Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/07/19 00:00

Bolívar: entre el poder y la gloria

El ilustre hispanista inglés John Lynch escribe una de las mejores biografías de Simón Bolívar, objetiva y compleja, en un momento en que su figura retoma de nuevo importancia.

Bolívar: entre el poder y la gloria

John Lynch

Simón Bolívar

Crítica, 2006

478 páginas

En Colombia Simón Bolívar ha inspirado por igual a los conservadores, a los guerrilleros del M-19, a escritores monárquicos como Álvaro Mutis que exacerban el bolivarismo a expensas del santanderismo. En Venezuela, el caudillo Páez, su enemigo y artífice de su destierro, inició una larga tradición de culto al Libertador, retomada en el siglo XIX por el dictador Antonio Guzmán Blanco en beneficio propio y continuada en el siglo XX por los tiranos Juan Vicente Gómez y Pérez Jiménez. Y ahora, el inefable Chávez ha querido convertirlo en el precursor de su "socialismo del siglo XXI", en un revolucionario pese a que el propio Carlos Marx, en una carta a Engels, expresó sus dudas frente a Bolívar y lo comparó con Soulouque, el haitiano que sembró el terror en su país.

¿Puede alguien ser reivindicado al tiempo por derechistas e izquierdistas? ¿Por grupos tan disímiles como los falangistas españoles y los izquierdistas latinoamericanos? ¿Será que el cesarismo hermana derechistas e izquierdistas? Es probable, pero también es cierto que la figura y el pensamiento de Bolívar son en sí mismos complejos y contradictorios. Bolívar es sin duda un mito, y en los mitos cabe todo, incluida, por supuesto, la tergiversación.

Frente a una figura tan controvertida, nada mejor que una biografía desapasionada. Y esta de John Lynch, célebre hispanista de la universidad de Londres, es garantía de objetividad, de rigor en las fuentes; lo que no puede sustentar no tiene cabida en su libro. Para juzgar las revoluciones y sus actores -decía Bolívar-, es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos. Y esa es precisamente la actitud del ilustre profesor.

Algunas pruebas de que John Lynch no cae en el endiosamiento: no queda muy bien librado el Libertador en su relación con Francisco Miranda, el precursor de la independencia. Lo traicionó y lo entregó de manera indigna y luego no tuvo la mínima compasión con su triste encarcelamiento en España. No dijo nada ante la masacre despiadada por parte de su tropa de unos misioneros capuchinos -neutrales- del sur de Venezuela. A los rebeldes traidores no les dio el mismo tratamiento. Al "pardo" -mestizo- líder llanero Boves no le perdonó la vida, mientras sí lo hizo con el "blanco" Santander.

Era humano, desde luego. Aunque el señalamiento de los errores no ensombrece la imagen de un ser extraordinario. Su claridad y su convicción en la independencia, su liderazgo innato, su genio militar y su capacidad para levantarse ante las adversidades y las derrotas, que fueron muchas. Fue un hombre carnal y apasionado, amante del baile, y en su hamaca no escasearon las mujeres. Y fue un intelectual lúcido que pensó como nadie en la identidad y el destino de nuestros países, muy distintos a Estados Unidos y los países europeos. De ahí su obsesión por inventar una institucionalidad propia. En lo cual fracasó honrosamente. Bolívar fue el artífice de la revolución libertadora, pero no alcanzó a ser el arquitecto del mundo poscolonial. Un gran visionario, un regular político y administrador. Su asunto fue la gloria, no el poder.

Pese a su apuesta por la libertad y la igualdad, la independencia la ganaron las elites, los criollos blancos, los terratenientes, los caudillos de pequeños feudos. Y la perdieron los "pardos" y los indios que tuvieron mejores condiciones con los españoles. Bolívar lo entendió y luchó contra ellos. Trató de construir una nación fuerte, por encima de los pequeños y mezquinos intereses. Sin embargo, su propuesta resultó ser un desatinado régimen absolutista y antiliberal. No fue un revolucionario social -le temía a una "pardocracia"-, apenas un reformista equivocado. Y eso sí: nunca un sátrapa a pesar de sus tendencias autoritarias. Desprendido del dinero y la mezquindad, supo irse cuando ya no lo querían. Ya quisiera uno ver lo mismo en los tiranuelos que dicen imitarlo.

Una excelente biografía, muy bien escrita que, además de un Bolívar no deificado, nos ofrece un preciso contexto económico y político de su época.
 

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