó con su investigación. Entró al mercado de las pulgas y se encontró con el fieltro de los sombreros, preguntó el material del que estaba hecho y la respuesta fue contundente: piel de conejo. Ese fue el toque final para darle jaque mate a su propuesta. La pieza más interesante de la muestra lleva como título Fábrica. Y, a diferencia del cuadro blanco que pretende encerrar un apartamento, éste intenta atrapar la fábrica de sombreros en la que terminó su investigación. En lugar de una sola pieza blanca hay restos del piso de la fábrica, hay fórmica, hay madera y piel de conejo. En una de las ventanas de la obra se ve la colita de un conejo hecha de madera. El resto de la muestra es puro placer visual y metáfora. Consuelo, luego de hallarse con la sorpresa de los sombreros, decidió que el conejo está en todas partes. En Bugs Bunny, en Alicia en el país de las maravillas, en los sombreros de los magos y en el logo de Playboy. Hay una obra que es una suerte de caja de madera con una promesa en su interior: en la parte de arriba sobresale una oreja de conejo. Hay vasos de Coca-Cola hechos con piel de conejo. Incluso hay una lámpara hecha con su piel y con un animalito dibujado. Pese a todo, esta vez, el conejo no es el único protagonista.

Consuelo Gómez comparte galería con Consuelo Manrique. Y la bestia favorita de Manrique es el caimán del río Magdalena. Su apuesta, a diferencia de la de Consuelo Gómez —que tiene que ver más con la forma, con el juego, con el material, y por suerte con el arte por el arte—, es una apuesta que esconde tres banderas: la ecología, la política y la pintura. Manrique ‘descubrió’ al caimán del Magdalena luego de varios viajes en las zonas de conflicto como profesora de arte. Le sorprendió que, a diferencia de los desplazados, el caimán se quedaba en su zona. Luchaba por su espacio. Lo pintó de rojo y lo convirtió en un icono de su serie pictórica que, irónicamente, alcanza su mejor forma en una obra que no está a la venta. La parte alta de la Galería Diners se divide en tres ventanales que, a su vez, tienen tres paredes detrás. En esas paredes Manrique pintó a su caimán: el espectáculo desde la calle no puede ser mejor. Es la mejor invitación para entrar a la galería.
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