Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1999/03/01 00:00

BODAS DE PLATA

El Teatro Libre de Bogotá, celebra sus primeros 25 años de actividades.

BODAS DE PLATA

Por todas partes se anuncia la celebración de los primeros 25 años de labores del Teatro Libre
de Bogotá. Sin embargo, a la hora de precisar la fecha exacta del origen de la institución, sus fundadores han
terminado confesándose: realmente no están cumpliendo 25 sino 26 si se tiene en cuenta que la personería
jurídica la obtuvieron en 1973. Lo que sucede es que el grupo, encabezado por el director Ricardo Camacho,
se vio obligado el año pasado a aplazar el festejo por falta de recursos, un inconveniente que no sólo
motivó esporádicas e intermitentes presentaciones durante los últimos años sino que hizo pensar un futuro
incierto. Pero con la conmemoración del primer cuarto de siglo Camacho y su grupo han dejado en claro
que su labor en las tablas no ha decaído ni un segundo a pesar de los permanentes tropiezos para sostener
los montajes. Al fin y al cabo esa ha sido una constante en la historia del teatro colombiano y el Libre no
es la excepción. Por suerte sus fundadores han superado de una u otra manera los altibajos económicos
típicos del medio teatral. El más recordado es el que siguió a la toma del Palacio de Justicia, en 1985, porque
generó cierta incertidumbre entre quienes visitaban el centro de Bogotá cuando la única sede era la del
barrio La Candelaria. "En la fecha en que queríamos estrenar Macbeth de Shakespeare ocurrió el trágico
episodio de la toma del Palacio, y al cambiar el día de su presentación coincidimos con la catástrofe de
Armero, obviamente la obra fue un fracaso", comenta Jorge Plata. Aunque eventos de la talla del Festival
Iberoamericano de Teatro de Bogotá y el Festival de Manizales parecen confirmar la acogida del público al
mundo de las tablas, lo irónico es que en las salas de teatro independiente los resultados no han sido tan
productivos y la asistencia no es tan masiva como muchos creen. Por ello sobrevivir durante 25 años no sólo
ha sido cuestión de talento, sino también de sacrificio y de un transparente amor al arte escénico. En
medio de la constantes dificultades económicas, sus pioneros y algunos pocos convencidos empresarios
que han visto la importancia de la dramaturgia han luchado por mantener en pie esta institución
artística. Los mismos fundadores, que inicialmente superaban la veintena y que hoy se reducen a siete
_Ricardo Camacho, Germán Jaramillo, Beatriz Rosas, Hernán Pico, Héctor Bayona, Libia Ester Jiménez y Jorge
Plata_, renunciaron durante 15 años a cualquier beneficio económico y, gracias a algunos auxilios
parlamentarios, a ingresos provenientes de obras populares que se presentaban en funciones especiales
para colegios durante el día, los momentos críticos han sido superados. Incluso ha habido épocas de
apogeo, como cuando fue inaugurada la sede de Chapinero en el antiguo teatro La Comedia, una sala dotada
con todos los lujos y necesidades contemporáneos y que permitió la creación de la Escuela de Formación
de Actores en la sede de La Candelaria, que hoy es también una excelente carta de presentación a la hora
de comparar las producciones nacionales en el ámbito mundial. 25 años no son nadaEn medio de más de
4.000 grupos teatrales que buscan surgir en el país el Libre se ha consagrado como uno de los más
importantes, no sólo por su trayectoria sino por la variedad de sus montajes, desde los clásicos griegos
hasta las obras políticas de los convulsionados años 60, pasando por las comedias de ocasión y los dramas
de suspenso. Su importancia también se debe a que en medio de los tópicos comunes que ha manejado
paralelamente con grupos como La Candelaria y el Teatro Experimental de Cali, el Libre no se ha apropiado de
la creación colectiva como lo plantean otros actores y directores, sino que ha sostenido la creación
individual. De esta iniciativa surgió el taller que dirigió Jairo Aníbal Niño, del cual derivaron obras de gran
importancia como Los inquilinos de la ira, El Sol subterráneo y La huelga, todas enfocadas hacia la
problemática social del país, tema que ya venían tratando los actores universitarios que después
conformaron el Libre. Pero sin duda su mayor éxito ha sido La agonía del difunto, obra escrita por Esteban
Navajas, la cual se exhibió sin interrupción durante más de 20 años y se presentó por última vez en 1998. Los
actores Germán Jaramillo y Carlota Llano, quizás los dos actores insignias del grupo, han vivido dos décadas
de sus vidas interpretando esta obra. "Antes el maquillaje era para poner arrugas, ahora es necesario para
quitarlas", dice Jorge Plata, director de la obra.Con el estreno de La Orestiada, de Esquilo, el Teatro Libre
inicia esta semana un año que estará dedicado a festejar como se debe el primer cuarto de siglo al servicio
del arte escénico, algo que muy pocos grupos teatrales colombianos han podido contar.
'La Orestiada' La Orestiada es una de las pocas obras completas que se conservan de Esquilo, el gran
maestro griego que, según la historia, alcanzó a escribir más de 90 tragedias. Ricardo Camacho, director del
montaje, cuenta con la participación de 21 actores, una compleja escenografía y más de 80 posibilidades de
vestuario que conforman cuatro horas de producción divididas en tres partes: Agamenón, Las Coéforas y
Las Euménides, cada una con duración aproximada de una hora y 20 minutos.Esta obra fue escrita en el
año 458 antes de Cristo, luego de la participación de Esquilo en la guerra que enfrentó a griegos y persas.
El nacionalismo del autor y su exaltación por la victoria en el campo de batalla originó esta tragedia que,
según los expertos, es la representación del nacimiento de la democracia. Para ello Esquilo creó el
Areópago, un organismo que regulaba y controlaba por primera vez la igualdad y la libertad de los griegos
para complementar el naciente régimen político. La adaptación de la obra de su versión original fue llevada a
cabo por Jorge Plata, quien se propuso desmenuzar las versiones conocidas sobre la tragedia,
generalmente entendidas sólo por expertos en literatura griega, para ponerla al alcance de todo tipo de
público. Los personajes centrales estarán interpretados por Hernán Pico (vigía), Laura García (Clitemnestra),
Ricardo de los Ríos (mensajero), Germán Jaramillo (Agamenón), Yamyle Lanchas (Casandra) y Christian
Ballesteros (Egisto). La obra se presentará desde este 3 de febrero hasta el 9 de junio en el Teatro Libre de
Chapinero.

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